Algunas de las participantes en las actividades de Terral
Reportaje
Terral, un «oasis» para las niñas del Raval: «Somos católicos, pero tenemos los brazos abiertos a todos»
La entidad cumple 25 años: más de 3.000 niñas han pasado por sus actividades de refuerzo escolar, ocio y educación en valores
Cada día, miles de personas pasan por la calle Nou de la Rambla, en el Raval de Barcelona: la atención de muchos se dirige al imponente Palacio Güell, diseñado por Gaudí para su mecenas más famoso, pero entre turistas y vecinos se esconde una puerta que da entrada a un «oasis» en pleno corazón del barrio. Se trata de Terral, un centro impulsado por miembros del Opus Dei que este 2026 cumple 25 años ayudando a las niñas del barrio a cumplir sus sueños.
De lunes a viernes, al acabar el colegio, decenas de niñas entran por esta puerta situada en los bajos del número 11 para hacer deberes, estudiar acompañadas de las voluntarias de Terral o realizar actividades como voleibol o canto coral. «Nuestro objetivo final es evitar el abandono escolar que, habitualmente, afecta a las hijas de las familias más desfavorecidas», reza la memoria anual de Terral.
«Somos un proyecto de mujeres para mujeres, y buscamos su desarrollo integral, a través de valores humanos y respetando la diversidad: somos una obra católica, pero tenemos los brazos abiertos a todos», explica a El Debate la directora de Terral, Evelyn C. Lechuga. Prácticamente todas las niñas que acuden a la entidad provienen de familias de origen extranjero, aunque casi todas ellas han nacido ya en España: Filipinas encabeza el ránking, pero también vienen familias de Marruecos, Pakistán, Bangladesh, China, Ucrania o varios países de América latina.
Un día entre semana normal en Terral
«Actualmente tenemos muchas niñas que se han graduado del bachillerato, y que están estudiando formación profesional o una carrera universitaria, y eso es algo que las familias valoran, independientemente de la nacionalidad y la creencia», señala Lechuga, agradecida por el hecho de que las familias confíen en ellos para conseguir que sus hijas tengan «una mejor oportunidad» que las que ellos han tenido.
Además, «compartir nacionalidades ayuda a evitar los guetos», señala Lechuga, recorriendo las salas del centro, que ahora en verano se convierten durante todo el día en un casal de verano. «Vivimos en un barrio muy diverso, y hemos de aprender a llevarnos todos bien», apunta, explicando que la mezcla religiosa se vive con «naturalidad», aunque Terral no oculta sus raíces cristianas: hay una capilla, un sacerdote ofrece catequesis a las familias que lo piden y en cada sala cuelga un retrato de la Virgen María.
El estigma del Raval
Lechuga –que empezó como voluntaria en 2023 y desde hace un año dirige el centro– es muy consciente de lo que se dice del barrio, que representa el 3% del total de la población de Barcelona y donde más de la mitad de los residentes son de origen extranjero. «El barrio es el que es, pero hay de todo, y luchamos con un estigma muy duro, sobre todo con los voluntarios, que vienen nerviosos tras escuchar que este es ‘el barrio más peligroso de Barcelona’ y cosas así», señala.
Con todo, la directora de Terral pide fijarse también en las cosas buenas, aunque no hagan ruido, y celebra la red de apoyos que han tejido con los vecinos en estos 25 años de historia. Además, asegura que en un cuarto de siglo no han tenido ningún problema de seguridad: «En el barrio saben que lo que hacemos aquí es bueno», asegura.
Foto de grupo de un casal de verano en Terral
El proyecto de Terral empezó en el año 2001 pero se consolidó al año siguiente, con motivo del centenario de san Josemaría Escrivà de Balaguer, el fundador del Opus Dei. Según explica Lechuga, fue en la iglesia de Santa María de Montalegre: allí se repartía comida como parte de la acción social, pero pronto surgió la inquietud de hacer algo por las niñas que veían pasar las tardes en la calle.
¿La receta que encontraron? Una que lleva funcionando desde entonces: acompañar personalmente a cada una de las niñas, y ofrecerles un horizonte más allá. «Para que estas niñas puedan soñar en alto, deben tener a otra persona que tenga un panorama más grande que el que les ofrecen», señala Lechuga, destacando también la importancia de fomentar el valor del esfuerzo.
«Nos venden que cuanto más fácil sea algo, mejor, pero la realidad es la contraria: la vida requiere esfuerzo, y más en el caso de personas en riesgo de exclusión social, porque en este caso algo que esté bien a medias no servirá», apunta la directora, también psicopedagoga, poniendo el ejemplo de una de las primeras egresadas de Terral, que recibió una beca para estudiar, y que hace poco volvió al centro, ya como una profesional consolidada, para inspirar a las niñas que, día tras día, siguen entrando a este pequeño oasis en el Raval de Barcelona.
Necesitan voluntarias
«Esto es como las cajas de LEGO, de 0 a 99 años», ironiza Lechuga, señalando que las voluntarias más jóvenes tienen 16 años y la más veterana, 82. «Es una riqueza», celebra, invitando a toda aquella lectora interesada a contactar con Terral para echar una mano.