Fachada de la Casa Ronald en Barcelona

Fachada de la Casa Ronald en BarcelonaYolanda Canales

Cataluña

En el coche o bajo un árbol: los familiares de pacientes de larga duración no tienen donde dormir en Barcelona

Más de mil familias desplazadas encontraron alojamiento gracias a entidades sociales en 2025, pero la falta de recursos deja cada vez más casos sin atender

Barcelona se ha convertido en uno de los grandes polos médicos del sur de Europa. Cada año, miles de pacientes llegan a la ciudad para someterse a trasplantes, tratamientos oncológicos o intervenciones altamente especializadas. Pero detrás de los avances médicos, las terapias innovadoras y los hospitales de referencia, existe otra realidad mucho menos visible: la de las familias que no saben dónde dormir mientras acompañan a un ser querido enfermo.

Solo en 2025, las entidades sociales que ofrecen alojamiento temporal a pacientes y familiares desplazados facilitaron 86.685 pernoctaciones en Barcelona. Son cifras enormes: equivaldrían a llenar casi cinco veces el Palau Sant Jordi. Sin embargo, pese al esfuerzo creciente de estas organizaciones, la demanda sigue superando la oferta.

Las diez entidades que trabajan coordinadamente en este ámbito, entre ellas la Fundación Josep Carreras, AFANOC, la Casa Ronald McDonald o la Fundación Jubert Figueras, atendieron a 1.072 familias durante el último año. Aun así, 259 solicitudes no pudieron ser cubiertas por falta de plazas, un 40% más que el año anterior. Pero detrás de cada número hay una historia de angustia, enfermedad y desgaste emocional.

«Mi mujer dormía en un sillón mientras yo estaba aislado». Manel, vecino de La Jonquera (Gerona), lo explica sin dramatismos, pero con la voz de quien todavía sigue digiriendo todo lo vivido. Tiene 57 años y fue diagnosticado de leucemia en 2023. Tras un año de quimioterapia en Gerona, necesitó un trasplante de médula ósea que solo podía realizarse en Barcelona.

«Cuando encontraron un donante, tuvimos que venir a Bellvitge. Yo estaba aislado porque los pacientes hematológicos somos inmunodeprimidos y mi mujer, al principio, dormía en un sillón de la habitación», recuerda.

La situación era insostenible. No sabían cuánto tiempo durarían las complicaciones ni las entradas y salidas del hospital. Fue entonces cuando el área social contactó con la Fundación Josep Carreras, que les facilitó un piso de acogida cerca del hospital.

Aquella solución acabó convirtiéndose en una necesidad básica. El proceso duró once meses. «Mi mujer podía ducharse, descansar, cocinar y estar cerca de mí. Cuando estás rodeado de tubos, bombas y sin poder moverte, saber que la persona que te cuida está bien te da tranquilidad», explica.

Manel insiste en algo que se repite en casi todos los testimonios: el problema no es solo económico. También es emocional. «No tienes suficiente con la angustia de la enfermedad. Además, tienes que pensar dónde dormirá tu familia, cómo se organizará o si podrá permitirse un hotel», cuenta.

Hoy continúa con controles periódicos en Barcelona cada quince días. Su recuperación avanza lentamente, aunque todavía necesita medicación y seguimiento constante. Habla con enorme agradecimiento de las fundaciones que les ayudaron.

«No hay mucha gente que haga esto. Ves familias que llegan perdidas, asustadas, preguntando qué tienen que hacer o dónde pueden quedarse. Estos pisos son como una segunda casa», resume.

Ocho meses fuera de casa

Historias como la de Manel se repiten constantemente en los hospitales de referencia de Barcelona. Anna, por ejemplo, pasó ocho meses fuera de Gerona acompañando a su hija Judit, ingresada en la UCI por complicaciones derivadas de un trasplante. Los primeros días llegó incluso a dormir dentro del coche porque no sabía cuánto duraría el ingreso hospitalario. Más tarde encontró alojamiento gracias a la Fundación Jubert Figueras.

También es la historia de Tatiana y su familia, que también tuvieron que reorganizar completamente su vida cuando su hijo Domenick, con una cardiopatía congénita, fue derivado al Hospital Vall d’Hebron para un trasplante de corazón. Para poder entrar en lista de espera, les exigían vivir cerca del hospital. La Fundación Inés Arnaiz les proporcionó un piso en Barcelona durante más de dos años, incluido el periodo de pandemia. Mientras ella cuidaba del niño, el padre tuvo que buscar trabajo en la ciudad para poder sostener económicamente la situación.

El precio invisible de la enfermedad

Las entidades alertan de que el problema empeora cada año. Barcelona concentra hospitales punteros y tratamientos cada vez más avanzados, pero el coste de vivir temporalmente en la ciudad resulta inasumible para muchas familias.

El precio medio de una habitación de hotel rondó los 190 euros por noche en 2025, según datos del Gremio de Hoteles de Barcelona. Alquilar un piso durante semanas o meses tampoco es una opción realista para quienes desconocen cuánto durará el tratamiento.

Actualmente, las entidades disponen de 55 alojamientos y 156 habitaciones repartidas por el área metropolitana. Muchas familias pueden quedarse allí gratuitamente o pagando cantidades simbólicas gracias a convenios y donaciones.

Los trabajadores sociales de los hospitales son quienes detectan los casos más vulnerables y derivan a las familias a estos recursos. Vall d’Hebron, Clínic y Sant Pau son algunos de los centros que más solicitudes generan.

Sin embargo, las organizaciones consideran que hace falta una mayor implicación pública. Reclaman más recursos y ponen como ejemplo el modelo francés, donde algunos grandes hospitales cuentan ya con espacios específicos de alojamiento para familiares.

Cuando la medicina avanza más rápido que lo social

La paradoja es evidente. La medicina permite hoy realizar tratamientos impensables hace apenas unos años. Terapias como las CAR-T o los trasplantes complejos mejoran la supervivencia y reducen ingresos prolongados. Pero, al mismo tiempo, aumentan las necesidades de alojamiento temporal cerca de los hospitales.

«La ciencia avanza más rápido que el ámbito social», resumen las entidades. Porque detrás de cada trasplante exitoso o de cada terapia innovadora hay familias enteras intentando sostener emocional y económicamente una situación límite. Y muchas veces, algo tan sencillo como disponer de una cama cerca del hospital acaba marcando la diferencia.

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