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Barcelona, atrapada en el boom de los supermercados 24 horas

La ciudad ha sumado 643 locales en seis años y comerciantes, vecinos y expertos alertan del impacto sobre la convivencia, el comercio tradicional y el modelo urbano

Barcelona no duerme: la explosión de los supermercados 24 horas transforma el paisaje comercial de la ciudad. En apenas seis años, Barcelona ha visto abrir 643 supermercados 24 horas. Solo en el segundo semestre del año pasado levantaron la persiana 92 nuevos locales: más de tres aperturas por semana.

El fenómeno ya no es anecdótico ni se limita a zonas turísticas concretas. Se ha convertido en parte del paisaje urbano de la ciudad y especialmente del Eixample, donde algunos vecinos ironizan con que «hay uno en cada esquina».

La imagen se repite en calles de alto valor comercial: escaparates iluminados toda la noche, neveras repletas de refrescos y cerveza, estanterías con snacks, agua, maletas, souvenirs o camisetas de Barcelona. Negocios abiertos las 24 horas del día y dirigidos, sobre todo, a un cliente muy concreto: el turista.

«Ya no son supermercados de conveniencia tradicionales», explica Elvira García, directora general de Barcelona Oberta. «Son locales que se implantan de forma masiva en determinadas zonas y que terminan transformando el entorno comercial». La entidad, que agrupa ejes comerciales de la ciudad, alerta desde hace tiempo sobre el impacto de este modelo en calles emblemáticas como Rambla Cataluña, Gran Via o el entorno de Plaza Cataluña.

El crecimiento ha sido tan rápido que el Ayuntamiento ha empezado a endurecer el control. Desde mayo de 2024 se han abierto centenares de expedientes sancionadores y de restitución por incumplimientos relacionados con licencias, horarios o actividades no autorizadas. Además, el consistorio ya ha aprobado restricciones para impedir nuevas aperturas a menos de 200 metros de otro establecimiento similar y prepara nuevas regulaciones en zonas consideradas saturadas. Pero la discusión va mucho más allá de las licencias.

El negocio de vender a cualquier hora

A simple vista, cuesta entender cómo estos locales pueden asumir alquileres desorbitados en algunas de las calles más caras de Barcelona. La respuesta está en el modelo de negocio.

«Ellos trabajan con márgenes mucho más elevados que un supermercado convencional», explica Clara Matías, consultora especializada en retail de Laborde Marcet. «Su cliente principal es el turista, que tiene menos sensibilidad al precio. Pagan más por comodidad y por disponibilidad», precisa.

En algunas ubicaciones prime de Rambla Cataluña o calles adyacentes, las rentas pueden oscilar entre los 20.000 y los 30.000 euros mensuales. Cifras que, según los expertos inmobiliarios, solo se sostienen gracias a una rotación constante y a tickets medios muy superiores a los de la gran distribución.

Porque estos establecimientos no venden volumen: venden inmediatez. Una botella pequeña de agua, una lata fría de cerveza a las dos de la madrugada o una maleta de última hora pueden multiplicar el precio habitual de mercado. Y funcionan especialmente bien en una ciudad con millones de visitantes al año. El problema, según comerciantes y urbanistas, es el efecto colateral que generan sobre determinadas calles.

«Cambian el tipo de ciudad»

Barcelona Oberta sostiene que la proliferación de estos locales está modificando la identidad comercial de algunos ejes históricos. «Si cambias la oferta, acabas cambiando también el tipo de visitante», advierte García. «Hay calles que están perdiendo atractivo comercial porque dejan de ser espacios pensados para pasear, comprar o disfrutar del comercio tradicional».

La preocupación no se centra únicamente en el comercio de proximidad. También afecta a grandes marcas instaladas en zonas premium. «No es lo mismo el tramo de Rambla Cataluña junto a Diagonal que el que toca Plaza Catalunya», señala. «Hay una degradación evidente hacia la parte baja».

Esa transformación preocupa especialmente en áreas donde coinciden alta presión turística, locales abiertos toda la noche y problemas de convivencia. Algunos vecinos denuncian ruido constante, consumo de alcohol en la calle y una sensación de actividad permanente que altera la vida cotidiana del barrio. «Nadie quiere un local abierto las 24 horas debajo de casa», resume García, que prosigue: «Barcelona no estaba acostumbrada a esto».

El agujero legal de los «minisúpers»

Parte de la expansión se explica también por los vacíos normativos. Muchos de estos establecimientos mezclan alimentación con souvenirs o artículos turísticos para encajar en categorías comerciales distintas y esquivar algunas limitaciones urbanísticas.

Desde entidades comerciales denuncian además una sensación de desigualdad respecto al comercio tradicional. «A nosotros nos inspeccionan constantemente», critican desde Barcelona Oberta, que reclama más transparencia sobre las sanciones y controles realizados por el Ayuntamiento.

La percepción entre parte del sector es que la administración va por detrás del fenómeno. Mientras se tramitan expedientes o se endurecen normativas, los locales siguen multiplicándose en algunas de las calles más cotizadas de la ciudad. Y detrás hay también un mercado inversor.

Según Laborde Marcet, existen inversores interesados específicamente en este tipo de operadores, atraídos por rentabilidades elevadas y contratos en zonas con gran tránsito peatonal. Aunque también hay propietarios que empiezan a rechazar este modelo.

«Nos hemos encontrado con family offices y patrimonialistas que han preferido alquilar a marcas que aporten valor al entorno antes que maximizar la renta», explica Clara. «Han rechazado ofertas incluso superiores de supermercados 24 horas».

El debate refleja una tensión creciente en Barcelona: la pugna entre rentabilidad inmediata y modelo de ciudad.

Mientras algunas calles del Eixample viven una auténtica transformación comercial, otras intentan resistir. La peatonalización de Consell de Cent, por ejemplo, ha disparado el interés de marcas y operadores. Pero incluso allí los supermercados 24 horas intentan ganar espacio. «Todos quieren estar donde pasa la gente», resume la consultora.

Más inspecciones y control del alcohol

El problema es tal, que todos los grupos del Ayuntamiento, por unanimidad, aprobaron recientemente en comisión una propuesta impulsada por el PP para endurecer el control sobre los supermercados 24 horas y reforzar las inspecciones.

La iniciativa reclama intensificar las inspecciones periódicas para verificar el cumplimiento de la normativa sanitaria, comercial y de consumo, después de detectarse presuntas irregularidades en algunos establecimientos, como venta de productos caducados o en mal estado, suministro irregular de alcohol, posibles incumplimientos laborales y prácticas de competencia desleal.

La propuesta también pone el foco en la convivencia vecinal y pide reforzar el control sobre la venta de alcohol durante la noche para evitar problemas de incivismo y consumo en la vía pública. Además, plantea elaborar un informe anual con el número de inspecciones realizadas, sanciones impuestas y medidas adoptadas por el Ayuntamiento.

Otro de los puntos aprobados reclama aumentar la cooperación con la Guàrdia Urbana en aquellas zonas donde la concentración de este tipo de locales esté generando conflictos vecinales o problemas de ruido.

El gobierno municipal defiende que las nuevas medidas buscan proteger el modelo comercial barcelonés y preservar el equilibrio entre actividad económica y calidad de vida, especialmente en los barrios más tensionados por el turismo.

Porque el fenómeno de los supermercados 24 horas no habla únicamente de tiendas abiertas de madrugada. Habla también de turismo masivo, presión inmobiliaria, transformación del espacio público y pérdida progresiva del comercio tradicional. Y en algunas calles del centro, esa transformación ya parece irreversible.

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