El presidente de Junts, Carles Puigdemont, desde Perpiñán

El presidente de Junts, Carles Puigdemont, desde PerpiñánEuropa Press

El independentismo afirma que el TJUE les avala para «volverlo a hacer»

El regreso de Puigdemont en unos meses abre la incógnita sobre su futuro político

Boye, Junqueras, Illa, Nogueras, Bolaños, Puente, Forcadell, Rufián, Turull, da igual que el político que haya tomado la palabra o subido un tweet sea socialista, de ERC o de Junts. En esta ocasión, el argumentario valía para todos. Según ellos, la sentencia del TJUE no deja margen de dudas y la justicia española es facha y prevarica. El matiz, que es solo aparente porque en realidad tiene enjundia, llega cuando unos y otros alegan los motivos de la supuesta prevaricación judicial.

Los socialistas afirman que los jueces son de derechas y les quieren fuera del poder, es algo así como el inmaduro «el profe me tiene manía» que todos hemos usado en nuestra infancia al llegar a casa con suspensos para no asumir nuestra culpa. Por su parte, los socios independentistas de Sánchez cargan contra España, se rearman para volver a la carga y, tristemente, lo hacen con el apoyo socialista.

El ataque combinado de socialistas e independentistas a la justicia tiene objetivos distintos. El sanchismo pretende desprestigiar a la justicia para que sus delitos queden impunes y sobre todo para mantenerse en el poder. El separatismo quiere a Sánchez en la Moncloa para que su próximo Proces tenga la colaboración del PSOE. De las dudas de Rajoy al colaboracionismo activo de Sánchez y con el código penal más favorable. El independentismo está de enhorabuena, el punto de partida de la próxima intentona golpista será desde una perspectiva mucho más favorable.

El TJUE no evaluaba si Puigdemont puede volver o si cometió un delito o no. La sentencia ni siquiera era una demanda presentada por los delincuentes condenados por graves delitos en el Tribunal Supremo o por los prófugos de la justicia, sino unas consultas del Tribunal de Cuentas y de la Audiencia Nacional, pero eso da igual, para los socialistas y los separatistas, el TJUE ha dictaminado que lo de septiembre y octubre de 2017 era legal y legítimo… así que ya pueden volver a la carga.

Puigdemont no volverá a Gerona mañana como ha pedido Junqueras, aunque no se puedan ni ver, ni como ha exigido Illa, aunque esté muy cómodo sin él en el parlamento, pero en otoño primero el TC y luego el TS verán los recursos y fallarán y es posible que en Navidad Puigdemont sí esté de vuelta. Es ahí donde se abrirán todas las incógnitas y, tras la breve bienvenida, llegarán las puñaladas entre aquellos que hasta un minuto antes tenían intereses comunes.

Junts vive una profunda crisis, si el CIS fuera cierto, que no lo es, en las próximas generales obtendrían dos escaños. El barómetro del Ayuntamiento de Barcelona los sitúa por detrás de Aliança Catalana y parejo a PP y VOX, y en el parlamento catalán la última encuesta de la Generalitat les augura la pérdida de la mitad de sus escaños. Los votantes de Junts parecen poco interesados en los avatares personales de Puigdemont y más atraídos por las propuestas que en materia de inmigración les realiza Silvia Orriols, quien afirma que el truco de su éxito es «decir en el Parlament lo que los votantes de Junts dicen en casa».

Puigdemont es diputado electo en el parlamento regional, de hecho, su estrambótica visita a España, con llegada y fuga incluida, supuestamente era para tomar posición de su escaño, cosa que finalmente no hizo. Aquel viaje, más propio de una función de David Copperfield de pacotilla, con escenario con cortinilla incluida, que de un acto político serio, ya fue un bofetón de realidad para Puigdemont, que esperaba a decenas de miles de personas aclamándole en todas partes y se encontró con un poco numeroso grupo de fieles cerca del parlamento. Sus seguidores fueron una vez más engañados por el prófugo expresidente. En 2017 les prometió la independencia y los dejó tirados y en 2024 les prometió que tomaría posesión del escaño y usó la confusión del tumulto por irse a la francesa.

En Junts nadie sabe si a su vuelta tomará finalmente los mandos de su partido, encabezará la oposición y se enfrentará a Illa y a Orriols en unas elecciones o dejará paso a otros. En Junts nadie se atreve a abrir la boca y esperan a que su líder a distancia hable sobre su futuro, pero en petit comité muchos reconocen que su tiempo ya pasó y que es preciso cambiar de liderazgos y de discurso si no se quiere desaparecer engullidos por Aliança Catalana.

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