Imagen, de los menores asesinados en Macastre en la parte de arriba, y las menores asesinadas en Alcàsser en la parte de bajo

Imagen de los menores asesinados en Macastre en la parte de arriba, y las menores asesinadas en Alcàsser en la de bajoMarian Moncho

Del caso Macastre al de las niñas de Alcàsser: macabras coincidencias y seis menores asesinados

Los crímenes que dieron la vuelta a España en los 90 siguen manteniendo incógnitas abiertas todavía hoy

La Comunidad Valenciana fue escenario, en apenas cuatro años de diferencia, de dos de los crímenes más macabros y desconcertantes de la historia reciente de España. En enero de 1989, tres adolescentes desaparecieron en la pedanía de Macastre y sus cuerpos fueron hallados en condiciones dantescas, en distintos lugares y momentos. En noviembre de 1992, el país entero se estremeció con el secuestro, violación y asesinato de Miriam, Toñi y Desirée, las niñas de Alcàsser, cuyos cadáveres aparecieron semanas después en una fosa de La Romana.

Ambos sucesos tienen puntos en común que han alimentado el debate público, las sospechas y las teorías durante décadas: seis menores asesinados, violencia extrema, desapariciones misteriosas y una misma zona geográfica que conecta los dos casos.

El triple crimen de Alcàsser

La noche del 13 de noviembre de 1992 comenzó como la de tantas otras para tres adolescentes de Alcàsser: Miriam García, Toñi Gómez y Desirée Hernández, de 14 y 15 años, salieron de sus domicilios para acudir a una fiesta en la discoteca Coolor, en el municipio vecino de Picassent. Eran amigas; una cuarta, Esther, decidió quedarse en casa por estar enferma, y fue la última en verlas antes de que se marcharan hacia la salida de la carretera para hacer autostop, una práctica frecuente entre jóvenes de la zona para llegar a locales próximos.

A las pocas horas su rastro se perdió. Testigos situaron a las tres jóvenes aceptando el viaje de un vehículo, un Opel Corsa blanco, cerca de una gasolinera de Picassent. En el coche viajaban varias personas; más adelante la instrucción señalaría, como sospechosos principales, a Antonio Anglés y a Miguel Ricart, entre otros. Aquella decisión de subir a un vehículo que parecía inofensivo marcó el inicio de un drama que tardaría semanas en revelarse.

Las familias denunciaron la desaparición y, tras la comunicación a la Guardia Civil, se activó la búsqueda. Los primeros días transcurrieron entre la incertidumbre y el desconcierto: sin pistas sólidas, la investigación combinó la localización de testigos, entrevistas en los barrios y rastreos en caminos y barrancos de la comarca. La expectación mediática fue creciendo con rapidez; los medios de comunicación encargaron reportajes, recabaron testimonios y difundieron fotografías y descripciones de las jóvenes.

El vacío de información se rompió de forma traumática el 27 de enero de 1993, setenta y cinco días después de su desaparición. Ese día, mientras realizaban labores en el campo, dos apicultores hallaron en el paraje de La Romana (Tous, Valencia) restos óseos que asomaban de la tierra: una mano, aún con la muñeca adornada por un reloj, sobresalía lo suficiente para alertar a los halladores. La Guardia Civil acudió al lugar y, tras excavar en la zona, localizó tres cadáveres semienterrados en una fosa improvisada.

Imagen del mapa de los alrededores de Valencia: (1) Alcàsser; (2) Paraje de La Romana; (3) Pantano de Tous

Imagen del mapa de los alrededores de Valencia: (1) Alcàsser; (2) Paraje de La Romana; (3) Pantano de TousMarian Moncho

El hallazgo, en sí mismo, ofrecía elementos escalofriantes: los cuerpos estaban envueltos en una moqueta, un detalle que más tarde resultaría decisivo, y colocados en una excavación poco profunda, en un paraje aislado y de difícil acceso. La escena sorprendió por la combinación de ocultamiento improvisado y signos de violencia extrema. Los cadáveres fueron trasladados con prioridad al Servicio de Medicina Forense para proceder a la identificación y las autopsias.

Los informes forenses confirmaron lo más temido: las tres adolescentes habían sido víctimas de violencia sexual reiterada, tortura y muerte violenta. Los peritos documentaron heridas compatibles con agresiones físicas y sexuales, así como otros signos de ensañamiento que denotaban una prolongada violencia sobre las víctimas. Además del estado corporal, alterado por el paso del tiempo y por las condiciones en que habían sido enterradas, la presencia de la moqueta y pertenencias junto a los cuerpos permitió a los investigadores reconstruir algunos movimientos posteriores al crimen.

Entre los elementos materiales recuperados en la fosa apareció un volante médico parcialmente destruido; los técnicos forenses y de policía científica lograron reconstruir fragmentos del documento y, gracias a ello, identificar un vínculo con el entorno familiar de los Anglés. Esa pieza, junto con otros indicios físicos y los testimonios recogidos, cambió la dirección de la investigación: la Guardia Civil orientó sus pesquisas hacia personas concretas vinculadas a la zona. La aparición de la moqueta, además, marcó una pista material que relacionaba la escena del enterramiento con objetos susceptibles de cotejo (huellas, fibras, trazas biológicas).

El día del hallazgo, y en las semanas inmediatamente posteriores, la instrucción judicial y policial trabajó a contrarreloj para identificar a las víctimas de forma oficial, contrastar los testimonios de quienes las vieron por última vez y rastrear cualquier rastro biológico o material que hubiese sobrevivido en la moqueta, la ropa o las pertenencias. La complejidad del caso se derivaba, en buena medida, del tiempo transcurrido entre la desaparición y el hallazgo: la exposición a la intemperie, la degradación de restos y la manipulación eventual de objetos dificultaban la obtención de pruebas contundentes.

El hallazgo de los cuerpos en La Romana no sólo puso fin al enigma de su paradero; abrió una investigación penal de enorme calado. La conmoción social fue inmediata. El doble descubrimiento, de la fosa y de los elementos recuperados, precipitó actuaciones policiales en distintos puntos: se practicaron registros, se tomaron declaraciones y se produjo la localización de personas relacionadas con las pruebas documentales halladas. La expectación mediática alcanzó un pico que, por su intensidad y naturaleza, transformó el caso en uno de los más seguidos de la historia criminal reciente de España.

Caso Macastre

En la noche del 14 al 15 de enero de 1989, tres adolescentes valencianos desaparecieron sin dejar huella: Rosario Isabel Gayete Muedra (15 años), Francisco Valeriano Flores Sánchez (14 años) y María Pilar Ruiz Barriga (15 años). Provenían de familias humildes de Burjassot y se conocían entre sí. Ese día emprendieron un viaje en autobús desde Valencia hacia la zona de Catadau, con la intención de acampar y pasar unos días fuera.

Todavía con la mochila y tienda de campaña que llevaban, los jóvenes fueron vistos ese mismo día en un bar de Catadau, identificado como «El Parador» o «El Paso», lugar en el que se abastecían de alimentos y bebidas. Ese local cobra especial relevancia porque años después aparece durante la investigación del caso Alcàsser como uno de los puntos por los que pasaron sus presuntos autores.

Sin embargo, nunca llegaron a armar la tienda, ni enviar noticias. Desde la noche del 14, desaparecieron del radar.

Cuatro días después de la desaparición, el 19 de enero, un agricultor y propietario de una caseta en Macastre descubría el cadáver de Rosario sobre una cama. No había signos externos de violencia, pero sí un detalle inquietante: su pantalón estaba desabrochado y la cremallera bajada. La autopsia reveló restos de sangre y fluidos en la zona genital, aunque se descartó una violación. La causa de la muerte fue una parada cardiorrespiratoria, posiblemente provocada por el miedo extremo o por el consumo de drogas, aunque no se hallaron sustancias estupefacientes en su cuerpo.

El segundo hallazgo tuvo lugar el 8 de abril. Francisco Valeriano apareció boca abajo, sobre un plástico y tapado con ramas, a escasos 400 metros de donde se encontró el cuerpo de Rosario. Junto a él había una vela cilíndrica, idéntica a la hallada en la caseta. Tampoco presentaba heridas externas, y se barajó la posibilidad de asfixia o estrangulamiento.

El hallazgo más espeluznante llegó el 24 de mayo, cuando unos niños encontraron el cadáver mutilado de Pilar Ruiz en un canal de riego de Turís. Le faltaban una mano y un pie, que fueron seccionados con una sierra mecánica tras la muerte. El rostro, desfigurado, dificultaba la identificación. Meses antes, el 27 de enero, una vecina de Valencia había encontrado un pie en la calle Alcàsser, hecho que generó alarma social ante la posible presencia de un descuartizador. Solo después se confirmaría que esa extremidad pertenecía a Pilar.

La mutilación de Pilar y la dispersión temporal de los hallazgos convirtieron el caso Macastre en un misterio doloroso y difícil de resolver.

Desde el principio, la investigación del Macastre estuvo marcada por deficiencias, hipótesis múltiples y grandes vacíos. Se consideraron motivos como ajustes de cuentas, consumo de drogas, robos quitados de las manos, o un vínculo sexual malintencionado que se tornó en tragedia, pero ninguna hipótesis resistió el escrutinio.

Algunas pistas y nombres figuraron entre los sospechosos:

  • Un jornalero de Catadau, Miguel V. E., fue apuntado tras reconocer que conocía a Rosario y haber sido visto con ella en un bar. Él negó la implicación.
  • Un individuo conocido como «Wichita», identificado por una llamada anónima al Teléfono de la Droga, fue vinculado mediáticamente al caso, aunque no se le pudo implicar judicialmente.
  • En el juicio del caso Alcàsser se preguntó a Miguel Ricart si tenía alguna participación o conocimiento del Macastre, y si la Guardia Civil lo trasladó a la zona durante la búsqueda de Anglés. Ricart negó toda relación.
  • Conspiraciones y teorías periodísticas han insistido en conexiones entre los dos casos: coincidencia de bar en Catadau, aparición del pie en la calle Alcàsser, número de víctimas y modo escalonado de los hallazgos.

A pesar de las sospechas, nunca hubo imputados ni condenas en el caso Macastre. La causa fue archivada por falta de pruebas.

Paralelismos entre los crímenes

Aunque entre ambos sucesos median casi cuatro años, la investigación periodística y judicial siempre ha señalado coincidencias difíciles de ignorar. Tanto el triple crimen de Macastre como el de Alcàsser ocurrieron en la misma provincia, en áreas próximas, y presentan patrones de violencia y de circunstancias que han alimentado teorías de conexión.

1. Número de víctimas

  • En ambos casos fueron tres adolescentes: dos chicas y un chico en Macastre; tres chicas en Alcàsser
  • La repetición de la cifra y el perfil etario similar (menores entre 14 y 15 años) es uno de los paralelismos más comentados.

2. el escenario de la romana

  • La sierra de Tous se convirtió en un punto en común.
  • En junio de 1989 fueron hallados en La Romana los restos de Pilar Ruiz, la última víctima de Macastre.
  • En enero de 1993, en el mismo paraje, aparecieron los cuerpos de Miriam, Toñi y Desirée.
  • Que ambos casos se vinculen geográficamente al mismo entorno ha generado teorías sobre un conocimiento compartido del terreno por parte de los autores.

3. la dispersión de los cuerpos

  • En Macastre, los cadáveres aparecieron en distintos lugares y momentos: Rosario en una caseta, Francisco en un descampado, Pilar en La Romana.
  • En Alcàsser, aunque las tres niñas fueron halladas juntas en una fosa, hubo indicios de traslados y manipulaciones previas.
  • En los dos casos, la forma de ocultar los cuerpos muestra intención de fragmentar las pistas y complicar la investigación.

4. las mutilaciones

  • Pilar Ruiz fue hallada sin una mano ni un pie, seccionados con sierra mecánica.
  • Una de sus extremidades apareció en un basurero de la calle Alcàsser de Valencia, lo que muchos interpretaron como un macabro guiño o coincidencia imposible.
  • En Alcàsser, las autopsias documentaron fracturas, arrancamiento de uñas y torturas, lo que señala también un ensañamiento deliberado.

5. el consumo de drogas y los bares de la comarca

  • En Macastre, los tres jóvenes habían sido vistos en un bar de Catadau horas antes de desaparecer.
  • En Alcàsser, Antonio Anglés y Miguel Ricart frecuentaban los mismos bares de esa comarca, lo que ha alimentado la teoría de que conocieran de primera mano los escenarios comunes.

6. los nombres de anglés y ricart

  • Aunque nunca fueron imputados por el caso Macastre, diferentes periodistas e investigadores han señalado la posibilidad de que Antonio Anglés y Miguel Ricart estuvieran relacionados.
  • La aparición de una extremidad de Pilar en la calle Alcàsser y la coincidencia posterior de La Romana son elementos que algunos expertos han considerado más que casuales.
  • ABC recogía en 2019 que para muchos agentes y criminólogos «los casos de Macastre y Alcàsser son dos capítulos de una misma historia inconclusa».

La investigación judicial nunca unió oficialmente los dos casos. Macastre permanece sin resolver; Alcàsser tuvo un juicio y condena. Sin embargo, la superposición de escenarios, la coincidencia en el número de víctimas, la sevicia empleada y los nombres que orbitan en torno a ambos sucesos continúan generando debate.

A día de hoy, más de tres décadas después, los dos crímenes siguen presentes en la memoria colectiva valenciana, como si de un hilo invisible se tratase: dos tragedias separadas en el tiempo, pero unidas por coincidencias que resultan difíciles de aceptar como fruto del azar.

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