En los últimos díasm han aparecido carteles que «rebautizan» a la plaza Urquinaona
Cataluña
Junts pugna por quitar el nombre de un obispo a una plaza de Barcelona y cambiarlo por el de un pedagogo masón
En los últimos años, el consistorio ha dado numerosos pasos para eliminar del nomenclátor referencias a la corona o religiosas
El debate sobre nomenclátor de Barcelona ha vuelto a ganar intensidad en los últimos días a raíz de varias iniciativas que buscan sustituir nombres de espacios emblemáticos vinculados a la monarquía o a la tradición católica. Se trata, por un lado, de la restitución del nombre de Salvat-Papasseit en la actual plaza del Virrei Amat, en Nou Barris, y por otro, de la propuesta para cambiar el nombre de la plaza Urquinaona por el de Francesc Ferrer i Guàrdia.
En el caso de Nou Barris, el debate ha regresado al primer plano pese a los intentos del gobierno municipal de Jaume Collboni de esquivar la cuestión. Entidades vecinales, culturales y partidos políticos han reactivado la reclamación para que la plaza recupere el nombre de Joan Salvat-Papasseit, poeta barcelonés de principios del siglo XX, en sustitución del virrey Amat, una figura asociada al poder monárquico borbónico, según destacan los impulsores de la iniciativa
Hace solo unos días, representantes vecinales y diversas entidades entregaron en el Ayuntamiento más de 800 firmas, recogidas «en tiempo récord», según ha destacado la portavoz de Junts en Nou Barris, Lorena Checa. «La restitución del nombre vuelve al debate gracias al empuje de los vecinos», ha afirmado Checa, que ha subrayado el carácter popular de la iniciativa. A la campaña se ha sumado también Òmnium Cultural.
Salvat-Papasseit (1894-1924) fue uno de los poetas más destacados de la vanguardia catalana. Su obra está estrechamente ligada a Barcelona, al mundo obrero y a una visión rupturista de la cultura y la lengua catalanas. Para los impulsores del cambio, su figura representa valores culturales y cívicos que consideran más acordes con la identidad actual de la ciudad que una referencia al antiguo poder virreinal.
Un debate similar se plantea en el centro de Barcelona, donde ha resurgido la propuesta de sustituir el nombre de plaza Urquinaona por el de Francesc Ferrer i Guàrdia, pedagogo y pensador anarquista. Ferrer i Guàrdia (1859-1909), masón, fue fundador de la Escuela Moderna, un proyecto educativo laico, racionalista y profundamente crítico con el papel de la Iglesia en la enseñanza. Su ejecución tras la Semana Trágica lo convirtió en una figura internacional del librepensamiento y el anticlericalismo.
Los promotores de esta iniciativa, que no está tan avanzada como la anterior, consideran que el nombre de Ferrer i Guàrdia permitiría visibilizar una tradición pedagógica y política vinculada a la Barcelona más combativa y progresista, frente a una denominación, la de Urquinaona (que fue obispo), de origen histórico-militar y ligada también al pasado institucional del Estado. Lo cierto es que, en los últimos días, unos carteles pegados al nombre original han «rebautizado» la Plaza Urquinaona por F. Ferrer i Guàrdia.
En cualquier caso, este tipo de procesos deben seguir los cauces normales para el cambio de nomenclátor: impulso ciudadano, recogida de apoyos, informes técnicos y debate político en el seno del Ayuntamiento. Aunque el gobierno municipal evita por ahora posicionarse de forma clara, las iniciativas vuelven a poner sobre la mesa una cuestión recurrente: hasta qué punto Barcelona quiere revisar su espacio público para eliminar referencias a la monarquía y al catolicismo y sustituirlas por figuras vinculadas al pensamiento crítico, la cultura y la identidad catalana.
Precedentes
Aunque hay que tener en cuenta que este debate no es ni mucho menos nuevo. El Ayuntamiento de Barcelona aprobó que los Jardines de Mossèn Cinto Verdaguer, que se encuentran en el distrito de Sants-Montjuïc, perdieran el «Mossèn» y se quedaran como Jacint Verdaguer. La propuesta salió adelante gracias al apoyo del PSC; Barcelona en Comú, Junts y ERC. Y no hay que perder de vista que Verdaguer, además de ser uno de los escritores más destacados en lengua catalán, era también religioso.
También causó mucha indignación, incluso entre los propios vecinos de Barcelona, que se decidiera cambiar el nombre de las calles de Santa Magdalena, San Rafael, Santa Ágata y Santa Rosa, que también perdieron el «San» o «Santa». Nombres que mantenían estas vías desde hace unos 150 años, en algunos casos más, desde 1830.
Y el consistorio barcelonés, en los últimos años, también ha tenido como objetivo eliminar cualquier referencia a la monarquía o a los Borbones del nomenclátor de la ciudad. Así, por ejemplo, la plaza Juan Carlos I se llama ahora de Cinc d’Oros; la Avenida de Borbó es la dels Quinze, o la Avenida del Príncipe de Asturias se llama Riera de Cassoles. A esto hay que añadir que el Salón de Plenos de la Reina Regente pasó a llamarse Saló Pi i Sunyer.