Imagen de archivo de los charcos de Quesa, en la provincia de Valencia
El pueblo de Valencia con cuatro piscinas naturales que recomienda visitar 'National Geographic'
Una ecotasa ayuda a mantener este enclave, parte de la Red Natura 2000 y con servicios adaptados para visitantes
En el corazón del interior valenciano, donde la montaña se encuentra con el rumor del agua y los caminos de tierra serpentean entre pinares y barrancos, el municipio de Quesa guarda un secreto cada vez menos escondido: un conjunto de piscinas naturales que bien podrían confundirse con un balneario natural. National Geographic ha puesto recientemente los ojos en este rincón de La Canal de Navarrés, recordándonos que a veces no hace falta cruzar el mundo para encontrar paisajes que nos dejen sin aliento. Bastan unos pocos kilómetros, un coche o una buena caminata, y el deseo de redescubrir lo cercano.
Los Charcos de Quesa son el resultado de siglos de trabajo paciente del río Grande, también conocido como el río de las Cuevas, que ha ido modelando la roca hasta formar pozas de agua cristalina, ideales para el baño. El conjunto está compuesto por cuatro piscinas naturales: la Horteta, las Fuentes, la Bañera y el Chorro de Corbera. Cada una ofrece algo diferente al visitante, desde la tranquilidad serena de una poza apartada hasta el espectáculo de una cascada que se desploma siete metros sobre una lámina de agua rodeada de monte bajo.
Imagen de archivo de los charcos de Quesa, en la provincia de Valencia
Este paraje, situado a solo siete kilómetros del núcleo urbano, no es solo un destino para quienes buscan refrescarse. Es un enclave que combina la belleza natural con el turismo responsable, y forma parte de la Red Natura 2000, lo que lo convierte en una zona protegida por su biodiversidad y su valor ecológico. Catalogado como Lugar de Importancia Comunitaria y Zona de Especial Protección para las Aves, su conservación depende de la sensibilidad de quienes lo visitan. No es solo un lugar para bañarse, sino para respirar hondo, escuchar el agua correr entre las rocas y reconectar con la naturaleza.
El entorno ha sido acondicionado con mimo para facilitar su acceso y disfrute. Hay zonas de picnic bajo los árboles, aseos, fuentes, juegos infantiles, pasarelas de madera y hasta una vía ferrata para los más aventureros. Incluso se ha establecido una pequeña ecotasa en temporada alta, un euro por persona y dos por vehículo, que contribuye al mantenimiento y limpieza del área. Quienes prefieren caminar pueden llegar desde el pueblo siguiendo una sencilla ruta que atraviesa el barranco del río, mientras que quienes opten por el coche encontrarán aparcamiento en el área recreativa de los Charcos, con todo lo necesario para pasar un día completo en familia.
Los cuatro charcos
El recorrido por los Charcos de Quesa comienza con el Charco de la Horteta, un pequeño remanso de agua algo apartado del resto y rodeado de vegetación mediterránea. Aunque no siempre tiene el caudal suficiente para el baño, ofrece un entorno tranquilo perfecto para descansar o hacer fotos en plena naturaleza.
Un poco más adelante aparece el Charco de las Fuentes, la poza más amplia y concurrida del conjunto. Una pasarela de madera permite atravesarla sin necesidad de mojarse y, en uno de sus extremos, se ha habilitado una zona para que también puedan disfrutar del baño las mascotas. Su combinación de zonas profundas y accesibles lo convierte en un lugar versátil, ideal para familias, grupos y quienes viajan con perros.
Imagen de archivo de los charcos de Quesa, en la provincia de Valencia
El Charco de la Bañera, más pequeño y recogido, es perfecto para quienes buscan un rincón más sereno y con encanto. Aunque su profundidad es limitada, su entorno rocoso y el agua cristalina invitan a un baño relajante en un entorno más íntimo.
Por último, el Charco del Chorro se encuentra en la parte más alta del paraje y es uno de los rincones más impresionantes. Su principal atractivo es una cascada de unos siete metros que vierte directamente sobre la poza, creando una imagen de postal. Es uno de los puntos más populares en los meses de verano por su belleza y frescura, aunque el baño aquí también requiere precaución por el entorno rocoso.
Los Charcos de Quesa son también una muestra de que el turismo rural sigue siendo una forma de viajar con sentido. Frente al ruido de lo turístico, este tipo de enclaves invitan a un contacto más respetuoso con el entorno, a disfrutar de un baño sin prisas en aguas limpias, y a redescubrir que lo extraordinario, a veces, está más cerca de lo que pensamos. Valencia, más allá de sus playas y su ciudad, ofrece lugares que parecen sacados de otro tiempo. Y Quesa, con su nombre sencillo y su paisaje inesperado, es uno de ellos.