Imagen de uno de los arroces cocinados a leña de naranjo en el restaurante Poble Nou del Roig Arena
Poble Nou, el restaurante de Juan Roig que arrasa en Valencia con su paella cocinada a leña
El local, que acumula una larga lista de espera, forma parte de la oferta gastronómica del Roig Arena
En el interior del Roig Arena, el pabellón multiusos impulsado por Juan Roig, hay un restaurante que se ha convertido en destino en sí mismo. Se llama Poble Nou y su propuesta, centrada en la paella cocinada a leña de naranjo, ha generado listas de espera apenas unos meses después de su apertura.
Inaugurado en septiembre tras más de cinco años y medio de obras del recinto, el Arena aspira a recibir en 2026 hasta 1,5 millones de asistentes a eventos deportivos, culturales y corporativos. Pero más allá del espectáculo, la restauración se ha planteado como uno de los pilares estratégicos del proyecto: una oferta concebida para poner el foco en el producto y la identidad valenciana.
El proyecto gastronómico de Miguel Martí
La responsabilidad de diseñar y gestionar toda la propuesta culinaria recae en Miguel Martí, cocinero y empresario especializado en grandes eventos, con una trayectoria vinculada desde hace años a la familia Roig. Fue el propio Juan Roig quien le confió la dirección gastronómica del recinto cuando comenzó a gestarse el proyecto del nuevo pabellón.
La acogida de Poble Nou ha superado todas las previsiones iniciales. En apenas unos meses, el volumen de arroz consumido ha desbordado los cálculos realizados para todo el ejercicio, impulsado por el hecho de que más del 95% de las mesas opta por alguno de los arroces de la carta.
El restaurante trabaja con variedades como carnaroli y albufera producidas en exclusiva por Molino Roca, y el ritmo de consumo registrado desde la apertura confirma el éxito de una propuesta que ha convertido el arroz en el eje absoluto de la experiencia gastronómica.
La apuesta por cocinar paellas a leña en el interior de un recinto con capacidad para hasta 20.000 personas en eventos culturales implicó un importante desafío técnico y logístico. La propuesta, que contemplaba el uso de leña de naranjo para reforzar la autenticidad del plato, fue asumida desde el inicio como uno de los elementos diferenciales del proyecto gastronómico del recinto.
La apuesta obligó a desarrollar un sistema específico de extracción de humos y climatización, así como un paellero diseñado a medida con capacidad para ocho fuegos, que permite regular la altura y el tiro del humo. El objetivo: garantizar autenticidad sin renunciar a la seguridad ni a la operatividad del recinto.
Poble Nou cuenta con capacidad para 150 comensales y vistas directas a la pista. En días de grandes eventos, el espacio se reserva a miembros de un club exclusivo, mientras que el resto del año funciona como restaurante abierto al público.
El enigma del socarrat
Más allá del fuego, el proyecto ha incorporado una vertiente técnica poco habitual en la cocina tradicional. El equipo trabaja asesorado por un ingeniero agroalimentario para controlar tiempos y medidas con precisión y reducir la subjetividad en la elaboración.
En colaboración con la Universidad de Valencia, han investigado incluso el proceso del socarrat. El punto óptimo se logra interrumpiendo la cocción cuando el arroz está a punto de terminarse, enfriando la paella en un sistema diseñado a tal efecto y devolviéndola después brevemente al fuego para obtener tres texturas diferenciadas sin que el grano se queme.
La cocina es vista y el ritual de añadir el arroz al caldo forma parte de la experiencia: los comensales son invitados a participar en el gesto, una práctica que ha generado una inesperada repercusión en redes sociales.
Carta, precios y producción propia
El ticket medio en Poble Nou ronda los 60 euros. La carta incluye cinco arroces, entre ellos el de cocido, el de marisco o la paella valenciana deshuesada, además de tres fideuás y platos tradicionales como sepia, esgarraet o titaina. En los postres destacan elaboraciones como el pijama o helados artesanos producidos en el propio recinto.
La producción «in house» es otra de las señas de identidad del proyecto. Dentro del Arena se ha habilitado una gran cocina central que abastece tanto a los restaurantes como a los palcos y eventos corporativos. Allí se elabora el pan, incluido uno de masa madre que se termina a la brasa, los caldos diarios para los arroces, la pastelería y una media de 5.500 croquetas semanales.
Imagen del interior del restaurante Poble Nou de Roig Arena
El complejo mantiene una plantilla fija de 54 cocineros, que se amplía en jornadas de alta demanda, y permanece abierto los 365 días del año, incluso cuando no hay partido o concierto.
La propuesta gastronómica del Arena se completa con otros espacios como Ultramarinos Roig y El Mercat, concebidos para un público más amplio y con precios ajustados, pero igualmente centrados en proveedores locales y producto de proximidad.
Martí define el concepto global como «lujo inteligente», una idea que se traduce en detalles como una bodega con más de 200 referencias en la que llevan invirtiendo cinco años, copas Riedel, cubertería diseñada por Pininfarina o vajilla artesanal con símbolos valencianos.
El planteamiento del equipo gastronómico pasa por ofrecer una experiencia que trascienda el mero acto de comer. En un recinto concebido para el espectáculo y el deporte, la restauración se integra como parte del propio acontecimiento, con la intención de que el público asocie la visita no solo al evento, sino también a una propuesta culinaria diferencial.
En ese cruce entre identidad local, ingeniería culinaria y ambición empresarial, Poble Nou se ha consolidado como uno de los nuevos focos gastronómicos de Valencia, demostrando que, incluso dentro de un pabellón deportivo, la paella sigue siendo protagonista.