Imagen de archivo de una poza de nieve de Alicante
La escapada perfecta en invierno: el pueblo con el castillo árabe más alto de Alicante que todavía conserva sus pozas de nieve
La oferta turística de la Comunidad Valenciana va mucho más allá del sol y la playa. Cuando llega el invierno, el interior se convierte en un escenario perfecto para escapadas tranquilas, con pueblos cargados de historia, paisajes de montaña y rutas que permiten descubrir tradiciones casi olvidadas. En la provincia de Alicante, existe un pequeño municipio que encaja a la perfección en este tipo de viaje diferente: un lugar discreto, rodeado de montañas, donde aún se conservan antiguos pozos de nieve que hablan de un pasado marcado por el hielo.
Ese pueblo es Benifato, situado en el interior de la Marina Baixa, a los pies de la sierra de Aitana y en pleno valle de Guadalest. Su entorno montañoso y su altitud explican por qué durante siglos fue un enclave fundamental para una actividad hoy desaparecida pero fundamental durante generaciones: la recogida y el comercio de la nieve. Las nevadas y el frío de estos días ayudan a imaginar cómo era la vida cuando el hielo era un bien imprescindible, mucho antes de la llegada de la electricidad y los sistemas modernos de refrigeración.
¿Qué son los neveros?
Desde el siglo XVI comenzaron a construirse en estas montañas los llamados pozos de nieve o neveros, grandes estructuras excavadas o levantadas en piedra donde se almacenaba la nieve del invierno. Allí se prensaba, se convertía en bloques de hielo y se aislaba cuidadosamente con paja y telas para conservarla durante meses. Ese hielo tenía un enorme valor, tanto por su uso médico, ya que se empleaba para aliviar fiebres, detener hemorragias o como rudimentario anestésico, como por su función alimentaria, especialmente para conservar pescado y otros productos perecederos que llegaban a la costa.
Imagen de archivo de una poza de nieve de Benifato, Alicante
Durante casi cinco siglos, muchas familias de Benifato y de la sierra de Aitana trabajaron en este oficio duro y estacional. El transporte del hielo se realizaba de noche, cargado sobre mulos y caballos, para evitar que el calor arruinara la mercancía antes de llegar a los pueblos y ciudades del litoral. Con la aparición de las primeras fábricas de hielo a finales del siglo XIX y los cambios climáticos que redujeron las grandes nevadas, esta actividad fue perdiendo sentido hasta desaparecer definitivamente en la década de 1930.
Benifato conserva hoy algunos de los ejemplos más interesantes de este patrimonio del hielo en la provincia de Alicante. Repartidos por su término municipal, muchos de ellos se encuentran vinculados a antiguas rutas de transporte hacia la costa. Destaca especialmente uno de los mejor conservados, una gran nevera del siglo XVII que llegó a abastecer a la ciudad de Alicante y que aún permite apreciar la magnitud de estas construcciones.
Otros pozos, también muy antiguos, conservan elementos como los muelles de carga para animales o su estructura circular casi intacta. En la umbría de Aitana aparece otro de gran capacidad, capaz de almacenar cientos de metros cúbicos de nieve, mientras que el paisaje se completa con formas más singulares, como ventisqueros abiertos que aprovechaban las corrientes de aire para acumular la nieve de manera natural.
Más allá de este legado, Benifato es un destino que invita a disfrutar del invierno con calma. Su casco urbano mantiene el trazado de origen medieval y árabe, con calles estrechas, empinadas y llenas de rincones con encanto. A lo largo del paseo aparecen pequeñas fuentes de piedra y un lavadero tradicional que aún conserva agua fresca y cristalina. En el centro del pueblo sobresale la iglesia de San Miguel Arcángel, con la particularidad de tener el campanario separado del cuerpo principal, y muy cerca se encuentran las plazas que articulan la vida cotidiana del municipio.
En los alrededores, las ruinas del castillo de Alfofra recuerdan el pasado defensivo de la zona. Situado sobre una peña y considerado el castillo árabe más alto de la provincia, ofrece unas vistas espectaculares del valle y de la sierra, especialmente impresionantes en días fríos y despejados. El entorno natural se completa con barrancos, fuentes, formaciones geológicas singulares y pequeñas reservas de flora y fauna protegida que refuerzan la sensación de estar en un territorio poco alterado.