Barranco del Juncaret a la altura de Santa Faz (Alicante)
El crecimiento de vegetación en los barrancos de Alicante podría desbordar el sistema antirriadas
La falta de mantenimiento de estas canalizaciones millonarias sume a los vecinos en el temor ante una eventual gota fría, que podría provocar que la zona quedara anegada
Las infraestructuras diseñadas para prevenir inundaciones en la provincia de Alicante, fundamentales tras los episodios catastróficos que ha sufrido sobre todo la ciudad, a lo largo de su historia, están evidenciando un preocupante deterioro debido a la falta de mantenimiento. Estas carencias son visibles especialmente en los tramos interiores de los barrancos de Orgegia -que canaliza las aguas de San Vicente del Rapeig, Villafranqueza y el Garbinet- y Juncaret, que recoge las de Muchamiel, Tángel y Santa Faz.
Aunque los expertos discrepan sobre si es conveniente limpiar los cauces, la acumulación de matorrales y árboles en estas zonas amenaza con agravar las consecuencias de posibles inundaciones. Estas infraestructuras se idearon para canalizar grandes cantidades de agua en caso de lluvias torrenciales, por lo que deberían estar libres de obstáculos.
Desde la riada de 1997, que dejó varias víctimas mortales y pérdidas millonarias, Alicante ha invertido más de 105 millones de euros en encauzar barrancos, construir colectores y diseñar sistemas de drenaje como el parque inundable de La Marjal, cuyo modelo ya es una referencia. Estas infraestructuras se construyeron para canalizar el agua de forma segura hacia el mar, pero su efectividad depende de un mantenimiento continuo que, según denuncian los vecinos que residen cerca de estos cauces, ha sido desatendido durante años.
El riesgo de desbordamientos
A lo largo de esta canalización, en la mayor parte del recorrido que transcurre por Muchamiel, San Juan y Santa Faz, el barranco presenta un crecimiento descontrolado de vegetación que actúa como un muro, que impediría el flujo del agua en caso de emergencia. Si bien en la zona cercana a la playa de la Albufereta, la desembocadura está más cuidada, en las áreas interiores la situación es crítica.
Barranco del Juncaret completamente taponado por la vegetación a su paso por Santa Faz
Vecinos que viven cerca de estas canalizaciones relatan a El Debate la inquietud que les genera este abandono. «Parece mentira que con lo que ha pasado en Valencia no se preocupen de mantener estas infraestructuras, que son un seguro de vida. En este país no aprendemos», asegura Pedro, vecino de San Juan. Siguiendo el argumento, Concha, una vecina de Santa Faz lamenta «la millonada invertida» en estas infraestructuras y la falta de mantenimiento sufrida durante años. «Han crecido hasta árboles dentro de la canalización, imagínate los años que hace que no limpian el cauce. Es vergonzoso», sentencia.
La vegetación no controlada puede reducir la capacidad del cauce y actuar como un tapón en caso de lluvias intensas. Esta falta de mantenimiento convierte los barrancos en zonas de riesgo que podrían desencadenar desbordamientos similares a los ocurridos en la Rambla del Poyo en Valencia durante la reciente dana que ha dejado más de 200 víctimas mortales.
La limpieza de los barrancos
El caso valenciano de la Rambla del Poyo, cuyo cauce sin limpiar agravó las consecuencias de las inundaciones, reaviva el debate sobre si es beneficioso eliminar la vegetación en los cauces. Algunos expertos defienden que la vegetación de ribera tiene un efecto protector, mientras que otros señalan que las cañas y matorrales incontrolados actúan como barreras que amplifican los daños.
Vegetación desarrollada en el cauce tras años sin mantenimiento
Pau Fortuño, investigador del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), sostiene que «las canalizaciones de los ríos y las mal llamadas limpiezas de los cauces aumentan la velocidad del agua y, por tanto, su fuerza destructiva». Sin embargo, también se reconoce que un mantenimiento mínimo, que elimine las plantas más densas, es fundamental para mantener el equilibrio entre biodiversidad y seguridad.
No obstante, el abandono de estas infraestructuras diseñadas para que el agua no provoque inundaciones y pueda desembocar en el mar evidencia, según el relato de los vecinos, un desinterés administrativo que podría tener consecuencias devastadoras. Aunque Alicante cuenta con planes como el PATRICOVA, que identifica zonas de riesgo de inundación, la falta de mantenimiento de estas construcciones millonarias comprometen su efectividad.