Imagen tomada este lunes de Diana Morant en la sede del PSPV-PSOE valorando la renuncia de Carlos Mazón

Imagen tomada este lunes de Diana Morant en la sede del PSPV-PSOE valorando la renuncia de Carlos MazónEuropa Press / Rober Solsona

La izquierda estira el chicle de la dimisión de Mazón mientras obvia sus peligros y debilidades en el nuevo contexto político valenciano

PSPV-PSOE y Compromís intentan maximizar el beneficio de la salida del ya presidente en funciones pero sus contextos internos, las encuestas, la desmovilización y que Morant perdiera el 'altavoz' como ministra entrañan notables riesgos

Cuando alguien lleva centrado y concentrado todo un año en lograr un objetivo y finalmente lo consigue, suele ser habitual que haya una gran alegría, cuando no euforia. A raíz de la dimisión del actual presidente de la Generalitat Valenciana en funciones, Carlos Mazón, confirmada el pasado lunes, en la izquierda de la Comunidad ha cundido el primero de los citados sentimientos, pero no así el segundo, algo cuanto menos llamativo tratándose de la salida de un personaje político de primer nivel.

Tanto la líder del PSPV-PSOE, Diana Morant, como su homólogo en Compromís, Joan Baldoví, se han congratulado de la marcha del mandatario, pero le echan en cara que sea «en diferido», por lo que ambos reclaman la disolución de las Cortes autonómicas y la convocatoria inminente de elecciones anticipadas.

Es cierto que el sistema de partidos en general y la elaboración y puesta en público del argumentario orgánico en particular evitan poder estar de acuerdo con el rival. Sin embargo, resulta pertinente señalar los riesgos y los peligros a los que se enfrentarían socialistas y nacionalistas si mantienen su empecinamiento en 'estirar el chicle' de la dimisión de Mazón.

Morant y su agenda oficial

Para comenzar, y siempre y cuando cumpla con su palabra, Morant tendría que abandonar sus responsabilidades como ministra de Ciencia, Innovación y Universidades. Este hecho no es ni mucho menos baladí, ya que llevaría aparejada la pérdida del 'altavoz monclovita' del que se ha valido no solo desde la dana, sino también desde que fue aupada la Secretaría General del PSPV-PSOE en marzo de 2024, para hacer oposición a Mazón, con una agenda oficial plagada de visitas a Castellón, Valencia y Alicante incluida.

En paralelo, su presencia también dejaría de estar en el Congreso de los Diputados y el Senado, donde también le ha lanzado no pocos 'dardos' al jefe del Consell en su particular cruzada contra él. Por tanto, su vuelta a la Comunidad Valenciana no solo le supondría un gran déficit mediático, sino que tendría que labrarse un perfil propio en una tierra donde suma poco conocimiento ciudadano (algo extrapolable al resto de España) con un inconfundible e indudable mimetismo con Pedro Sánchez y todo lo que representa el sanchismo, no precisamente querido ni aplaudido en la región.

Por otra parte, PSPV-PSOE y Compromís han perdido de un 'plumazo' a su enemigo común, un rol encarnado en Carlos Mazón. Por tanto, la amenaza radica en seguir poniendo el foco en su persona cuando actualmente está en funciones y, si hubiera acuerdo entre Partido Popular y Vox, acabaría este mes de noviembre ya como expresidente. En tal caso, no se sabe hasta qué punto calaría positivamente en el electorado pedir volver a votar con un nuevo jefe del Consell y con un Ejecutivo remodelado según su criterio, al igual que izquierda cargara las tintas con la misma intensidad, cuando no agresividad, que lo lleva haciendo desde hace doce meses.

Encuestas favorables al centro-derecha

Ese escenario conllevaría una obligada rebaja del tono en los debates que se produjeran en las Cortes Valencianas y, a su vez, el riesgo de una desmovilización de sus respectivas parroquias a la hora de ser fieles a la hora de depositar, cuando fueran los comicios, sus papeletas en las urnas. Es decir, socialistas y nacionalistas quizás estén en una tesitura: 'Si seguimos tan fuertes igual nos pasamos de rosca y no es bueno para unos, pero si nos calmamos un poco y damos una tregua aunque sea mínima los nuestros se quedarán en casa y no votarán', podrían estar pensando.

Si todo lo anterior no ayuda a la estrategia política llevada a cabo por la izquierda en la Comunidad Valenciana, si a ello se le unen unas encuestas que con Mazón ya mantenía al PSPV-PSOE y Compromís cuatro años más fuera del poder autonómico, quizás cuando salgan los primeros estudios demoscópicos una vez consumada el paso atrás de Mazón, los resultados den aún más ventaja al bloque de centro-derecha.

Finalmente, los dos contextos internos de los partidos que aspiran a dar un vuelco en la Generalitat tampoco son excesivamente esperanzadores para los intereses de ninguno de ellos. De este modo, mientras Sánchez se enfrenta a casos de presunta corrupción que salpican a su entorno familiar más próximo, a su partido y a personas que estuvieron en el Gobierno, la herida orgánica en Compromís sigue sangrando. Y ya no solo en los enquistados enfrentamientos intestinos entre las tres patas de la coalición, sino, y se pudo ver días atrás, con las distintas posturas sobre el modelo de partido que se pretende.

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