Joaquín Ferrándiz, uno de los mayores asesinos en serie de España.
Sucesos ¿Quién es Joaquín Ferrándiz, uno de los mayores asesinos en serie de España que sale hoy en libertad?
El criminal ha cumplido veinticinco años de condena en la cárcel de Herrera de la Mancha por matar a cinco mujeres, violar a una e intentarlo con dos más
Miguel Carcaño mató a Marta del Castillo. José Bretón acabó con la vida de sus hijos y quemó sus restos en la finca de Las Quemadillas. Toni Alexander King asesinó a Rocío Wanninkhof y Sonia Carabantes. Sergio Morate es conocido como 'El doble asesino de Cuenca'. Más allá de sus atroces crímenes, todos ellos tienen algo en común: conviven en la prisión de Herrera de la Mancha, en Ciudad Real, y considerado como uno de los centros penitenciarios de máxima seguridad del país.
De ahí, hoy sale en libertad Joaquín Ferrándiz, uno de los mayores asesinos en serie de España, que abandona los barrotes de prisión tras estar veinticinco años entre ellos por haber matado a cinco chicas, haber violado a una más e internarlo con otras dos.
Ahora tiene sesenta años, pero fue con tan solo veinticinco cuando cometió su primer delito de índole sexual. En 1989 se vio involucrado en un accidente de tráfico. Su coche golpeó la moto que conducía una joven de dieciocho años. Fue él mismo el que se ofreció a llevarla al hospital. Sin embargo, el infortunio no fue tal, ya que lo provocó Ferrándiz. La adolescente nunca llegó al hospital. Cuando en principio se dirigía hacia allí, paró en una zona de huerta y la violó.
Pronto fue detenido y juzgado, siendo condenado a una pena de prisión de catorce años. Además de agresión sexual, se le consideró culpable de conducción temeraria. Aún así, salió de la cárcel a los seis meses. Desde ese momento, su historial criminal aumenta de manera exponencial, convirtiéndose así en uno de los mayores depredadores sexuales de la historia de España.
Pronto empezó a matar
La primera de sus víctimas fue Sonia Rubio, una profesora de inglés. El modus operandi para perpetrar el crimen fue el mismo que llevó a cabo hasta que fue detenido. La chica volvía de una fiesta en la localidad castellonense de Benicassim. Apenas le faltaban 500 metros para llegar a su casa e iba con amigos, pero aún así aceptó la petición del asesino para acercarle. Según la declaración del propio Ferrándiz, la amordazó, le anudó su ropa interior al cuello y para evitar que sus gritos pudieran alertar a alguien que pasara cerca, le colocó un saco de cemento sobre su rostro. Una vez consumado el crimen, ocultó el cadáver de Sonia entre arbustos, aunque los investigadores lo descubrieron meses después.
Posteriormente, y casi de seguido, mató a tres prostitutas. Se trató de Natalia, Mercedes y Francisca –dos de ellas tenían veinticuatro años y la otra veintinueve–. Como sospechoso de esas matanzas fue detenido un camionero que frecuentaba la zona en la que todas ellas fueron asesinadas. No obstante, no se pudo probar nada contra él y terminó exculpado. Este hecho dejó entrever que la Policía, encargada de la investigación, no terminaba de relacionar todos los sucesos, aunque fueron en localidades de la provincia de Castellón y, por tanto, cercanas entre sí.
Después de unos años en los que no actuó, Ferrándiz reincidió y lo hizo de la misma manera que en los casos anteriores. Invitó a la joven Amelia Sandra a su casa y ella aceptó. En ese sórdido lugar la violó y la mató. No contento con todo ello, reconoció que la estranguló e incluso, sabiéndose sospechoso ante los investigadores, le destrozó los dedos para que estos no pudieran reconocer la identidad del cuerpo mediante sus huellas dactilares.
Joaquín Ferrándiz, durante el juicio en el que fue condenado a 69 años de prisión.
Ahora sí, la Policía termina atando cabos y le detiene. Se le deja en libertad, pero no es sino una trampa para continuar cercándole, convencidos de que más pronto que tarde volvería a actuar. En uno de esos seguimientos, los agentes ven cómo se acerca al coche aparcado de otra joven. El perfil se repite, así como su manera de actuar. Según la versión de los policías, la intención de Ferrándiz volvía a ser la de provocar un accidente de tráfico para, al igual que anteriormente, ofrecerse como auxiliador y conformar el escenario idóneo para otro crimen.
Así sucedió. La joven quedó inconsciente tras el siniestro y cuando el asesino se dirigía hacia ella para supuestamente llevarla a un hospital, la Policía se abalanzó sobre él y fue arrestado. En un primer momento, únicamente se declaró culpable de violación para, meses más tarde, terminar reconociendo todos los delitos de sangre cometidos.
Tras ser juzgado, el Tribunal le condenó a 69 años de prisión, de los que ha cumplido el máximo de veinticinco. Hoy sale en libertad, aunque tiene, según recoge la sentencia, hasta 2028 prohibido acercarse a los municipios castellonenses de Onda, Benicassim y la propia capital de la provincia, donde cometió sus deleznables acciones.
Según los propios reclusos y funcionarios de la prisión de Herrera de la la Mancha, el comportamiento de Ferrándiz durante este cuarto de siglo entre rejas ha sido «modélico». Aún así, eso en absoluto convence al hermano de una de sus víctimas, que pide la pena de prisión permanente revisable porque este tipo de delincuentes «nunca se recupera».