Detalle de la Gioconda, de Leonardo da Vinci, también conocida como la Mona Lisa
El delirio nacionalista
Pseudohistoriadores concluyen que Da Vinci era catalán y pintó en la Mona Lisa el paisaje de Montserrat
La pseudohistoria del INH se basa en la intuición, la manipulación de imágenes y la teoría de la conspiración
El Institut Nova Història (INH) se ha dedicado, desde su fundación, a una supuesta recuperación histórica completamente ficticia. Un ejemplo son dos artículos titulados L'escut d'armes d'en Lleonard i les armes reials catalanes («El escudo de armas de Leonardo y las armas reales catalanas») y Lleonard i la casa Reial catalana d'Itàlia («Leonardo y la casa Real catalana de Italia»).
En ellos se intenta demostrar que Leonardo da Vinci no era el hijo ilegítimo de un notario, sino un miembro de la nobleza catalana vinculado a la casa real de Aragón en Nápoles. Al analizar estos textos bajo la lupa del método científico, la estructura de la mentira se desmorona, dejando al descubierto un ejercicio de voluntarismo ideológico disfrazado de investigación.
El primer artículo centra su argumento en la interpretación de los escudos de armas. El INH sostiene que ciertos emblemas asociados a Leonardo da Vinci contienen las cuatro barras catalanas, el Señal Real de Aragón o Señal del Rey de Aragón. La apofenia, o la tendencia a percibir patrones o conexiones en datos aleatorios o no relacionados, es una de las tácticas favoritas de la pseudohistoria.
En la heráldica del siglo XV y XVI, las combinaciones de barras verticales eran extremadamente comunes en toda Europa y no implicaban necesariamente una filiación con la Casa de Barcelona. El INH ignora deliberadamente el contexto heráldico italiano, donde familias como los escudos de los Médici o de diversas ramas de la nobleza lombarda utilizaban particiones que podrían parecer catalanas. Para el INH, no existe la coincidencia ni la evolución paralela. Si hay una raya vertical, es porque su origen es catalán.
El segundo artículo profundiza en la tesis de que Leonardo pertenecía a la Casa Real catalana de Italia, refiriéndose al dominio de la Corona de Aragón sobre Nápoles y Sicilia. El argumento se desplaza de lo visual a lo conspiranoico. Se afirma que hubo una censura sistemática por parte de Castilla para borrar cualquier rastro del origen catalán de los grandes genios de la humanidad.
Esta premisa es fundamental para sostener su mentira. Si no hay pruebas de que Leonardo era catalán, dicen, es porque fueron destruidas. Es un razonamiento falaz. Según esta lógica, la ausencia de evidencia se convierte en la evidencia misma de una conspiración.
Una vida muy documentada
La vida de Leonardo da Vinci es una de las mejor documentadas del Renacimiento. Conservamos sus cuadernos personales, contratos de aprendizaje en el taller de Verrocchio, registros notariales de su nacimiento en 1452 y testimonios contemporáneos de sus discípulos y mecenas. Pretender que toda esta documentación, repartida por archivos de Florencia, Milán, Roma y Francia, fue falsificada de manera coordinada durante siglos para perjudicar a Cataluña es, sencillamente, un delirio más del Institut Nova Història.
El INH utiliza lo que podríamos llamar geografía imaginaria. En sus textos, argumentan que los paisajes de cuadros como La Gioconda o La Virgen de las Rocas no representan el valle del Arno o los Alpes Lombardos, sino las formaciones rocosas de Montserrat. Este análisis ignora que la pintura renacentista utilizaba paisajes idealizados o paesaggio di fantasia, que mezclaban elementos reales con convenciones artísticas de la época.
Afirmar que tres picos en el fondo de un cuadro demuestran que Leonardo nació en Cataluña es ignorar toda la tradición pictórica del sfumato y la perspectiva atmosférica que el propio Leonardo desarrolló en Italia.
El paisaje tras la Gioconda
¿Por qué estas mentiras tienen éxito? Estas teorías en ciertos sectores no radica en su veracidad, sino en su función emocional. La pseudohistoria ofrece un relato de gloria perdida y persecución externa que encaja perfectamente en marcos políticos de victimismo nacionalista. Al convertir a Leonardo, Colón, Cervantes o Shakespeare en catalanes, el INH no está haciendo historia; está haciendo propaganda de autoestima.
El problema es que este camino desacredita a la verdadera historiografía catalana, que es rica, rigurosa y prestigiosa. Cuando instituciones o medios de comunicación dan voz a estas investigaciones sin contrastarlas, proyectan una imagen de falta de rigor que afecta a la credibilidad de todo un país. Como bien han señalado historiadores como Vicent Baydal o Àngel Casals en el libro Pseudohistòria contra Catalunya, estas teorías son el terraplanismo de la historia.
Terraplanismo histórico
El artículo sobre la casa real catalana en Italia intenta apropiarse del Renacimiento napolitano como un producto puramente catalán. Si bien es cierto que la dinastía de Aragón reinó en Nápoles, el intercambio cultural fue bidireccional y complejo. Leonardo trabajó para Ludovico Sforza en Milán y para los Borgia que, a pesar de su origen valenciano plenamente integrados en la política italiana. Intentar reducir la compleja red de mecenazgo y talento del siglo XV a una cuestión de sangre catalana oculta es una simplificación grosera que insulta la inteligencia del lector y el legado del propio artista.
La pseudohistoria del INH se basa en la intuición, la manipulación de imágenes y la teoría de la conspiración. Leonardo da Vinci no necesita ser catalán para ser universal. Su genio pertenece a la humanidad, y su origen en la Toscana está tan bien probado como la redondez de la Tierra. Los artículos del INH sobre sus armas reales no es más que un ejercicio de heráldica ficción.
Seguir alimentando estas mentiras bajo el pretexto de cuestionar la versión oficial no es un acto de libertad intelectual, sino una condena al ridículo histórico. La verdadera historia de Cataluña es lo suficientemente brillante como para no necesitar robarle el lugar de nacimiento a Leonardo da Vinci ni a ninguno de todos los demás que, para ellos, nacieron en Cataluña y la envidia, como afirman, hizo que se tergiversara la verdad.