El Cordero de Dios creado por Andrea Mastrovito, instalado en el interior de la cruz
Cultura
Así es la espectacular escultura de vidrio y oro instalada dentro de la cruz de la Sagrada Familia
El artista italiano Andrea Mastrovito firma este Cordero de Dios manchado de sangre y envuelto en haces de luz
La ceremonia de bendición de la torre de Jesucristo de la Sagrada Familia, la atalaya más alta de la cristiandad, a cargo de León XIV concitó la atención de millones de personas en todo el mundo, que asistieron fascinados a un espectáculo que conjugaba tradición e innovación de la mejor forma posible. Un show que terminó con la cruz cósmica en lo alto de la basílica iluminada e iluminando Barcelona, tal y como lo soñó –y dejó escrito– Antonio Gaudí.
Sin embargo, el genial arquitecto catalán no solo dejó anotado cómo quería que fuese el exterior de la torre –«la cruz será de cristal: de día reflejará los rayos del sol y de noche emitirá rayos sobre la ciudad»–, sino también su interior: «En el medio estará el Cordero divino», escribió. Dicho y hecho: el Agnus Dei creado por el escultor italiano Andrea Mastrovito ya está instalado en el interior de la cruz.
De hecho, se terminó de instalar pocos días antes de la visita del Papa a Barcelona, pero la Sagrada Familia no ha publicado las fotografías oficiales de la escultura hasta esta semana. Y la obra, vista en su ubicación final, es ciertamente espectacular: un cordero hecho de cristal, trabajado con tanta delicadeza que el material rígido parece lana flexible y moldeable.
Se trata del Agnus Dei, «el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo», en palabras de san Juan Bautista. «Desde los primeros siglos, la Iglesia reconoció en Cristo al verdadero cordero pascual», explica en un artículo reciente Tomás Gil, director del servicio de patrimonio artístico de la diócesis de Salamanca, y añade: «Como el cordero sacrificado durante la Pascua judía, Jesús entrega su vida para liberar a la humanidad de la esclavitud del pecado y de la muerte».
Dado que Jesús se entrega en la cruz –como en la Pascua judía, manchando de sangre la madera y empapando el hisopo–, es natural que Gaudí sitúe dentro de su cruz más emblemática este símbolo. Mastrovito ha elaborado la figura mediante una combinación de mosaico, vidrio, grisalla y pan de oro, y está suspendida en una estructura hiperboloide que la rodea con 24 haces de luz dorados.
«Me quedé paralizado»
En una entrevista reciente para la página del movimiento Comunión y Liberación (CL), Mastrovito explica que cuando recibió la noticia de que había sido seleccionado para realizar esta obra, se quedó «paralizado» durante mucho tiempo, pero que el libro del astrofísico Marco Bersanelli El gran espectáculo del cielo le ayudó a desbloquearse: «Dibujé un hiperboloide, que es un cilindro con una torsión en el centro, y lo imaginé como un haz de luz con rayos dorados, dejándome llevar por los rayos que descienden sobre el Éxtasis de santa Teresa de Bernini».
En el caso del cordero, se trata de un animal un poco más grande que un cordero real, y está cubierto por miles de astillas de vidrio procedentes de materiales reciclados. «Se han colocado una por una y representan todos los pecados del mundo que Cristo cargó sobre sí», explica el escultor.
El animal –que muestra las marcas sangrientas de haber sido sacrificado– también tiene los ojos semicerrados, pero dorados. «Me gusta pensar –concluye el artista italiano– que su nostalgia es también la nuestra, por algo que hemos conocido, que sabemos que hemos tenido y en lo que ponemos nuestra mirada».
En estos momentos el Agnus Dei de la Sagrada Familia es inaccesible, hasta que esté terminada la serie de ascensores que conectarán con el punto más alto, a 172,5 metros de altura. Se prevé que a partir de 2028 se pueda acceder al mirador que hay dentro de la cruz, y allí se podrá contemplar en primera persona el Cordero de Dios soñado por Gaudí.