Varias banderas 'esteladas' en la manifestación contra Mazón en Valencia

Imagen de archivo de varias banderas 'esteladas' en la manifestación contra Carlos Mazón en mayo en ValenciaC. L.

Los pinchazos de la izquierda en las protestas contra Mazón por la dana reducen las manifestaciones a una «concentración»

Los convocantes de la décima movilización contra el presidente de la Generalitat han cambiado el formato con tal de evitar otra imagen de fracaso de asistencia que no parece que tenga vuelta atrás

En términos generales, se suele decir que la perseverancia es un valor más que importante del que es bueno hacer uso con tal de conseguir los propósitos que uno se haya marcado con anterioridad. Sin embargo, la vida huye de lo categórico, por lo que cabría reflexionar hasta qué punto es bueno obstinarse en mantenerse en un camino cuando el trayecto previo está plagado de sonoros fracasos y, al mismo tiempo, la meta final no es que ni siquiera se vislumbre, sino que, simplemente, parece una quimera.

En este sentido, esa introspección quizás debiera hacérsela la izquierda en general y, muy particularmente, las asociaciones que cada mes se manifiestan contra el presidente de la Generalitat Valenciana, Carlos Mazón, en aras de hacerle responsable y culpable de las 228 muertes que dejó la dana del 29 de octubre a su paso.En las nueve marchas que se han organizado hasta la fecha, la noticia no es la pretensión de los convocantes, ya que es invariable a pesar de las informaciones que en todos estos meses se están dando a conocer: se reduce a pedir la dimisión del jefe del Consell. Lo hacen, a mayor abundamiento, con lemas y expresiones tan poco moderadas como «asesino» o «criminal», entre otros de este pelaje.

Quizás por lo que no pocos califican de «politización», «instrumentalización» e «ideologización» de la tragedia porque en las manifestaciones ven banderas independentistas catalanas, del Partido Comunista o pancartas a favor de una supuesta «Resistencia Trans», lo novedoso recaiga en cuánto va a caer la participación al mes siguiente.

Menguante poder de convocatoria

Como muestra, basta por ver la evolución de las protestas: si a la primera acudieron 130.000 persona ha ido descendiendo hasta la actualidad, salvo con un ligero pico: 100.000; 80.000; 25.000; 30.000; 25.000; 15.000; 5.000 y 1.500. Este último registro es más que llamativo no solo por la raquítica participación, sino también porque no se celebró por vez primera en la ciudad de Valencia. Fue en Catarroja, una de las zonas cero de la riada. Y todo ello cuando las entidades convocantes son cerca de 200.

Quizás por el rubor que supone ante la opinión pública ir de pinchazo en pinchazo y a cuál más grande, el formato ha cambiado. De este modo, esa «voz del pueblo» que los organizadores se arrogan pero que la sociedad ni mucho respalda y a la que cada vez menos secundan se ve que se ha quedado casi muda. Pero, por lo visto, no parece que ni siquiera las pastillas para la voz que tanto le gustan a María Jesús Montero puedan arreglar este contexto, ya que la siguiente convocatoria es, simple y llanamente, una «concentración».

Mazón, con su hoja de ruta intacta

La fecha será el próximo 29 de agosto y el lugar elegido, la plaza de la Virgen de Valencia, a escasos metros del Palau de la Generalitat, tal como colectivos como los catalanistas de Acció Cultural del País Valencià (ACPV), han anunciado en su perfil de la red social X.

Mientras tanto, el mandatario continúa con su hoja de ruta para la reconstrucción de la provincia intacta, ajeno al ruido generado por una izquierda cada vez con menor poder de convocatoria, con medidas aprobadas en los sucesivos plenos del Consell y, a la par, reivindicando al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que, entre otros aspectos, cumpla con su palara dada en enero e incumplida hasta la actualidad de prolongar las prestaciones extraordinarias por cese de actividad a los 5.000 autónomos afectados por el temporal. De esto último no se prevé que hable en la concentración del 29.

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