Imagen del castillo de Montesa, ValenciaTurismo Comunidad Valencia

El pueblo de Valencia que fue independiente de los Reyes Católicos y respondía ante una poderosa orden militar

Durante siglos, esta villa enclavada en el interior de la provincia vivió bajo una autoridad distinta a la del resto del Reino de Valencia

La Comunidad Valenciana atesora siglos de historia en los que se han sucedido civilizaciones muy diversas, desde íberos y romanos hasta musulmanes y cristianos, dejando un legado que todavía hoy se reconoce en castillos encaramados a las montañas, yacimientos arqueológicos, trazados urbanos medievales y tradiciones que han llegado intactas hasta nuestros días. Este territorio, cruce de caminos y escenario de conquistas y pactos, guarda pueblos donde el pasado no solo se explica, sino que se percibe en cada rincón y en cada piedra.

En el interior de la provincia de Valencia, dentro de la comarca de la Costera, Montesa se alza sobre un cerro como una silueta inconfundible que domina el paisaje. Su imagen fortificada no es casual, ni tampoco lo es su singular trayectoria histórica. Durante siglos, esta villa vivió bajo una autoridad distinta a la del resto del Reino de Valencia, vinculada a una de las órdenes militares más influyentes del Mediterráneo occidental. Pasear hoy por Montesa es recorrer un lugar donde el poder no emanaba directamente de la Corona, sino de una institución que marcó su desarrollo político, económico y social.

Imagen del castillo de Montesa en la antigüedadGVA

El corazón del pueblo se articula en torno a la plaza de la Vila, un espacio que concentra algunos de los edificios más representativos. Allí se encuentran la Casa de la Vila y la iglesia parroquial de la Asunción, un templo del siglo XVII construido cuando se decidió sustituir la antigua iglesia de época de conquista. Muy cerca, el Museo Parroquial custodia piezas artísticas y restos góticos procedentes del castillo-convento, testigos de la importancia que tuvo Montesa como centro religioso y administrativo. El trazado del casco antiguo, con calles estrechas que se adaptan a la pendiente y fachadas adornadas con retablos cerámicos y escudos, conserva una atmósfera serena y auténtica, en la que el tiempo parece avanzar a otro ritmo.

Sobre el pueblo se impone el Castillo de Montesa, auténtico emblema de la localidad. Esta fortaleza gótica del siglo XIII se levantó sobre restos mucho más antiguos, de origen ibérico y romano, y alcanzó su máximo esplendor cuando Jaime II la cedió en 1319 a la recién creada Orden de Santa María de Montesa. A partir de ese momento, la villa dejó de depender directamente del realengo y pasó a integrarse en el mayor señorío del Reino de Valencia, que llegó a englobar más de medio centenar de poblaciones. El castillo se convirtió en sede conventual y centro de poder de la orden, siguiendo en su diseño las pautas del gótico valenciano y de los monasterios cistercienses, con estancias como la sala capitular, el refectorio y la iglesia protegidas por una sólida muralla.

Restos del Castillo de Montes, ValenciaTurismo Comunidad Valencia

La Orden de Montesa

La Orden de Montesa nació tras la desaparición de los templarios, fruto de una compleja negociación entre la Corona de Aragón y el papado para reagrupar bienes y garantizar la defensa del territorio valenciano frente a posibles amenazas musulmanas. Desde Montesa, los monjes-caballeros ejercieron una notable influencia política y social, formando parte destacada de la nobleza valenciana y ocupando cargos relevantes en las instituciones del reino. El maestre de la orden tenía incluso un lugar privilegiado en las Cortes Valencianas, solo por detrás del arzobispo de Valencia en el brazo eclesiástico.

El terremoto de 1748 marcó un antes y un después en la historia del castillo. Los graves daños obligaron a trasladar la sede de la orden a Valencia, al palacio del Temple, y el recinto fortificado inició un lento proceso de abandono. Aun así, sus ruinas conservan una poderosa capacidad evocadora, y en la actualidad es posible recorrer algunas de sus dependencias y comprender la magnitud del conjunto. En verano, además, el castillo recupera protagonismo como escenario cultural, acogiendo conciertos nocturnos que combinan música, patrimonio y paisaje.

Más allá del núcleo urbano, Montesa ofrece un entorno natural que completa la experiencia. El Barranc de la Fosch, en plena Serra Grossa, despliega barrancos, antiguos caminos, casas diseminadas y una rica biodiversidad, con vistas privilegiadas al castillo recortado sobre el horizonte. A ello se suman ermitas como la del Calvario o la de la Santa Creu, y rutas que conducen hasta la Cova de la Nevera, antiguo refugio utilizado para conservar el hielo. Estos espacios invitan a caminar sin prisa y a entender la estrecha relación entre el pueblo y su territorio.

La vida de Montesa también se expresa a través de sus tradiciones, que siguen marcando el calendario local. La hoguera de San Sebastián en enero, las fiestas patronales a finales de agosto o las celebraciones de Moros y Cristianos en torno al 9 de octubre recuerdan que la historia no es solo pasado, sino una herencia viva. Montesa es, en definitiva, un pueblo donde la huella de una poderosa orden militar explica un pasado singular, y donde el visitante descubre que, durante siglos, aquí se vivió bajo unas reglas propias, en un rincón del antiguo Reino de Valencia que supo forjar su identidad entre murallas, campos y memoria.