Fachada de la Casa Batlló, en Barcelona
Barcelona
Dónde está la «manzana de la discordia» de Barcelona en la que compiten cinco maestros arquitectos
Este tramo de Paseo de Gracia presenta una concentración de patrimonio única
Si hay una zona en Barcelona que tiene una densidad artística por metro cuadrado igual o superior a la Sagrada Familia, es el tramo del Paseo de Gracia entre las calles Aragón y Consejo de Ciento. Allí se sitúa lo que se conoce como «manzana de la discordia».
No hay que confundirlo con lo que se conoce como el «Cuadrado de Oro», que es una zona del distrito del Eixample en Barcelona, famosa por su altísima concentración de joyas arquitectónicas del modernismo catalán, incluyendo obras maestras de Gaudí.
El nombre de la «manzana de la discordia» hace referencia a las manzanas de Ildefonso Cerdá, pero también evoca de forma satírica del episodio de la mitología griega sobre la boda de Peleo y Tetis, donde Eris, la diosa de la discordia, lanzó una manzana dorada destinada a la más bella, desatando una feroz disputa entre Hera, Atenea y Afrodita, que derivaría en la guerra de Troya.
Aquí tenemos que cambiar a las diosas mitológicas por los arquitectos más influyentes y brillantes del modernismo catalán. Asimismo debemos incluir, en el papel de Eris, a los clientes adinerados que deseaban exhibir su estatus social a través de fachadas deslumbrantes y provocadoras.
Una modificación de las ordenanzas municipales de 1891 cambiaba las normativas de edificación de 1857, permitiendo incrementar la edificabilidad, otorgando mayor libertad en la composición de las fachadas y autorizando la inclusión de elementos salientes prominentes y suntuosos coronamientos decorativos. Esta modificación permitió derribar las antiguas viviendas unifamiliares de baja calidad y los palacetes con jardín que se habían levantado en esa zona de la ciudad. Con ello se construyeron pisos plurifamiliares con locales comerciales en la planta baja.
Cinco edificios
Con ello el primitivo Eixample abandonó la homogeneidad geométrica inicial, para dar paso a la originalidad y al eclecticismo más desbordante. En la «manzana de la discordia» cinco edificios preexistentes fueron reformados de forma integral y dio pie a una concentración monumental única y diferente. ¿Cuáles son las cinco edificaciones que forman esta manzana?
El primer fue la Casa Amatller que se reformó entre 1898 a 1900. La obra es del arquitecto Josep Puig i Cadafalch. El industrial chocolatero Antonio Amatller adquirió un edificio construido en 1875. El arquitecto concibió la residencia bajo el concepto de un palacio gótico urbano, adaptado a la vida moderna de la burguesía.
La Casa Amatller, en Barcelona
Reinterpretó el lenguaje medieval mediante artes decorativas. Lo que más llamó la atención fue su fachada plana, rematada por un frontón escalonado de caras reminiscencias flamencas y nórdicas, adornado con baldosas vitrificadas en tonos rojos y dorados procedentes de Valencia. La ornamentación incluyó esculturas de Eusebi Arnau.
Entre 1902 a 1905 el arquitecto Lluís Domènech i Montaner llevó a cabo la remodelación de la Casa Lleó Morera, en la esquina del Paseo de Gracia con la calle Consejo de Ciento. El arquitecto apostó por un exuberante estilo floral orgánico que integró el trabajo coordinado de numerosos artesanos.
El edificio se convirtió en un catálogo de artes aplicadas, destacando sus mosaicos, vitrales, pavimentos y trabajos de marquetería. En su fachada exterior sobresalían unas refinadas figuras femeninas esculpidas por Eusebi Arnau. Que sostenían artilugios modernos de la época. Estas figuras sufrieron una grave mutilación durante unas reformas comerciales en la década de 1940. La reforma recibió el premio del concurso anual de edificios artísticos del Ayuntamiento de Barcelona en 1906.
La Casa Batlló
Al lado de la Casa Amatller, el arquitecto Antonio Gaudí remodeló la Casa Batlló entre 1904 a 1906. Tuvo libertad creativa absoluta para reformar un inmueble de 1875 diseñado por Emilio Sala Cortés. Gaudí rompió con cualquier esquema constructivo previo.
Añadió un piso extra, renovó por completo el vestíbulo, los patios exteriores y las escaleras, y eliminó los ángulos rectos de las estancias interiores en favor de líneas orgánicas que evocaban el movimiento de la naturaleza. La fachada es una obra de arte total. Se revistió con mosaico de vidrio y cerámica, coronándose con un tejado escamoso que recuerda el lomo de un reptil.
El simbolismo popular asocia el diseño de la casa con la leyenda de San Jorge, donde la torre del edificio representa la lanza clavada en el dragón, los balcones simulan fragmentos de cráneos y las columnas de la tribuna los huesos del dragón. El interior, iluminado por patios revestidos de azulejos azules de intensidades graduadas, recrea una atmósfera marina o el interior de una gruta erosionada por las olas del mar. Esta casa la visita un millón de personas anualmente.
La fachada de la Casa Batlló de Barcelona, decorada con rosas por Sant Jordi
En medio de estos tres edificios se alzan dos que, aunque no participaron de forma directa en la rivalidad estética completan aquella manzana. El primero es la Casa Mulleras, reformada por Enric Sagnier en 1911, el cual dotó al inmueble de una fachada sobria y clásica, con sutiles matices rococó en su balcones y tribunas, aportado una contención elegante al conjunto.
La casa original fue financiada por Ramón Comas Cañas. El edificio de Sagnier está más cerca del neoclasicismo que del modernismo. Según el diseño de Sagnier, la fachada utiliza el «orden colosal» que permite al edificio adquirir una escala de monumentalidad al suprimir las cornisas que separan la planta baja, la principal y la primera. Como si el edificio en sí sólo tuviera dos plantas gigantes.
La otra es la Casa Bonet, modificada en 1915 por el arquitecto Marceliano Coquillat Llofriu. El edificio original, conocida como Casa Torruella, fue construida en 1877 por Jaume Brossa. Coquillat, distanciado de la corrientes modernistas había abrazado los postulados del noucentismo. Lo que más resalta de esta construcción es la tribuna central de la fachada.
Las dobles columnas y los arcos de medio punto son las notas dominantes. En los laterales, destacan los balcones de piedra. También son objeto de atención los motivos ornamentales del piso superior de diseño neobarroco. El edificio acogió, desde 1928 hasta 2025 la Perfumería Regia, que en su trastienda podía visitarse el Museo del Perfume.