Colonia felina de Tabarca

Colonia felina de TabarcaLos gatos de Tabarca, vía Facebook

Tabarca, la isla habitada más pequeña de España, alerta de un grave conflicto vecinal por la gestión de una colonia de gatos

Residentes del enclave alicantino trasladan al Ayuntamiento su preocupación por el clima de tensión y piden medidas para restablecer la convivencia

A 22 kilómetros de la ciudad de Alicante, frente al cabo y el puerto de Santa Pola, se alza Isla de Tabarca, la isla habitada más pequeña de España. Con apenas 30 hectáreas de superficie y 51 habitantes censados en 2019, este núcleo, oficialmente barrio de Alicante, ha hecho llegar al Consistorio su «profunda preocupación» por el deterioro del clima social en la comunidad.

Los vecinos registraron el pasado mes de enero un escrito titulado «Comunicado público del pueblo de Tabarca» en el que describen una situación que, a su juicio, está afectando de forma grave a la convivencia, la tranquilidad y el bienestar de los isleños. El documento no habla de hechos aislados, sino de un conflicto que, según los firmantes, se ha prolongado en el tiempo y ha generado un ambiente de tensión continuada.

El origen de la controversia se sitúa en la gestión de la colonia felina del núcleo habitado. En el escrito, varios residentes sostienen que en los últimos meses se han producido acusaciones infundadas, episodios de hostigamiento, difusión de información falsa y comportamientos intimidatorios por parte de la persona que se encarga del cuidado de los gatos.

Los vecinos aseguran, además, que desconocen si esta persona ha sido designada formalmente por el Ayuntamiento para desempeñar esa función, ya que, según indican, no dispone de acreditación oficial. Esta falta de claridad administrativa, afirman, alimenta la incertidumbre y agrava el conflicto.

Grabaciones sin consentimiento

El comunicado denuncia también la difusión de contenidos en redes sociales, especialmente en una página denominada «Los Gatos de Tabarca», donde, según el texto remitido al Ayuntamiento, se estarían atribuyendo a distintos vecinos conductas o responsabilidades que consideran falsas. Los firmantes sostienen que estas publicaciones dañan la imagen y el honor de personas concretas del pueblo y amplifican el conflicto más allá del reducido ámbito insular.

La isla de Tabarca presume de un buen número de galardones

Una de las calles de la isla Nueva Tabarca

El documento recoge igualmente la existencia de supuestos episodios de acoso, enfrentamientos verbales e incluso intentos de agresión física, tanto en la vía pública como en entornos digitales. Algunos residentes mencionan grabaciones de audio y vídeo realizadas sin consentimiento que, siempre según el escrito, habrían sido utilizadas con fines intimidatorios o manipuladores.

Para una comunidad de apenas medio centenar de habitantes permanentes, donde la vida cotidiana se desarrolla en calles estrechas dentro de un recinto amurallado del siglo XVIII, cualquier fricción personal tiene un impacto directo y difícil de diluir. La cercanía física y social convierte los desacuerdos en problemas estructurales si no se encauzan con rapidez.

Petición de intervención

Los vecinos subrayan que el conflicto no gira en torno al cuidado de los animales. De hecho, recalcan que los tabarquinos han mostrado históricamente compromiso con el bienestar animal y rechazan que el estado de salud de los gatos se utilice para señalar o desacreditar a ciudadanos concretos.

Gatos en la isla de Tabarca

Gatos en la isla de TabarcaLos gatos de Tabarca, vía Facebook

El objetivo del escrito, explican, es trasladar una postura común y solicitar la intervención institucional para restablecer la convivencia y evitar una escalada mayor. También muestran su inquietud por publicaciones en redes sociales que, según afirman, cuestionan la integridad de cuerpos policiales y administraciones públicas, lo que, a su entender, contribuye a generar desconfianza.

La isla ha sufrido un acusado descenso demográfico desde los años setenta, cuando superaba los 200 habitantes. La falta de servicios, la precariedad económica y la dependencia del turismo estacional han reducido de forma progresiva la población estable. En ese contexto, cualquier deterioro de la convivencia adquiere una dimensión crítica.

A la espera de una respuesta formal del Ayuntamiento de Alicante, los residentes confían en que la mediación institucional permita rebajar la tensión y recuperar el equilibrio en un enclave donde la buena convivencia en comunidad no es una opción, sino una condición inevitable.

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