Imagen de archivo de un vehículo de la Policía Nacional en Valencia.

Imagen de archivo de un vehículo de la Policía Nacional en Valencia.El Debate

Crimen en familia en el edificio maldito de Valencia: segundo asesinato en la misma comunidad de vecinos

Un hombre mata a otro inquilino con la ayuda de sus padres en una riña por ruidos en el mismo inmueble donde ya se perpetró otra muerte violenta hace ocho años

El número 14 de la calle Gavarda, en el barrio valenciano de Benimámet, vuelve a ser escenario de la tragedia. Ocho años después de un parricidio que conmocionó a los vecinos, la misma finca ha registrado un nuevo crimen. Este domingo 22 de febrero, un hombre murió tras ser brutalmente agredido por un vecino de origen rumano con la colaboración de sus padres, en lo que supone el segundo asesinato en la misma comunidad de propietarios en menos de una década.

La víctima, identificada como Juan Carlos, de 58 años, falleció desangrada tras recibir numerosas puñaladas, en el marco de una disputa vecinal que se arrastraba desde hacía tiempo. El crimen se produjo en plena escalera del edificio y culmina una convivencia marcada por los enfrentamientos y las llamadas policiales previas por ruidos y comportamientos incívicos.

Una riña vecinal que terminó en asesinato

Los hechos ocurrieron alrededor de las 15.30 horas del domingo 22 de febrero de 2026 en el interior del inmueble. Según los primeros datos de la investigación, el presunto autor material del crimen, que reside en la puerta 8, atacó a Juan Carlos, vecino de la puerta 5, con la ayuda de sus padres. La agresión se produjo tras una disputa vecinal prolongada en el tiempo.

Juan Carlos había solicitado en numerosas ocasiones la intervención policial por las molestias constantes y comportamientos incívicos de sus presuntos asesinos. Sin embargo, la situación nunca llegó a reconducirse y desembocó este domingo en una agresión mortal.

Tras el ataque, el teléfono de Emergencias 112 recibió una llamada alertando de que un hombre se encontraba en las escaleras del edificio gravemente herido y se estaba desangrando. Hasta el lugar se desplazaron patrullas de la Policía Nacional, Policía Local y medios sanitarios. La gravedad de la herida en el cuello impidió que los facultativos pudieran salvarle la vida.

El presunto autor no huyó. Tras cometer el crimen, se refugió en su domicilio, donde esperó la llegada de los agentes para ser detenido minutos después. Efectivos del Grupo de Homicidios y de la Policía Científica realizaron la inspección ocular y recogieron pruebas en la escena del crimen. Horas después, los padres también fueron detenidos por su presunta colaboración en el asesinato.

El parricidio de 2018: un brote psicótico

No es la primera vez que la finca del número 14 de la calle Gavarda queda marcada por la violencia extrema. En 2018, en la puerta 2 del mismo edificio, se produjo un parricidio que dejó una profunda huella en el barrio.

El autor fue Iván R. C., un joven de 25 años que hasta entonces era descrito como educado y poco problemático. Sin embargo, atravesaba un grave empeoramiento de su salud mental, con comportamientos huraños y depresivos. Presentaba signos de un trastorno psiquiátrico y había manifestado ideas suicidas. Un mes antes del crimen fue llevado por su familia al Hospital Arnau de Vilanova, donde, pese a la petición de ingreso, se optó por una cita ambulatoria con el psicólogo que el joven decidió no atender.

La madrugada del sábado 13 de mayo de 2018, el joven sufrió un brote psicótico. Entró en el dormitorio donde dormían su madre, Mari Carmen Coronas, de 50 años, y la pareja sentimental de esta. Sin mediar palabra, apuñaló a su madre por la espalda con un cuchillo de cocina, seccionándole la aorta y perforándole un pulmón, lo que le causó la muerte casi instantánea.

Después intentó degollar a su padrastro, que logró sobrevivir tras un forcejeo, aunque sufrió heridas graves con cortes profundos en el cuello. El episodio terminó con el propio Iván intentando suicidarse, primero tratando de degollarse y después intentando arrojarse desde la azotea del edificio, a la que no pudo acceder porque no tenía las llaves.

Ocho años después, la sombra de aquel crimen vuelve a proyectarse sobre la misma escalera. La finca de la calle Gavarda suma ya dos muertes violentas en menos de una década, dejando a sus vecinos marcados por una historia negra que parece resistirse a desaparecer.

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