Imagen de la entrega del retrato pintado por Charo Marín al Papa León XIV
El retrato del Papa de una pintora valenciana que León XIV colgará en sus aposentos: «Yo estaba temblando»
Charo Marín fue recibida en el Vaticano después de que su Santidad viera la obra a través de una foto y se interesase por ella
El arte valenciano ha llegado hasta el corazón del Vaticano. Un retrato del Papa pintado por una artista de la Comunidad Valenciana ha terminado en manos del Pontífice tras un inesperado recorrido que comenzó en un estudio de pintura y acabó en una audiencia personal. La historia tiene algo de casualidad, de intuición artística y de ese largo camino que a veces recorren las obras antes de encontrar su destino definitivo. La protagonista es Charo Marín, pintora valenciana con una amplia trayectoria, autora de un retrato del actual pontífice, León XIV.
Según ha contado la propia artista a El Debate, todo empezó casi como una intuición. «Cuando nombraron el nuevo Papa y lo vi en la televisión, me pareció una persona con mucha luz, muy especial», explica. Aquella primera impresión despertó en ella el deseo de pintarlo, aunque reconoce que normalmente no trabaja así: «Me dio un buen pálpito y hacer el retrato, aunque yo nunca hago eso sin ver primero a la persona».
Retrato del Papa León XIV de la pintora valenciana Charo Marín
El cuadro comenzó entonces un viaje inesperado. Marín lo envió a Roma para formar parte de una exposición colectiva dedicada a los papas, un proyecto itinerante por Italia que todavía no ha llegado a celebrarse por su complejidad organizativa. La obra quedó en la capital italiana y, durante un tiempo, ni siquiera regresó a manos de su autora. Fue entonces cuando intervino una cadena de casualidades que terminaría llevando el retrato hasta el propio Pontífice.
Un sacerdote de una iglesia romana vio el cuadro y se interesó por él. Ante la dificultad para localizar la obra en medio de los preparativos de la exposición, el párroco decidió implicarse personalmente en su búsqueda y le dijo a Marín que aprovecharía una audiencia con el Papa para enseñarlo. Lo que ocurrió después sorprendió a la artista. «De repente me dice: ‘El Papa lo ha visto y le ha encantado, quiere tener el cuadro’».
A partir de ese momento comenzó una gestión formal desde el Vaticano para conocer más detalles de la obra y de su autora. Le solicitaron documentación, información sobre el cuadro y sus medidas y hasta su Currículum Vitae.
Quería donarle la obra al Papa, sentía que el cuadro era de élPintora valenciana
La pintora tenía claro desde el principio cuál debía ser el destino de la obra. «Fue todo un periplo, pero yo quería donarle la obra al Papa, sentía que era de él», explica. Finalmente, tras meses de gestiones, llegó la noticia que lo confirmaba todo: tendría que viajar a Roma para entregárselo personalmente.
El encuentro se produjo en la Ciudad del Vaticano, en un momento que la artista describe con nervios y emoción. «Me dio mucha emoción. Yo estaba temblando, no sabía ni qué decir», recuerda. Sin embargo, la conversación con el Pontífice fue cercana y cordial. Según relata, el Papa se interesó por la historia del cuadro y quiso escuchar de primera mano cómo había surgido. «Me atendió con mucho cariño, se interesó por la obra y me preguntó que le explicara qué y cómo había surgido. Dijeron que le había gustado muchísimo y que la obra se colocaría en los aposentos del Papa».
La escena tenía también su solemnidad. Cuando Marín llegó, el cuadro ya estaba preparado para la entrega. «Cuando llegamos el cuadro estaba expuesto boca arriba sobre una mesa, con la guardia suiza del Vaticano vigilando», recuerda. La pintora se llevó además la impresión de haber conocido a una persona cercana y reflexiva. «Se le ve una persona con una empatía muy grande, que escucha y pregunta cosas inteligentes».
Simbolismo y detalles de la obra
El retrato, además, tiene un lenguaje simbólico que lo diferencia de otros retratos papales. Marín explica que su intención no era hacer una representación puramente realista, como ocurre en muchas pinturas dedicadas a pontífices. En su obra aparecen elementos que aluden al propio Papa y a su entorno, como es el caso de la cruz, el anillo papal y el paisaje de pinos que se contempla desde la habitación.
«Yo pinto contemporáneo y todos los que se pintan son muy realistas», explica la artista, subrayando que quiso incorporar una lectura simbólica. El proceso, desde la primera pincelada hasta la entrega personal con el Papa, se prolongó durante casi dos años.
La autora del retrato
Charo Marín estudió Bellas Artes en Valencia y se declara profundamente valenciana, aunque con raíces familiares aragonesas. Tras terminar sus estudios, Marín realizó prácticas en el histórico museo valenciano de Museo de Bellas Artes de Valencia, bajo la dirección de Felipe Garín, uno de los profesores que marcó su formación académica. Durante un tiempo también ejerció la docencia, aunque pronto comprendió que su vocación principal estaba en la creación artística.
A lo largo de los años ha producido decenas de obras y ha vivido los altibajos propios del mercado artístico. Su carrera también ha tenido una dimensión internacional. Ha viajado y expuesto con frecuencia en distintos países europeos, especialmente en Italia, Francia, Noruega o Rumanía.
Ahora, una de sus obras forma parte de la historia personal del Vaticano. Un retrato nacido de una intuición frente al televisor ha terminado en manos del Papa tras un camino lleno de casualidades, intermediarios y viajes. Y, para su autora, con la satisfacción de haber visto cómo aquella primera corazonada se cumplía.