Ilustración de Torpedo, por Jordi Bernet

Ilustración de Torpedo, por Jordi Bernet

Entrevista

Jordi Bernet, autor de cómic: «Bruguera nos robó quedándose con todo mientras nosotros no teníamos nada»

El veterano historietista reflexiona en El Debate sobre su legado familiar y su trayectoria profesional y artística

Referente indiscutible del cómic europeo, célebre por su dominio magistral del blanco y negro, Jordi Bernet nació en una familia de artistas, y alcanzó la consagración mundial con Torpedo 1936, serie donde redefinió el género negro mediante un realismo sucio, violento y cargado de ironía.

Su trazo, caracterizado por un dinamismo cinematográfico y un uso expresivo de las sombras, brilla también en obras como Sarvan, Kraken y Tex. Con una carrera que abarca décadas y múltiples fronteras, Bernet es admirado por su capacidad para dotar de vida y crudeza a cada viñeta, consolidándose como un auténtico maestro del noveno arte.

¿Cómo se vivía el día a día en tu casa teniendo en cuenta que tu padre y tu tío se dedicaban al mundo de ha historieta?

–Se puede decir que estaba rodeado por todas partes y que me hubiera sido muy difícil dedicarme a otra cosa. Mi padre era un dibujante muy famoso. Mi tío Juan también dibujaba. El hermano de mi madre era guionista de Bruguera. Había escrito novelas del oeste con el seudónimo de Michael Kuss. Se llamaba Miguel Cussó. Luego se dedicó al cine.

Tu padre fue el creador de la inolvidable, Doña Urraca. ¿Qué porcentaje de mala leche y cinismo de este personaje crees que terminó filtrándose en Torpedo 1936?

–Algo hay. Recuerdo que salió un artículo en El Periódico que decía «de tal Urraca, tal Torpedo». Mi padre era un gran aficionado al cine expresionista alemán y la serie negra. Doña Urraca fue un personaje de los más terribles de la época, una rara avis dentro de lo que había en Bruguera. En ellas se notaban ciertas referencias al cine negro de la época, al cine de terror. Fue el personaje más entrañable de mi padre. Y puedo decir que Torpedo fue su heredero.

Cuando murió tu padre, tú con 15 años lo sustituiste dibujando Doña Urraca. ¿Cómo fue eso?

–Mi padre murió con 39 años, con lo que se truncó una carrera, ya no por lo que había sido, sino incluso por lo que pudo ser. Yo me encontré con 15 años, con mi madre, mi hermana pequeña, que tenía 10 años, y debía hacer algo para sacar a la familia adelante, porque la editorial no nos apoyó. Nos encontramos sin nada. Tuve que espabilarme por mi cuenta y no fue fácil.

Detalle de una portada de 'Doña Urraca'

Detalle de una portada de 'Doña Urraca'

Con mi tío Juan decidimos hacer una prueba y presentársela al director de Bruguera. No sabía dibujar a Doña Urraca porque era un personaje tremendamente difícil. Había calcado dibujos de mi padre y los arreglé como pude. Parece ser que le gustó y estuve un par de años sustituyéndolo.

–¿Sólo dos años?

Si. Salí de la editorial porque mis aficiones eran el dibujo realista. Ten en cuenta que en esa época si una cosa no faltaba eran revistas y trabajo. Había infinidad de revistas y podías dedicarte a lo que querías. Te voy a contar una cosa. Los dibujos y guiones que hacía con 15 años de Doña Urraca eran horrorosos. Ahora me avergüenzo bastante de ellos.

–Si tuvieras que definir el gen Bernet, ¿dirías que es la capacidad de trabajo, el sentido del humor negro o la rebeldía ante la industria?

Un poco de todo. Aquí hay una cosa terrible que ha sido el robo que le hizo Bruguera a mi padre y a los otros dibujantes. Se quedaron con todos los originales y los derechos. Ten en cuenta que, cuando estábamos pasando apuros, veía que Bruguera seguía publicando las páginas de mi padre tan alegremente, una y otra vez, sin pagarnos ni un céntimo de derechos. Y sin devolvernos los originales.

Llevo 60 años intentando que me devuelvan los originales de mi padre y aún no lo he conseguido. Están en un almacén siniestro junto con los de los otros dibujantes de la época. Esto ha sido terrible.

¿Por eso decidiste trabajar en el extranjero?

Sí, un poco fue por esto. Decidí salir de Bruguera. Debo reconocer que la editorial me conservó el precio que cobraba mi padre por página, que era un precio de estrella porque era de los principales de la editorial. Eran 425 pesetas la página, que me iba de perlas para aguantar todo lo que se me venía encima. Bruguera, dentro de todo, era la editorial que pagaba mejor de la época. Sin embargo, decidí volar lejos.

–¿Crees que tu padre se sorprendería con tu evolución hacia el género negro y el erotismo?

Supongo que sí. A mí me hubiera gustado mucho poder trabajar con él. Abandoné Bruguera porque vi que no había demasiado futuro, porque se continuaba quedando con todo y porque no se había comportado bien con mi padre. Me metí de lleno en el dibujo realista e hice una serie con mi tío que se llamaba Poncho Yucatán, una serie de oeste.

Poco a poco conseguí trabajos en Escocia. Dibujaba para una revista que se llamaba Víctor, donde aún nos dedicábamos a matar japoneses y alemanes durante la guerra, porque tardaron mucho en reciclarse. Más adelante en Fleetway Editions. Siempre me daban lo más complicado, pero resistí y salí adelante.

¿Cómo te gustaría que se recordara la contribución global de la familia Bernet a la historia del cómic español?

Hemos sido unos tipos honestos y que hemos trabajado mucho.

El ilustrador y autor de cómics Jordi Bernet, en su estudio

El ilustrador y autor de cómics Jordi Bernet, en su estudio

–Tú recibiste un premio con Steven Spielberg y nadie publicó la noticia...

Si. Esto te da a entender en que país vivimos. Tengo un montón de premios y en escasas ocasiones ha salido en la prensa. Respecto a lo que me cometas, fue en San Diego. Me dieron el premio Inkpot. Allí se celebra un festival de cómic y cine. El de cine se lo dieron a Spielberg y el del cómic a mí. Recogí el premio con Spielberg al lado. Curiosamente aquí no hubo ningún periódico que lo mencionara.

–Si Escobar, Bernet, Cifré, Peñarroya y Conti, los cinco grandes de Bruguera, hubieran sido estadounidenses, ¿hoy en día tendrían un reconocimiento mundial?

Sí. Bruguera se benefició de un elenco muy difícil de igualar. Era de los mejores de Europa. Nosotros dibujamos para una editorial, la hacemos grande, triunfamos en las cosas que hacemos, trabajamos como negros, pero resulta que, por ejemplo, si hay un despido en una empresa tiene una indemnización, si se trata de un dibujante lo echan sin indemnización ni nada. El motivo es porque nos consideraban colaboradores y no trabajadores. Es una injusticia absoluta.

Tu dominio del blanco y negro es legendario. En un mundo donde el color digital parece obligatorio, ¿qué crees que aporta la mancha de tinta china?

–Bueno, la mancha del blanco y negro viene de dibujantes como Milton Caniff o Frank Robin. Había un dibujante legendario que yo conocí mucho más tarde de lo que debía haber conocido, que era Noel Sickles, que le enseñó manchar a Caniff. Él dibujaba en línea y Sickles le enseñó a manchar y a darle un tono cinematográfico. El cine negro estaba de moda.

A la gente le va mucho el color, pero blanco y negro tiene un dramatismo y una fuerza que creo que el color se lo quita. El color es muy bonito para historias de aventuras, de la selva, pájaros, sombras. Pero en blanco y negro le da el tono máximo al cine negro. La mancha de tinta aporta más luz que el color.

¿Conoces mejor las calles de Nueva York o las de Barcelona?

–Te diré una cosa. He recibido cartas de aficionados al cómic norteamericanos que me comentan como se notaba me había pateado las calles de Nueva York y los barrios extremos de Nueva York. La realidad es que nunca he estado en Nueva York. Los libros y las fotografías me han ayudado mucho en el momento de dibujar.

–Has dibujado a Batman y a The Spirit ¿Cuál de los dos crees que se siente más cómodo bajo tu sombra y claroscuros?

A mí el tema de los superhéroes no es que me entusiasmea. Trabajando para DC Comics te encuentras un Batman aunque no quieras, y hice unos cuantos episodios de Batman, que de todos los superhéroes era el que me gustaba más porque era un personaje de la noche. Lo de The Spirit lo hice porque Will Eisner fue un gran amigo, y hacerlo era un honor para mí. Hice una famosa portada de la revista Spirit dedicada a Will Eisner. Con lo cual me encontré cómodo con los dos o ellos conmigo.

Una página de Batman y Poison Ivy, con dibujo de Bernet y guion de Brian Azzarello

Una página de Batman y Poison Ivy, con dibujo de Bernet y guion de Brian Azzarello

¿Tú crees que Clara de Noche, la serie que publicabas en la revista El Jueves, hoy en día sería políticamente correcta?

–Pues seguramente no, porque esto de la censura es otra cosa curiosa que ha ido a épocas. Hoy estamos en una recesión extraña. Incluso habría tenido problemas con Torpedo 1936.

–¿Qué consejo le darías a un joven artista que hoy solo se fija en el estilo manga o en la estética del videojuego?

No me gusta dar consejos porque no sirven para nada. Cada uno es diferente. Que haga lo que pueda con lo que se puede luchar hoy en día.

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