Uno de los edificios modernistas de la ciudad de Alcoy, Alicante
Ni Barcelona ni Valencia: el pueblo alicantino que esconde una de las joyas modernistas más singulares de España
La Comunidad Valenciana es un territorio que guarda tesoros forjados a lo largo de siglos de historia. Castillos que vigilan antiguos caminos, murallas levantadas para resistir invasiones, iglesias renacentistas que custodian reliquias y retablos, y pueblos donde cada piedra parece tener algo que contar.
Más allá de los grandes iconos patrimoniales, existen joyas menos evidentes que esperan al viajero atento, espacios donde la cultura y la memoria colectiva se entrelazan de forma silenciosa. Entre ellas, el modernismo ocupa un lugar especial, como testimonio de una época de prosperidad, cambio social y ambición estética que también dejó huella en rincones inesperados.
Siglos de historia en Alcoy
Uno de esos lugares es Alcoy, un municipio del interior de Alicante que esconde uno de los conjuntos modernistas más singulares de España. Antes de que sus fachadas se llenaran de hierro forjado, mosaicos y líneas sinuosas, la ciudad ya estaba marcada por la historia y la leyenda. En tiempos de Jaime I, Alcoy fue escenario de un episodio que aún hoy late en su identidad: la tradición cuenta que, durante el asedio del caudillo moro Al-Azraq, San Jorge apareció para proteger la ciudad. Aquel relato, situado entre la fe y el mito, se transformó con el paso de los siglos en las fiestas de Moros y Cristianos, una de las celebraciones más reconocidas del país, declarada de Interés Turístico Internacional, que cada primavera convierte las calles en un desfile de memoria, música y pólvora.
Pero Alcoy es mucho más que su fiesta. Rodeada de montañas y atravesada por barrancos y ríos, su historia está íntimamente ligada al agua. Esa fuerza natural impulsó desde muy pronto una intensa actividad industrial, especialmente en el ámbito textil, que convirtió a la ciudad en uno de los grandes motores económicos de la España del siglo XIX. La industrialización trajo consigo una nueva burguesía que no solo transformó la economía, sino también el paisaje urbano. A finales de ese siglo y comienzos del XX, Alcoy empezó a reinventarse a través de la arquitectura, adoptando el modernismo como lenguaje para expresar progreso, identidad y prestigio.
Mientras en otros lugares el modernismo se asocia casi de forma exclusiva a Barcelona o Valencia, en Alcoy encontró una personalidad propia. Las nuevas construcciones y reformas incorporaron materiales ligados a la Revolución Industrial, como el hierro y el cristal, combinados con piedra, cerámica y madera. Las fachadas se llenaron de motivos vegetales, símbolos geométricos y balcones trabajados con una delicadeza que aún hoy sorprende. Esta transformación dio lugar a un patrimonio excepcional, integrado por alrededor de sesenta edificios levantados o remodelados en apenas dos décadas.
Fachada modernista de la Casa del Pavo en Alcoy, Alicante
Entre todos ellos destaca una joya que se ha convertido en símbolo del modernismo alcoyano: la Casa del Pavo. Construida en 1908 por el arquitecto Vicente Pascual Pastor, es una vivienda privada que resume como pocas el espíritu de aquella época de esplendor. Su nombre procede del elemento más llamativo de la fachada, un pavo que corona los dinteles de las puertas, acompañado de un exquisito trabajo en forja, miradores acristalados y un remate de mosaico que aporta color y movimiento al conjunto. El edificio fue también el estudio del pintor Fernando Cabrera Cantó, uno de los grandes nombres del arte alcoyano, lo que refuerza su valor cultural.
La Casa del Pavo no está sola. Muy cerca se alza el Círculo Industrial, antiguo punto de encuentro de la burguesía local, cuya fachada combina influencias centroeuropeas del movimiento Secesión con detalles art nouveau y art déco. En su interior, los salones y la biblioteca conservan una elegancia que remite directamente a la vida social de principios del siglo XX. Otros edificios, como el antiguo parque de bomberos o el actual Conservatorio de Música y Danza, muestran cómo el modernismo impregnó tanto espacios residenciales como instalaciones públicas y servicios urbanos.
Interior de una casa modernista de Alcoy, Alicante
Este conjunto arquitectónico puede recorrerse hoy a través de la Ruta del Modernismo, integrada en la Ruta Europea del Modernismo, un itinerario que permite entender la estrecha relación entre el desarrollo industrial, la nueva clase social y la expresión artística. El paseo por calles como Sant Nicolau, Sant Llorenç o el entorno del antiguo cauce del río revela un diálogo constante entre estilos, con arquitectos como Vicente Pascual Pastor y Timoteo Briet Montaud dando forma a dos miradas complementarias: una más ornamental y cercana al art nouveau, y otra más sobria y geométrica, influida por las corrientes centroeuropeas.
Cada año, a finales de septiembre, Alcoy vuelve la vista a ese pasado con la celebración de su Feria Modernista. Durante varios días, la ciudad revive la atmósfera de principios del siglo XX con rutas guiadas, actividades culturales, visitas teatralizadas y propuestas gastronómicas que invitan a redescubrir su patrimonio desde una mirada contemporánea. Es la confirmación de que el modernismo no es solo un legado arquitectónico, sino una parte viva de la identidad alcoyana.
En un pueblo donde la historia medieval convive con la memoria industrial y la creatividad artística, el modernismo emerge como una joya discreta pero deslumbrante. Alcoy demuestra que, más allá de los grandes focos turísticos, la Comunidad Valenciana guarda rincones capaces de sorprender, emocionar y contar historias que siguen resonando en sus calles.