El presidente del grupo municipal de Vox en Barcelona, Gonzalo de Oro

El presidente del grupo municipal de Vox en Barcelona, Gonzalo de OroCedida

Entrevista

Gonzalo de Oro (Vox): «Ningún alcalde de Barcelona ha hecho tanto por marginar al español como Collboni»

El líder de Vox en el Ayuntamiento advierte que «sobran delincuentes» y rebaja las expectativas sobre Aliança Catalana: «Nos han copiado»

Vox es el único partido que todavía no ha definido a su candidato a la alcaldía de Barcelona, pero el actual presidente del grupo municipal, Gonzalo de Oro, está más que dispuesto a repetir. En esta entrevista para El Debate con motivo del arranque del curso político, analiza la deriva de la ciudad bajo el mandato del socialista Collboni y advierte de que «falta policía y sobran delincuentes».

–Esta semana, el Ayuntamiento le abrió un expediente por haber mostrado una bandera de Ceuta desde el balcón del consistorio. ¿Le parece justo?

–Dicen que no estaba autorizado, pero era una bandera de Ceuta, en una manifestación para apoyar al pueblo de Ceuta: no era ningún símbolo partidista. Es gracioso, porque hemos visto todo tipo de consignas desde el balcón del Ayuntamiento –del «refugees welcome» a banderas separatistas–, pero estamos acostumbrados a esta doble vara de medir. Hicimos lo que teníamos que hacer.

–A la manifestación, por cierto, no acudió el alcalde –Jaume Collboni, que estaba en Polonia– ni ninguno de sus regidores. ¿Echaron en falta la presencia del gobierno municipal?

–Tenemos un alcalde mucho más pendiente del extranjero que de su propia tierra. Dos días antes de la manifestación dijo que cualquier ataque a una ciudad europea es un ataque a toda Europa: eso lo dice con respecto a Kiev, pero no con respecto a Ceuta. Me parece gravísimo que para el alcalde de Barcelona los barceloneses siempre seamos los últimos. Si nos ponemos a analizar, con Collboni no ha mejorado nada con respecto a [Ada] Colau.

–¿Absolutamente nada? ¿Seguro?

–Quizá la imagen, pero poco más. Collboni ha hecho que Barcelona sea más insegura que con Colau –y a los datos oficiales me remito–, ha fracasado absolutamente con la vivienda y está más pendiente del extranjero que de su ciudad. Además, ante cualquier cosa que pasa intenta culpar a los demás, o dice que hay que cambiar las leyes…

–Precisamente, sobre inseguridad, el alcalde ha reclamado públicamente endurecer las penas contra la tenencia de armas y el tráfico de drogas después de los últimos tiroteos. ¿No le parece suficiente?

Es que no tiene sentido que lo pida cuando gobiernan el Ayuntamiento, la Generalitat y el Gobierno de la nación. Si quieren endurecer penas, que lo hagan, pero hasta ahora han hecho todo lo contrario. Además, un alcalde no puede centrarse solo en lo que no es competencia suya: puedes exigir a otras administraciones que hagan lo que tengan que hacer, pero no puedes quitarte el muerto.

–El Ayuntamiento destaca que las cifras globales de criminalidad han bajado, y que –por ejemplo– los delitos han descendido un 11,2% en el primer semestre de 2026.

–Si la gran mayoría de delitos son hurtos, y estos bajan un poco, baja la cifra total de delitos, pero los delitos graves suben, como los asesinatos –consumados o en grado de tentativa– o las violaciones. El mensaje que se viene dando a criminales de todo el mundo es que en Barcelona vale todo, y por eso la delincuencia ha subido un escalón: hemos pasado de ser una ciudad de hurtos a una de tiroteos y ajustes de cuentas en plena calle… ¡incluso durante la visita del Papa, cuando Barcelona tenía uno de los mayores despliegues policiales de su historia!

Gonzalo de Oro, en el Ayuntamiento

Gonzalo de Oro, en el AyuntamientoCedida

El Ayuntamiento puede intentar negar la realidad, pero la gente ve la calle y sabe quién le atraca y quién le roba el móvil. Y la realidad es que el 80% de los detenidos en Barcelona son extranjeros, y que –por ejemplo– marroquíes y argelinos suman los mismos delitos que todas las nacionalidades del continente americano que residen en Barcelona juntas.

–Dirán que hacer públicos estos datos fomenta el racismo.

–Al revés: al intentar ocultar las nacionalidades de los que cometen delitos, criminalizan a los extranjeros que no los cometen, que son la gran mayoría. Lo que hay que hacer es poner el foco en los que han venido a delinquir, porque meterlos a todos en el mismo saco es injustísimo. Y, al ver que marroquíes y argelinos cometen los mismos delitos que 33 países hispanoamericanos juntos, no estamos diciendo que todos los marroquíes y argelinos sean malos, sino que viene lo peor de lo peor, y lo estamos viendo ahora en Ceuta. Por eso es necesario cambiar la política de fronteras.

–Pero el Ayuntamiento de Barcelona no tiene competencias sobre fronteras...

–No, pero sí hay cosas que debería hacer y no está haciendo. En Barcelona falta policía, y la que hay no tiene apoyo del gobierno municipal. La Guardia Urbana está cruelmente abandonada. Mira, el 75% de bajas en el Ayuntamiento de Barcelona son de guardias urbanos: tienen una presión total, no tienen material y tienen cero apoyo de su alcalde. Pasaba con Colau y no ha cambiado con Collboni. Por ejemplo, hace cuatro años propusimos dotarles con armas táser, y nos votaron en contra en masa, pero ahora sí lo han aprobado. ¿Qué se ha conseguido? Perder cuatro años.

–Otra de las grandes preocupaciones de los barceloneses es la vivienda. Decía antes que Collboni ha fracasado, pero ¿era posible solucionar el problema en tres años?

–Collboni y Colau tienen la misma política vivienda, es absolutamente continuista. Ha sido el primero en abonarse a los topes de los alquileres para intentar bajar precios, aunque el resultado sea el contrario del esperado. En Barcelona 60.000 viviendas vacías no salen al mercado porque no hay seguridad jurídica, o porque pueden ser okupadas, o porque no son rentables.

Hay que hacer un cambio radical. Primero, no considerar al promotor inmobiliario como un enemigo, sino como un socio. Segundo, eliminar la reserva del 30% para vivienda protegida, porque lo que ha hecho es paralizar la construcción: Collboni esperaba conseguir 8.000 pisos y de momento solo se han hecho 34. También hay que liberalizar cualquier solar que no esté protegido, y eliminar los impuestos a la vivienda habitual, porque no puede ser que la administración sea quien gane más dinero en una operación de compraventa.

–Una de las medidas más controvertidas en los recientes pactos autonómicos entre PP y Vox, y que seguirá dando que hablar es la «prioridad nacional». ¿Es una medida racista?

–Es muy socorrido tildarlo de racista o de xenófobo, pero de lo que se trata de que las personas que mantenemos vivo el sistema –es decir, los españoles y los extranjeros que están en España de forma legal y que están contribuyendo– tengamos preferencia. Es muy sencillo: el que paga la fiesta tiene derecho a participar en ella. No puede ser que un señor recién llegado, que no sabe hablar nuestro idioma ni aporta tenga preferencia. No es racista porque no hablamos de color de piel ni de razas, sino de si contribuyes a sostener el sistema y hacerlo posible o si solo vienes a aprovecharte de él.

–En mayo hay elecciones, ¿repetirá como candidato de Vox en Barcelona?

–El partido tiene una norma clara, que es anunciar todos los candidatos a la vez. Yo tengo el apoyo del partido y estoy contento con el trabajo que hemos hecho, pero estoy a su disposición: si quieren que yo sea el candidato, encantado, y si no, también. Este proyecto no va de nombres ni egos, sino de intentar mejorar Barcelona y que vuelva a ser el orgullo de España.

Uno de los factores que condicionará las elecciones municipales en Cataluña es la previsible irrupción de Aliança Catalana (AC). ¿Tienen miedo de que les arañe votantes?

–Ya tenemos muchos partidos separatistas, y este es uno más. Es un partido que ni siquiera aboga por una salida negociada de España, sino que quieren hacerlo a lo bestia, y que nos han copiado el discurso en inmigración, pero no son nada nuevo. De hecho, el resto de partidos separatistas ya han dicho que seguramente a ellos no les harán el «cordón sanitario».

Siendo que la inmigración es un factor fundamental tanto de su ideario como del de AC, ¿por qué votar a Gonzalo de Oro y no a Jordi Aragonès?

–Bueno, yo soy más simpático (ríe). Mira, primero porque a mí no se me caen los anillos por hablar en catalán, aunque uso más el castellano porque en esta ciudad está perseguido a nivel institucional. Jordi Aragonès, en cambio, piensa que un señor de Zaragoza es un extranjero: estamos en las antípodas. Repito: el mayor enemigo de Barcelona, de Cataluña y de España son los separatistas.

Sobre la cuestión del idioma, ¿ve mucha diferencia en el planteamiento de AC –que presume de denunciar negocios por usar el español– y el PSC?

–Quiero dejar clara una cosa: nunca ha habido un alcalde de Barcelona que haya hecho tanto por marginar al español y los derechos de los castellanohablantes como Collboni. Por ejemplo, firmando unos tratos como nunca se había hecho con Plataforma per la Llengua, que son aquellos que van a ver en qué idioma juegan los niños en el patio del colegio. En el Ayuntamiento existe un total monolingüismo que cambia en cuanto sales por la puerta. ¿Y Aliança? De nuevo, uno más.

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