Eva, la alicantina que ha denunciado ser torturada y violada por tres argelinos en un narcopiso
«Entré y vi a una mujer casi muerta»: la joven que alertó a la Policía y salvó a Eva del narcopiso de tres magrebíes en Alicante
Laila no sabía a dónde la llevaba Penélope cuando aceptó acompañarla aquella tarde. Creía que iba a su piso, pero acabó entrando en un narcopiso del barrio alicantino de Juan XXIII. Allí, entre humo, drogas y hombres que no conocía, vio aparecer a una mujer con un ojo morado y el cuerpo al límite. Era Eva María, una mujer de 50 años que llevaba siete días secuestrada y torturada por tres argelinos. Esa escena, inesperada y brutal, convirtió a Laila en la única persona capaz de sacarla de allí con vida.
La versión de la joven fue ofrecida a En boca de todos, el programa que presenta Nacho Abad en Cuatro. Allí relató cómo fue conducida hasta la vivienda por Penélope, la misma mujer que una semana antes había llevado a Eva al narcopiso, y cómo, nada más entrar, percibió que el lugar no era un domicilio cualquiera: «Veo un piso, un narcopiso donde ofrecen todo tipo de drogas. A mí no me gustaba ese ambiente, yo me quería ir», dijo Laila ante la cámara. Poco después, añadió, «vi a una mujer con el ojo morado, casi muerta».
Durante las horas siguientes, la presencia de Eva fue la bisagra de la noche. Según explicó la testigo, la mujer no hablaba al principio y salió de la habitación alrededor de dos horas después de la llegada de Laila. Fue entonces cuando ésta se ganó su confianza y, con dificultades y miedo, la víctima le pidió ayuda en voz baja: «Me dijo que estaba secuestrada y que, por favor, hablara con su madre y le dijera que estaba bien pero que estaba secuestrada». Laila, bajo los efectos del alcohol en aquel momento, reconoció que al principio creyó que podía tratarse de una broma, pero la constatación del maltrato disipó cualquier duda: «Me enseñó las partes íntimas que estaban quemadas. Estaba desnutrida, no sé cuánto tiempo estaba sin comer».
La urgencia de actuar
La imagen que describió Laila no deja margen de duda: quemaduras, cortes en el pelo, hematomas y un cuerpo debilitado por la privación de comida y sueño y el maltrato. En el baño, a solas, Eva le mostró a la joven las pruebas de la violencia recibida y le advirtió del riesgo de hablar en voz alta. «El argelino le dijo que se callara, que delante de mí no podía hablar de esas cosas», contó Laila, que entendió la necesidad de moverse con discreción para no provocar represalias.
Selfie del principal acusado por vejar a Eva en Alicante
Sabiendo que solo tendría una oportunidad, Laila improvisó una salida. Les dijo a los argelinos que iba a comprar tabaco y bebida; le pidieron que dejara sus pertenencias, pero ella se negó y aseguró que volvería. Salió a la calle con el teléfono y llamó a la Policía. Reconoció después que solo sabía la referencia del barrio -Juan XXIII- y que faltaban datos precisos de la ubicación, por lo que, hasta que no salió del piso, no pudo hacerse con la dirección exacta que condujera a la liberación de Eva.
Laila señaló a los agentes el bloque donde se encontraba el narcopiso y el operativo se activó de inmediato. Cuando la Policía irrumpió en la vivienda, halló a Eva convulsionando, con fiebre alta y lesiones que exigieron su traslado urgente al hospital. En el interior fueron detenidos los tres argelinos que se encontraban en el piso. Tal y como adelantó El Debate, el presunto cabecilla es Hamza, un hombre con antecedentes por delitos violentos. Durante la detención, recordó Laila, uno de los arrestados no dejaba de gritar: «Yo no sabía nada, yo no he hecho nada». Era el final de una semana de terror y el comienzo de la reconstrucción para Eva, salvada gracias a la decisión de una joven que se negó a mirar hacia otro lado.