El capellán de Brians 1 Jesús Bel y el Papa León XIV
Entrevista
El capellán de la cárcel que visitará León XIV en Barcelona: «Dos presos me salvaron la vida en un tiroteo»
El sacerdote mercedario Jesús Bel celebra que el Papa se «desvíe del camino» para acercarse a los internos
Uno de los eventos más llamativos en la agenda prevista para la visita del Papa León XIV a Cataluña este junio, dentro del programa de su viaje apostólico a España, es la visita a los internos de la cárcel Brians 1, en Sant Esteve Sesrovires (Barcelona). Será el miércoles 10 por la mañana, antes de visitar la ya milenaria abadía de Montserrat, y desde la prisión se ha recibido la noticia con entusiasmo.
«Para nosotros ha sido muy emocionante, claro, y habla muy bien del talante del Papa», asegura el sacerdote mercedario Jesús Bel, coordinador de la Pastoral Penitenciaria del Obispado de Sant Feliu de Llobregat y capellán del módulo masculino de Brians 1. «Yo lo comparo con el buen samaritano: en un camino tan recto de Barcelona a Montserrat, es capaz de desviarse a la mitad para llegar a los que están al margen», celebra Bel, en conversación con El Debate.
Comparten su entusiasmo los propios internos, dice. «Estuve ayer en la cárcel y estaban entre sorprendidos y agradecidos, porque se sienten como que importan», explica el sacerdote que encabeza –junto a su primo, también mercedario, capellán del módulo femenino– el grupo de una veintena de voluntarios responsables de la atención espiritual a los residentes del centro.
En concreto, la pastoral penitenciaria incluye la celebración semanal de la Eucaristía, actividades como talleres de Biblia o catequesis –de bautismo, primera comunión o confirmación– y también el acompañamiento personal a los internos que lo solicitan. «Ponemos mucho hincapié –explica el padre Bel– en el acompañamiento personal, poniéndonos al lado del interno en todo su proceso y apoyando su desarrollo hacia una mejor condición».
Cristo en la cárcel
Brians 1 es la tercera cárcel más poblada de Cataluña, y actualmente acoge, según datos recogidos por El País, a un total de 1.085 personas, entre el módulo de hombres –que cumplen prisión preventiva, a la espera de juicio– y el de mujeres, que cumplen su pena. «Las mayores ansiedades en el módulo masculino de Brians 1 se concentran en el juicio que se acerca, y ahí es donde enfocamos nuestra ayuda, sin grandes pretensiones… a veces simplemente has de escuchar, o dejar que el otro se desahogue», explica el capellán, quien recuerda que en la pastoral penitenciaria nunca se pregunta por el delito cometido.
Vista exterior de la prisión de Brians 1, en Sant Esteve Sesrovires (Barcelona)
El padre Bel pertenece a la Orden de la Merced, fundada en Barcelona en el siglo XIII para la redención de los prisioneros cristianos. «Llevamos 600 años dedicados a esta misión, nuestra vida es una entrega a la redención de los cautivos», explica, señalando que «lo cierto es que en la cárcel nosotros vemos a Cristo». «Lo vemos día a día en el interno, y eso es lo que nos mueve a buscar en lo más profundo de esa persona al ser humano que tiene derecho a ser»
En este sentido, el sacerdote asegura que en Brians 1 ve «pequeños milagros a diario», como el hecho de ver cómo una persona «totalmente dominada por vicios, drogas o una historia personal que le aplasta» y le ha llevado a la delincuencia es capaz de levantar la cabeza y recuperar la esperanza, de levantarse «y aceptar el reto al que invita Cristo, que es el de ser un hombre nuevo», explica.
Un tiroteo en Venezuela
Este es, dice, el milagro cotidiano… pero a lo largo de sus 40 años de trayectoria también ha vivido momentos impactantes en otro sentido. El capellán trae a colación, en este sentido, algo que le ocurrió en Venezuela, donde estuvo sirviendo durante 24 años, en varias cárceles. «No he conocido a nadie que sea tan bueno que no tenga algo malo, ni a nadie que sea tan malo que no tenga algo bueno», dice.
Para ejemplificar esto, recuerda una vez, cuando estaba celebrando misa mensual en Tocorón, un centro de máxima peligrosidad. Allí, en una cancha de básquet situada entre dos pabellones, Bel presidía la Eucaristía, cuando de repente se desató un tiroteo. «Nos tuvimos que echar cuerpo a tierra», recuerda, escuchando cómo las balas atravesaban el aire.
«Dos internos –explica– vinieron arrastrándose por el suelo hasta mi lado y se me pusieron encima». Bel recuerda que le dijeron: «Tranquilo, padre, que hoy usted saldrá vivo de aquí». Y así fue: con aquellos dos presos haciendo de escudo humano, y rechazando las peticiones del sacerdote de que se bajaran y se pusieran a salvo, el capellán resistió hasta que intervino la Guardia Nacional. «Yo siempre digo que por mí la vida la dio Jesucristo y estuvieron dispuestos a darla dos presos», concluye.
Todo ello para ejemplificar, señala Bel, cuál es la razón de ser de la pastoral penitenciaria: descubrir aquello grande que late en el corazón de cada persona, aunque esté escondido. Una misión que la visita del Papa León XIV pondrá de manifiesto el miércoles 10 de junio cuando se desvíe del camino entre Barcelona y Montserrat.