Imagen de archivo de Morella, CastellónSAÓ Viajes Naturales

El pueblo castellonense que se alza sobre una roca a más de 1.000 metros y guarda uno de los castillos más imponentes de España

A lo largo y ancho de España laten pequeñas reliquias que parecen detenidas en el tiempo. Pueblos que esconden murallas centenarias, castillos que vigilan desde las alturas, callejuelas de trazado medieval y playas de aguas cristalinas que sorprenden incluso al viajero más curtido. La Comunidad Valenciana atesora varios de esas joyas, dispersas entre la costa y el interior, pero hay uno que sobresale por su historia, su silueta inconfundible y su capacidad para dejar sin palabras a quien lo contempla por primera vez: Morella.

Enclavada en el interior de la provincia de Castellón, la segunda más montañosa de España, Morella se alza sobre una enorme roca que supera los mil metros de altitud y que convierte al pueblo en un auténtico mirador natural de la comarca de Els Ports. Desde lejos, su perfil es inconfundible, con un anillo de murallas perfectamente conservadas rodea el casco histórico, y sobre él, recortándose contra el cielo, se despliega el castillo medieval que corona el cerro como un guardián perpetuo. La imagen, visible desde kilómetros de distancia, es una de las más reconocibles del interior valenciano, un espectáculo pétreo que domina un mar de montañas en lugar de olas.

La orografía de la zona explica buena parte de su belleza. Castellón, situada entre el Mediterráneo y las tierras limítrofes de Tarragona y Teruel, muestra en su interior un paisaje abrupto y rocoso que concentra más del 60 % de su superficie en territorio montañoso. En este entorno agreste se encuentra Morella, capital de Els Ports y punto de unión entre barrancos profundos, cumbres que superan los 1.300 metros y un territorio cargado de historia. Su centro urbano, declarado Conjunto Histórico-Artístico, conserva el encanto original de una villa medieval, con calles empedradas que serpentean hacia la cima, plazas porticadas donde resuena el eco del tiempo, casonas solariegas que cuentan historias familiares y palacetes que recuerdan su pasado de poder y comercio.

Pero si hay un elemento que define a Morella es su castillo, considerado uno de los más importantes del Mediterráneo en su época. Aprovechando la roca natural del cerro, se construyó una fortaleza prácticamente inexpugnable cuya muralla supera los dos kilómetros de perímetro, reforzada por 16 torres y seis puertas que comunicaban el interior con el exterior. Por este enclave pasaron figuras históricas como Abderramán III, el Cid o el Papa Luna, y aquí se libraron batallas que marcaron la historia peninsular, desde la dominación musulmana hasta las guerras carlistas. Aunque ya en época neolítica la montaña estuvo habitada, fueron los romanos quienes dieron forma inicial a la fortificación que más tarde transformarían visigodos, árabes y cristianos.

Imagen del castillo de Morella, CastellónAyuntamiento de Morella

Declarado Monumento Histórico-Artístico en el siglo XX, el castillo conserva espacios cargados de memoria, como el Palacio del Gobernador, las antiguas prisiones, la plaza de Armas o la Torre Celoquia, desde donde se contemplan las vertiginosas vistas de la villa y el paisaje montañoso que la rodea. Desde este punto, Morella parece extenderse como un manto de tejados rojizos que desciende en terrazas hacia los pies del cerro, formando un conjunto único en la geografía española.

El prestigio de Morella no se queda en su patrimonio. La localidad forma parte de la red de los Pueblos más Bonitos de España y está integrada en iniciativas como Viles en Flor o la Asociación de Castillos y Palacios de España. También se incorpora a rutas turísticas de gran relevancia, entre ellas el Camino del Cid, 3 Territoris y la Ruta 3 Reyes. Uno de sus reconocimientos más valiosos llegó en 2021, cuando la ONU la seleccionó para su programa Best Tourism Villages, destacando su apuesta por un turismo sostenible y la protección del patrimonio, así como las políticas locales destinadas a fortalecer la vida comunitaria.

El entorno natural de Els Ports añade un atractivo más a la experiencia, gracias a senderos que atraviesan bosques y barrancos, rutas de montaña que descubren panorámicas sorprendentes y un silencio rural que se agradece. Y como en todo rincón valenciano, la gastronomía juega un papel esencial. La trufa negra del Maestrazgo, considerada un auténtico tesoro culinario, acompaña a las carnes locales y da forma a platos con identidad propia. Recetas como la sopa morellana con buñuelos, los embutidos artesanales, las croquetas de carne de caldo o dulces tradicionales como los flaons y la cuajada completan un viaje que deja huella en todos los sentidos.