De izquierda a derecha, Pilar Bernabé, Diana Morant y Sara Aagesen

De izquierda a derecha, Pilar Bernabé, Diana Morant y Sara AagesenEuropa Press / Rober Solsona

El fracaso de Sánchez para contraprogramar a Mazón: utilización de las víctimas de la dana y un plan de 550 millones sin Presupuestos

El presidente del Gobierno envió a Aagesen a Valencia el día que la Generalitat aprobaba sus cuentas para presentar un plan de actuaciones siete meses después de la riada

No hay nada como una sonrisa. No se sabe si de puertas hacia dentro del Palacio de La Moncloa se han producido o si se siguen produciendo. Ante la negativa a que diversos medios de comunicación puedan preguntar al propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a su portavoz, la calculadamente locuaz Pilar Alegría, y algunos que otros ministros, sobre corrupción, la conocida frase de Isabel Pantoja podría ser equiparable. De los famosos «dientes, dientes», a «mandíbulas, mandíbulas». No es mala fe, sino que se suele aludir al vicio recurrente al bruxismo del socialista.

Ese es el gesto que el líder del PSOE suele hacer de manera instintiva cuando la oposición le empieza a girar el espejo para que se pudiera ver. Lo hace cuando se le pregunta por su hermano, esposa o entorno más cercano. Aun así intenta sacar su siempre recurrente sonrisa, cada vez menos risueña, mas artificial y quién sabe si contando los tiempos hasta su final.

En cuanto a la dana, el balance del Gobierno es, cuanto menos, singular. Desde que el gran timonel huyó de Paiporta es como si el fango ya no existiera. No por el hecho de que miles de voluntarios, militares, policías, guardias civiles y demás se afanaran en ello. Qué va. Todo lo contrario. Si no hay barro es por simple ideología.

En consonancia, ha tratado de instaurar en un palacio solemne, como es la Delegación del Gobierno, la sede de la dana. Esa misma que tiene mucha moqueta, algún que otro catering pero ni rastro del fango al que siempre alude a su conveniencia. Muchos asesores, poca empatía. A dicho edificio acudió esta misma semana la vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen. Su antecesora era conocida, hecho que ella no, pero ambas comparten algo significativo: no se acercan a las víctimas en las zonas devastadas.

Ahora bien, la número cuatro del Gobierno llegó y anunció una inversión, nada más y nada menos, que de 530 millones de euros. Una cantidad curios por varios aspectos: ¿Esa cifra desde cuándo se ha cifrado y en base a qué? ¿Son proyectos nuevos o vienen de lejos? Si son de lejos, ¿por qué no se activaron? Además de esto, caben dos cuestiones más: ¿Se puede aplicar esta cantidad aunque no haya Presupuestos Generales del Estado (PGE)? ¿Los valencianos pueden confiar en que esa cantidad llegue a las distintas administraciones cuando la mitad corresponde a la Ley ELA y sigue sin ningún tipo de financiación?

La visita de Aagesen a Valencia, como todo lo que toca o subyace al sanchismo, no es casual. Visitó la capital del Turia, ya se ha dicho que el fango quedaba muy lejos, el miércoles. Ese mismo día no fue bueno para los intereses socialistas. Ni de Pedro Sánchez, ni de su ministra a tiempo parcial Diana Morant ni de su candidata a la alcaldía de Valencia, Pilar Bernabé. No. El jefe del Consell salió de las Cortes Valencianas con los Presupuestos de la Generalitat aprobados, un hito, dado el desafío que provoca la reconstrucción, sin igual y que ha reforzado el bloque de centro-derecha justo en el ecuador de la legislatura.

No deja de ser curioso. El mismo día en que la Administración autonómica saca adelante lo que el mismo Sánchez, autoproclamado verbigracia de todo lo bueno y por haber, no ha podido, querido o sabido hacer desde 2018, llega la ministra con 530 millones bajo el brazo. Como todo el sanchismo, supuesto. ¿Será obsesión contra Mazón o, quizás, el último perdigón de su tan gastada supervivencia política? ¿530 millones de golpe o de dónde? Su supuesto error ahí quedaría, pero también está por ver si es buena opción mandar a determinados ministros a una zona dañada. Sánchez no tiene Presupuestos. Mazón, sí. Ambos manejan encuestas.

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