Mapa de 1920 en el que se aprecia el llano de Barcelona
Historias de Barcelona
El guía satírico de Barcelona que escribió que la ciudad tiene «origen anfibio» y no es «ni carne ni pescado»
Manuel Angelón ofreció en el siglo XIX un relato crudo y satírico, alejado del oficialismo de la época
En 1854 el escritor Manuel Angelón Broqueta publicó Guía satírica de Barcelona. Bromazo topográfico-urbano-típico-burlesco. El autor es una de las rarezas más fascinantes de la literatura barcelonesa del siglo XIX. Lejos de las típicas descripciones idealizadas y monumentales de la época, Angelón optó por un ejercicio de crítica social cargado de humor corrosivo.
Angelón se dedicó principalmente al periodismo, el teatro en catalán y las novelas histórico-patriotas y sentimentales. Vinculado al Ateneo Barcelonés y a la Academia de las Buenas Letras, presidió los Juegos Florales. Su ironía quedó plasmada en esta guía, dando a conocer la realidad de una Barcelona que acababa de tirar sus murallas, que se expandía hacia el norte, pero aún no era una metrópoli urbana.
En esa época Barcelona se encontraba en plena transformación con el derribo de las murallas y la incipiente expansión del Eixample. En este contexto de crecimiento urbano y cambio social, surgieron numerosas guías de viajeros destinadas a ensalzar las virtudes, la industria y la belleza de la ciudad. Frente a ella la obra de Angelón, magistralmente ilustrada con dibujos originales de Moliné y Ferran, funciona como un espejo deformante.
Lejos de actuar como un cronista complaciente, el autor realiza un recorrido paródico por las calles, las plazas y los oficios de aquella Barcelona. Desmitifica los espacios sagrados de la burguesía y de las clases populares, extrayendo la comedia de las incomodidades cotidianas, la picaresca urbana y los propios estereotipos locales.
El término «bromazo» define a la perfección la esencia del texto. La guía utiliza la ironía, la exageración y el esperpento para radiografiar los defectos de la sociedad barcelonesa. El lenguaje es ágil, desenfadado y profundamente costumbrista, priorizando la crítica mordaz por encima de la fidelidad geográfica. Angelón transforma los recorridos tradicionales en auténticos escenarios teatrales donde los ciudadanos, desde los más adinerados hasta los más humildes, quedan expuestos en sus rutinas y pequeñas miserias con una comicidad brillante.
Un documento sociológico
Más allá de su intención lúdica y humorística, la obra se ha convertido con el paso de los años en un documento sociológico de primer orden. Nos permite asomarnos dentro de la historia de Barcelona. Conocer el pulso de la calle, los hábitos vecinales, el léxico coloquial de la época y la mentalidad imperante antes de la llegada de la modernidad modernista.
La Guía satírica de Barcelona de Manuel Angelón sigue siendo, siglo y medio después, un ejercicio de literatura lúdica, transgresora y sumamente valiosa. Su lectura no solo provoca una sonrisa pícara, sino que ofrece un retrato honesto, vivo y sin filtros de una ciudad que, en el fondo, siempre ha sabido reírse de sí misma.
Portada de la guía
Empieza su guía afirmando que «Barcelona tiene un origen anfibio, y de ella pudiera decirse no ser ni carne ni pescado». Y a continuación se pregunta: «Por qué Barcelona no es lo que puede ser? Ha aquí la pregunta que cien veces nos hemos hecho nosotros mismos». Su manera de hablar es porque se recorrió la ciudad, captó su lado cómico, sus flaquezas, sus debilidades, y las trasladó al papel, sin adornos, sin fantasías y sin velos.
No hay fallos en la apreciación histórica, confusiones topográficas, ni visiones deformadas por deficientes lecturas de papeles viejos. Describe la Barcelona del 1850 sin interpretes que adulteren la realidad. Desautorizó la historiografía local al afirmar que:
Criticó la mediocre imagen de la ciudad. Sus ataques se dirigieron contra las reformas y el trazado de las nuevas calles: «No hay guía que no haga especial mención de la capital del Principado por sus calles tiradas a cordel y magníficos empedrados». Y añadía, “forme una madeja de hilo muy enmarañada, enmaráñela más, mucho más, y el resultado le dará por copia el plano de Barcelona, o lo que es lo mismo, un laberinto de líneas, formando ángulos, triángulos, círculos y semicircuitos, pero nunca paralelas.
Crítica arquitectónica
La preocupación por la imagen de Barcelona se extendía a la escasa calidad de la arquitectura residencial que se construía en aquel momento. Angelón asumió la cuestión al criticar la confusión arquitectónica y el abuso del hierro colado en las nuevas edificaciones:
Retrata el carácter de los barceloneses como alguien ajeno a la poesía o las artes, pero con un instinto innato y agudo para cualquier negocio o especulación comercial. El autor bromea con que si a un barcelonés le recitas un poema elevado, este no se fijará en la métrica ni en la belleza estética, sino en cuántos reales o ganancias se pueden extraer de ello o en el coste material de la publicación. Afirma que la única certeza histórica demostrable de Barcelona es que sus habitantes siempre han cobrado impuestos y han buscado el beneficio propio desde el primer día de su fundación.
Eso sí, «la población que antes parecía, amontonando pisos sobre pisos, querer escalar el cielo, hoy se extiende a su placer en cómodas casas de deliciosos jardines. Barcelona ha logrado romper los brazos que la ahogaban».