Preguntas en fríoJosé Luis Torró

Diana Morant y Rebeca Torró, pareja del verano

Hasta que Sánchez decida separar con la frialdad con que se deshace de todo lo que no le sirve o deja de ser de su propio interés

Cualquier ontinyentí entenderá que su paisana Rebeca Torró Soler (Ontinyent, 1981) –ningún parentesco tenemos en común -- no quiera perderse, ni dejar de exhibirse, en las Fiestas de Moros y Cristianos. Y menos las que estamos viviendo estos días, y en este año en que han logrado su internacionalidad (con su toque por parte de la propia Rebeca desde la secretaria de Estado de Industria, eso sí, tras años de razonada petición apoyada en exhaustiva y abundante documentación). Si RT hubiese decidido acudir y tener hueco en la tribuna de autoridades --en la que a pesar de mutuos enconos ha estado presente en los últimos años-- le hubiese bastado con hacerlo saber y el protocolo la habría acomodado en lugar preferente. Pero no, buena es ella para tener que pedirlo. Y decidió involucrar a la ministra-secretaria general del socialismo valenciano, Diana Morant, haciéndose pasar por su acompañante, con lo que ya tenemos una nueva e insólita pareja en este tórrido verano. Pareja de hecho, derecho, política, festera moro-cristiana, de conveniencia, estival… Pareja hasta que Sánchez decida separar con la frialdad con que se deshace de todo lo que no le sirve o deja de ser de su propio interés.

¿Quién, cuándo y cómo invirtió en Ontinyent?

- Un empresario textil de Ontinyent, que me había comentado su propósito de afear a Rebeca su nulo madrinazgo en forma de inversiones para con su ciudad, renunció a hacerlo «porque estamos en fiestas y ya habrá ocasión». Los socialistas valencianos han reprochado a Jorge Rodríguez, e insisten muy plañideramente, que su partido (Ens Uneix) pactase con el PP en la Diputación. Los unionistas replican con cifras y letras. Tener a Natalia Enguix como vicepresidenta de la corporación provincial se ha traducido en valiosas y repetidas inversiones y ayudas para Ontinyent, lo que contrasta con la sequía de Rebeca Torró, a la que el empresario, que prefirió tener la fiesta en paz, pensaba recriminarle los palos que puso en la rueda del clúster textil que, con el apoyo del Ayuntamiento, fabricó millones de mascarillas en pleno covid. «Muchos palos y pocas pelas, a pesar de que bien pudo hacérnoslas llegar desde su secretaria de Estado de Industria».

El cortafuegos que veía de pequeño

- La devastadora brutalidad de los incendios que calcinan tantas y tantas tierras y montes de la España despoblada y una vez más abandonada –si necesitan ayuda, que la pidan, se ha vuelto a escuchar – me ha traído a la memoria una imagen de la sierra del Torrater, de Ontinyent. Pregunté a mi padre, con mi curiosidad de los seis o siete años, para qué servía la carretera que se veía en la montaña. «No es una carretera, es un cortafuegos. Si hay un incendio, el fuego no avanza porque no tiene nada que quemar». Entendido. Incendios tuvimos y padecimos, sin parques de bomberos, ni aviones chorreantes para apagarlos. Con una Guardia civil que podía subirte a un camión para llevarte a atajarlos, se consiguió preservar buena parte de nuestra riqueza forestal. Eso sí, entonces había panaderos que se proveían de ramas y rastrojos con los que encender sus hornos; pastores con cabras y ovejas que desbrozaban malezas; carboneros que hacían un uso racional de la leña. Y no había ecolojetas, ni inútiles ministerios de transiciones, ni agenda 2030, ni chiringuitos ricamente subvencionados con la excusa del cambio climático.

Los calcetines del presidente Sánchez

- 16 de agosto, en La Mareta, isla de Lanzarote. El presidente Sánchez hace un denodado esfuerzo. Unos incendios allá y acullá, que le pillan lejos, se convierten en un incordio para sus vacaciones. Se despoja del bañador, su prenda preferida de este mes de agosto. Se viste para ponerse delante de un ordenador y una amplia pantalla de televisión. Videoconferencia sustitutiva de su presencia en el frente del fuego. Viste camisa rosa, pantalón oscuro, calcetines azules con motas amarillas, y zapatos negros ¿En pleno agosto y con esos calcetines? Raro. Salvo que sea por culpa del cambio climático, nadie usa esos escarpines invernales y menos en Canarias. Sánchez siempre nos sorprende. Como lo volvió a hacer cuando, obligado por unos fuegos que ya le habían socarrado del todo su achicharrada credibilidad, se vio forzado a dejar La Mareta. Y se sacó de la chistera su penúltima propuesta: Un pacto de Estado contra la emergencia climática. Al día siguiente, anuncios y más anuncios de ayudas para los damnificados. Que, si son como las hechos a los palmeros por el volcán y a los valencianos por la dana, se quedarán, cuando lleguen-- tarde y mal -- en la mitad de la mitad.

¿Hacerse el sueco, el suecano o el baldoví?

- Sin duda, por culpa de mi enciclopédico desconocimiento, ignoro para qué sirve el hermanamiento entre ciudades, más allá de justificar alguna cuchipanda de concejales, asesores y algún colega invitado. El 1 de julio de este 2025 se cumplieron veintiún años desde que las autoridades de Ontinyent y de la sueca Mark decidieron hermanar ambas ciudades. Pregunté en aquella ocasión por las razones de tan fraternal decisión, siendo las respuestas tan triviales que deduje que se trataba de una excusa para viajar allá, a una ciudad situada al suroeste de Suecia, con una población de 35.287 habitantes, parecido censo al de Ontinyent, y que también cuenta con tradición textil, lo que podría considerarse razón en la que apoyar el hermanamiento.

¿Debemos tomarnos en serio su queja?

- Este martes 19 se acercó a la redacción del semanario Loclar un periodista de la ciudad de Mark. Había venido a Ontinyent, según nos contó, con el propósito de escribir un reportaje sobre las dos décadas del hermanamiento, aprovechando que las Fiestas de Moros y Cristianos, que estos días se están celebrando, cuenta con con el reconocimiento de ser de «Interés Turístico Internacional». En la conversación, el colega sacó a relucir –y aquí sin enterarnos -- el malestar que les produce a sus coterráneos que en España sigamos utilizando la expresión «hacerse el sueco» para criticar a quien se desentiende de un deber o responsabilidad. Y nos pidió que tuviésemos en cuenta su queja y la de los suyos. ¿Cabe tomarse en serio su protesta que, por cierto, también escuché, aireada en una tertulia radiofónica, en la que un empresario de Estocolmo manifestó sentirse molesto por el mal uso de la repetida frase?

Las ocasiones desperdiciadas por Compromis

- ¿Qué propuestas podrían someterse a consideración de nuestros paisanos como sustitutivas? Descartado «hacerse el suecano», porque nada tiene que ver Suecia con Sueca, patria chica de su más famoso escritor, Josep Bernat i Baldoví, autor de «El virgo de Visanteta». Ante la falta de una propuesta concreta tal vez fuese apropiado acuñar la de «hacerse el baldoví» si se quiere regañar a todo aquel que se desentiende de sus responsabilidades, tal como hizo. O peor, no hizo. Bien poco consiguió en las tres legislaturas en que Joan Josep Baldoví Roda (Sueca,1958) sentó su antifonario en un escaño del Congreso. Y con Pedro Sánchez fue de lo más generoso y complaciente, al apoyar bobaliconamente todas sus propuestas sin obtener nada a cambio para los valencianos. En consecuencia, Compromis desperdició una a una todas las ocasiones en que pudo haber cotizado a buen precio su voto –como hacen los rufianes y puigdemoníacos – pero Baldoví prefirió regalárselos a Pedro Sánchez por su cara bonita.

¿Hasta dónde llega el fanatismo separatista catalán?

- Esto escribe en las páginas de El Debate Juan Carlos Girauta, lo que me lleva a plantear la pregunta como el ladillo de este apartado: «Como estarían las cosas para que el cantante valenciano Raimon, que siempre había sido en Cataluña una figura pública admirada, desapareciera de las emisoras y de la memoria de un día para otro. Su nombre no volvió a ser pronunciado ni en los medios públicos (todos separatistas) ni en los privados (todos separatistas o separatistas latentes). Raimon se había desmarcado del procès independentista. Imperdonable. El separatismo es una secta». Corolario: Si a una figura, apóstol del pancatalanismo como ha sido Raimon, se le castiga, margina y ningunea por titubear del credo indepe, ya sólo falta escuchar que se tilda de ser un botifler. Y, mientras tanto, Sánchez alimentando al insaciable carpanta huido a Waterloo.

José Luis Torró es periodista

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