Imagen de archivo de las celebraciones de San Antoni en Vilanova d'Alcolea, Castellón

Imagen de archivo de las celebraciones de San Antoni en Vilanova d'Alcolea, CastellónTurismo Comunidad Valencia

La fiesta de Sant Antoni más singular de la Comunidad Valenciana: jinetes y caballos cruzando calles en llamas

Esta celebración de un pueblo castellonense está considerada Fiesta de Interés Turístico Provincial y tiene más de siete siglos de antigüedad

La Comunidad Valenciana cuenta con un calendario festivo tan diverso como singular, en el que cada municipio imprime su carácter propio a celebraciones que se han transmitido de generación en generación. Desde la popular Tomatina de Buñol en pleno verano hasta la batalla de harina de Els Enfarinats de Ibi cada 28 de diciembre, las tradiciones valencianas forman un mosaico cultural único. Y aunque este fin de semana muchas localidades valencianas y de otros puntos de España rinden homenaje a San Antonio Abad con actos en los que el fuego y los animales son protagonistas, existe un pequeño pueblo de Castellón que vive esta festividad de una manera especialmente intensa y diferente.

En Vilanova d’Alcolea, la llegada de San Antoni marca uno de los momentos más esperados del año. A mediados de enero, siempre coincidiendo con el fin de semana, el municipio se transforma y sus calles se llenan de vecinos y visitantes atraídos por una celebración que combina devoción, espectáculo y una fuerte carga simbólica. No es una fiesta reciente ni improvisada, sino una tradición con raíces profundas que hunde sus orígenes en la Edad Media y que ha sabido conservarse con fidelidad al paso de los siglos.

Imagen de la celebración de la fiesta de San Antonio Abad de Vilanova d'Alcolea, Castellón

Imagen de la celebración de la fiesta de San Antonio Abad de Vilanova d'Alcolea, CastellónTurismo Comunidad Valencia

La primera referencia de la fiesta de San Antonio a las comarcas de Castellón se remonta en el siglo XIV, según los documentos del sínodo del obispo de Tortosa Francesc de Paholach, realizado en 1311. Desde entonces y a lo largo de casi siete siglos es indiscutible la entidad religiosa de esta fiesta cristiana o cristianizada, que se sitúa bajo la advocación de San Antonio Abad, popularmente conocido como «Sant Antoni del Porquet».

Cuando cae la tarde, el fuego comienza a dominar el paisaje urbano. La gran hoguera, encendida por los mayorales, actúa como punto de partida de una noche cargada de emoción. A partir de ese momento, el pueblo entero se convierte en escenario de uno de los rituales más singulares de la provincia: una procesión nocturna en la que las caballerías avanzan entre llamas, atravesando las hogueras dispuestas a lo largo del recorrido. El estandarte del santo abre paso a un cortejo que desafía al fuego en una imagen tan ancestral como sobrecogedora, donde se funden la tradición cristiana de veneración a San Antonio Abad y antiguos ritos ligados al solsticio de invierno.

El fuego, lejos de ser un mero elemento decorativo, simboliza la purificación y la protección, mientras los animales, bendecidos durante la jornada, refuerzan el carácter popular de una fiesta dedicada al conocido como Sant Antoni del Porquet. La escena, en plena noche invernal, adquiere una fuerza especial gracias al contraste entre el frío y el calor de las llamas, en un espectáculo que impresiona tanto a quienes lo viven por primera vez como a los propios vecinos, que lo sienten como parte de su identidad.

Imagen de la celebración de la fiesta de San Antonio Abad de Vilanova d'Alcolea, Castellón

Imagen de la celebración de la fiesta de San Antonio Abad de Vilanova d'Alcolea, CastellónTurismo Comunidad Valencia

Tras la procesión, la tensión y la emoción se trasladan a una antigua carrera de caballos cuyo inicio es tan imprevisible como su recorrido. Los jinetes, sin montura y guiados únicamente por la tradición, emprenden una carrera sin trayecto marcado, buscando regresar al punto acordado por cualquier camino. Allí les espera el reparto de las tradicionales cocas bendecidas, un momento que pone a prueba la destreza y la complicidad entre jinete y animal. El premio, fiel a la tradición, sigue siendo un pollo vivo, símbolo de la victoria y del vínculo entre la fiesta y el mundo rural.

La celebración continúa con música, baile y nuevas carreras al día siguiente, tras la misa en honor al santo, completando un fin de semana en el que Vilanova d'Alcolea se convierte en punto de encuentro para miles de personas. No es de extrañar que esta festividad haya sido reconocida como Fiesta de Interés Turístico Provincial, ni que el municipio sea considerado destino turístico gracias a una tradición que atrae a más de dos mil visitantes cada año.

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