Virgen de Montserrat
Historia
La desconocida huella que dejó en América la Virgen de Montserrat, a la que hoy visitará León XIV
En 1614, los primeros monjes procedentes de Cataluña, liderados por Fray Bernardino Arguedas, Fray Diego Sánchez y Fray Juan Victoria, adquirieron formalmente los terrenos y la infraestructura a los frailes agustinos
Fundada en 1025 por el abad Oliba, la Abadía de Montserrat se convirtió en un gran centro espiritual y cultural. Destruida durante la Guerra de la Independencia, resurgió en el siglo XIX. Hoy sigue activa, custodiando a la Moreneta y su histórica escolanía, siendo un símbolo clave de Cataluña. La importancia de esta abadía consolidó su presencia en el Nuevo Mundo a través de dos prioratos.
Uno es el Priorato de Nuestra Señora de Montserrate en la Ciudad de México. Hacia 1580, dos conquistadores y terratenientes adinerados, Diego Sánchez y Fernando Moreno, mandaron traer de Cataluña una réplica exacta de la Virgen de Montserrat. Motivados por la fe, cedieron sus riquezas y fundaron una cofradía, una pequeña ermita y un hospital para asistir a las víctimas de las epidemias de peste.
En 1614, los primeros monjes procedentes de Cataluña, liderados por Fray Bernardino Arguedas, Fray Diego Sánchez y Fray Juan Victoria, adquirieron formalmente los terrenos y la infraestructura a los frailes agustinos, quienes los custodiaban temporalmente. El recinto funcionó como un priorato dependiente de la abadía central en España. Raramente residían allí más de cinco monjes de forma simultánea. Establecieron un prestigioso colegio donde impartían canto, música y religión. También operaban una botica comunitaria para fabricar medicinas destinadas a personas sin recursos.
Los monjes se dedicaron a cultivar la tierra y a copiar e investigar manuscritos antiguos sobre la historia de América, logrando consolidar una importante biblioteca. La colección de libros y gran parte de su patrimonio pictórico se perdió o dispersó en 1861 debido a las Leyes de Reforma. El edificio sobrevivió con drásticas modificaciones arquitectónicas a lo largo de los siglos. En el siglo XX fue declarado monumento colonial.
El templo original poseía una sola nave alta techada con bóveda de cañón. Su fachada destacaba por un labrado en piedra tezontle, roca volcánica roja, y cantera gris, típico del centro histórico de la Ciudad e México. En el siglo XX, la ampliación de la avenida Izazaga demolió tramos enteros del conjunto. Se conservaron únicamente la nave del templo y un pequeño patio claustral de arquerías de medio punto, que hoy exhibe carretas y arreos dentro del Museo de la Chatarrería.
Como hemos dicho los monjes benedictinos reunieron una valiosa colección de manuscritos antiguos e historias pictográficas indígenas que funcionaba como un centro de investigación colonial. Al decretarse las Leyes de Reforma y la exclaustración forzada, las pinturas barrocas de autores novohispanos, presumiblemente de las escuelas de Juárez o Cabrera, fueron confiscadas. Gran parte de los libros pasaron a la Biblioteca Nacional, mientras que los lienzos religiosos de los retablos se dispersaron en colecciones particulares o se perdieron debido al descuido institucional del siglo XIX.
En Lima
El otro es el Priorato de Nuestra Señora de Montserrat en Lima. Este priorato, en la capital del Virreinato de Perú, dio origen a uno de los barrios históricos de la ciudad. En 1599, dos monjes benedictinos llegaron a la Ciudad de los Reyes, en Lima, con el objetivo inicial de pedir limosnas y recolectar fondos para el santuario de Cataluña.
Ante la acogida local, decidieron asentarse y fundaron un pequeño hospicio y conventillo en unos terrenos que pertenecían a la huerta de una vecina llamada María de Loaysa. Al frente estaba Dom Pedro Sancho Olibes. Esta fundación se llevó a cabo con el apoyo directo y la gestión de Santo Toribio de Mogrovejo, en el marco de la expansión de la Orden Benedictina en América. Poco después, un acaudalado comerciante del virreinato, Antonio Pérez de la Canal, financió la construcción formal de una iglesia dedicada a la Virgen de Montserrat.
Aunque la presencia física de los monjes disminuyó con los años, la parroquia y el pequeño priorato marcaron la identidad de la zona oeste del centro de Lima. El sector creció alrededor de la iglesia, dando paso a la creación de la Plazuela de Monserrate y bautizando oficialmente al Barrio de Montserrate, famoso siglos después por ser una de las cunas de la música criolla peruana y patrimonio de la humanidad.
Una de las mayores particularidades de la Parroquia de Montserrat en Lima es su atrio delantero hundido, diseñado para salvar el desnivel topográfico y como espacio de transición pública. Cuenta con una planta rectangular de una sola nave. El techo está resuelto mediante una bóveda de cañón con lunetos y una imponente cúpula sobre pechinas en el crucero.
Para soportar los terremotos, como el que obligó a reconstruirla en el siglo XVIII, los gruesos muros exteriores combinan piedra con adobe y quincha, un entramado de caña y barro flexible muy ligero. La fachada actual muestra una portada flanqueada por dos torres neoclásicas bajas.
Aunque los altares laterales mudaron hacia el neoclásico, el templo conserva en su interior un valioso mobiliario de madera tallada. Destaca su púlpito virreinal de madera oscura, decorado con relieves de santos y motivos geométricos barrocos. A diferencia de México, el templo de Lima retuvo mayor estabilidad como parroquia de barrio tras la independencia. Su interior alberga lienzos de la escuela limeña del siglo XVII y XVIII que retratan milagros, advocaciones marianas y series de santos benedictinos, enmarcados en molduras doradas de estilo barroco andino.
La influencia de la Abadía de Montserrat, en el continente americano, no solo se limitó a las que acabamos de comentar ni a las colonias españolas. Durante la Unión Ibérica (1580–1640), los reinos de España y Portugal compartieron los mismos monarcas. Esto facilitó el intercambio cultural y religioso entre las órdenes monásticas de ambos imperios. Monjes del monasterio catalán mantuvieron estrechos lazos con los monasterios benedictinos portugueses como el de Coímbra o el de Oporto. A través de la Congregación Benedictina de Portugal, las devociones e instrucciones monásticas inspiradas en Montserrat cruzaron el Atlántico hacia los territorios coloniales del Brasil, influyendo en las tempranas fundaciones de Salvador de Bahía y Río de Janeiro.