Fotograma de la serie 'El Cid', protagonizada por Jaime Llorente
Historia
El conde fratricida de Barcelona humillado por el Cid Campeador dos veces en el campo de batalla
La relación entre Rodrigo Díaz de Vivar y Cataluña pasa por el choque de ejércitos
Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, es uno de los personajes míticos de la historia de España, y tuvo una relación turbulenta con Cataluña, debido a su enfrentamiento con los condes de Barcelona, los gemelos Ramón Berenguer II y Berenguer Ramón II.
Si analizamos las relaciones entre Díaz de Vivar y la casa condal de Barcelona, entre los años 1081 y 1098, debemos examinar las dinámicas de la frontera superior de Al-Ándalus y la dependencia de las taifas respecto a los poderes cristianos mediante el sistema de parias. El conflicto surgió por poseer la competencia directa del protectorado financiero y militar de las taifas de Zaragoza, Lérida, Tortosa y Valencia.
En 1081, tras sufrir su primer destierro por orden de Alfonso VI de León y Castilla, Rodrigo Díaz de Vivar se desplazó hacia el noreste peninsular. Su primera opción política fue ofrecer sus servicios a los hermanos Ramón Berenguer II y Berenguer Ramón II, quienes ejercían una corregencia en el Condado de Barcelona desde la muerte de su padre en 1076. Recordemos que el Cid era un soldado profesional que prestaba sus servicios a cambio de una paga y por eso se ofreció a estos.
Rechazaron al Cid
Los condes rechazaron la incorporación de la hueste del castellano. El motivo era la reticencia por integrar una fuerza militar autónoma que desestabilizara el equilibrio interno de la corte barcelonesa, debilitada por la bicefalia de los dos condes. Ante la negativa, El Cid se puso al servicio de Yúsuf al-Mutaman, soberano de la taifa de Zaragoza. Los condes de Barcelona eran valedores y preceptores de la taifa de Lérida gobernada por al-Mundir, hermano y rival del zaragozano.
El choque de intereses económicos e institucionales derivó de inmediato en confrontación armada. En el año 1082, durante una campaña para consolidar las posiciones defensivas de Zaragoza en la frontera del bajo Cinca, las fuerzas de Díaz de Vivar interceptaron al ejército coaligado de Lérida y Barcelona. En el enfrentamiento, cerca del castillo de Tamarit, la tropas del Cid neutralizaron las fuerzas condales capturando a Berenguer Ramón II. Este cautiverio, resuelto mediante el pago de un rescate financiero, debilitó el prestigio político del conde.
A finales de ese año fue asesinado Ramón Berenguer II. Asumió el poder su hermano, aunque se sospechaba que fue él el autor de un crimen fratricida. Esto dividió la corte catalana y limitó la capacidad de proyección exterior del condado durante los años siguientes. La reactivación del conflicto a gran escala se produjo a finales de la década, motivada por el vacío de poder en la Taifa de Valencia tras la intervención almorávide en el sur peninsular.
Representación Cid Campeador
Díaz de Vivar había establecido un protectorado riguroso sobre Valencia, exigiendo el pago de tributos tanto al rey Yahya al-Qadir como a las localidades adyacentes. Berenguer Ramón II, en un intento de restaurar la hegemonía de Barcelona sobre el área del Levante y asegurar las rentas de Lérida y Tortosa, formó una amplia coalición militar que incluía al emir alfajor de Lérida, condes locales del Languedoc y elementos de la nobleza catalana.
Este ejército de coalición marchó hacia el sur, confluyendo con las fuerzas de Díaz de Vivar en el año 1090 en el área montañosa de Tévar, al norte de la actual provincia de Castellón. La documentación histórica constata que a pesar de la ventaja posicional inicial del ejército condal, la táctica de emboscada y la cohesión de la hueste del Cid desarticuló las líneas de infantería y caballería catalanas. El resultado supuso un colapso logístico para Barcelona. Perdió todo el bagaje militar y la captura, por segunda vez, del conde Berenguer Ramón II junto a gran parte de la nobleza.
Acuerdo de paz
Después de la batalla se reconfiguró el mapa político del cuadrante nororiental. La derrota forzó a Berenguer Ramón II a aceptar la superioridad táctica de su oponente y a redefinir el marco de relaciones diplomáticas. El acuerdo de paz implicó el reconocimiento del protectorado del Cid sobre el Levante y el establecimiento de un condominio o reparto pactado de las parias derivadas de las taifas periféricas como Lérida y Tortosa, aliviando la presión militar sobre las fronteras de Tarragona.
En el 1097 Berenguer Ramón II abandonó el condado para unirse a la Primera Cruzada, desapareciendo en Tierra Santa, tras ser derrotado en un duelo judicial, el cual demostró su culpabilidad en el asesinato de su hermano gemelo. El poder del condado recayó en su sobrino Ramón Berenguer III.
El nuevo conde, necesitado de estabilizar los flancos de sus dominios frente a la creciente amenaza almorávide, formalizó una alianza estratégica con Díaz de Vivar, quien ya actuaba como señor soberano de Valencia desde la conquista de la ciudad en 1094. Este tratado de mutua defensa se ratificó mediante una política matrimonial común. Esto es, el enlace nupcial de Ramón Berenguer III con María Rodríguez, hija de Díaz de Vivar. El matrimonio integró el patrimonio y las alianzas de ambas casas e institucionalizó la paz en la frontera del Ebro.
Delirios nacionalistas
A todo esto hay que añadir un elemento más, ya que un personaje tan jugoso como Díaz de Vivar no iba a quedar fuera de las conjeturas del Institut Nova Història (INH), el centro de pseudohistoria nacionalista que ha pretendido ‘catalanizar’ a varios de los personajes más famosos de la historia europea, como Cristóbal Colón o incluso Isabel la Católica.
El INH sostiene que Rodrigo Díaz de Vivar nunca existió como un único individuo castellano. La teoría es que el nombre de «Cid» era un título o cargo asociado a un linaje noble catalán. Este linaje comenzó con los condes de Urgel y continuó con los Cabrera de Gerona. La Corona de Castilla habría camuflado los nombres de múltiples nobles catalanes para españolizar sus hazañas y apropiarse de la historia.
Según esta teoría, «Cid» sería una deformación de la palabra catalana «Sit» vinculada a los señores de Urgel, lo cual es falso. Además sostienen que el Cantar de mio Cid no tiene raíces castellanas, sino que es una traducción de un texto original anterior que habría sido borrado de los registros históricos por la censura castellana.