Imagen de archivo de la plaza de la Virgen en Valencia.
La plaza de más de 2.000 años en Valencia que fue una isla romana y que se llena de flores en marzo
La historia del enclave se remonta al año 138 antes de Cristo, cuando los romanos fundaron la colonia de Valentia Edetanorum
La ciudad de Valencia es una de las más históricas del país, con siglos de antigüedad y que guarda verdaderos tesoros. Hay un rincón de la capital del Turia muy especial, con más de 2.000 años de antigüedad, que fue Foro romano. Ese lugar es hoy la Plaza de la Virgen, uno de los espacios más emblemáticos de la ciudad, donde cada piedra parece guardar un episodio del pasado y donde todavía late buena parte de la vida cultural, religiosa y festiva de los valencianos.
Situada en pleno casco histórico, en el barrio de La Seu, esta plaza es actualmente un espacio peatonal abierto y monumental rodeado por algunos de los edificios más importantes de la ciudad. La Basílica de la Virgen de los Desamparados preside el lugar con su elegante fachada barroca, mientras muy cerca se levantan la Catedral de Valencia con su famosa puerta de los Apóstoles, el Palau de la Generalitat y diversas construcciones históricas que refuerzan el carácter solemne del entorno. Sin embargo, mucho antes de convertirse en el escenario de celebraciones multitudinarias o de tranquilos paseos entre terrazas y bancos de piedra, este mismo lugar fue el auténtico corazón de la Valencia romana.
Ronda a la Mare de Déu en la plaza de la Virgen de los Desamparados.
La historia del enclave se remonta al año 138 antes de Cristo, cuando los romanos fundaron la colonia de Valentia Edetanorum. En este punto se instaló el foro, el centro político, administrativo y religioso de la ciudad. Desde aquí se organizaba la vida pública y se conectaban las dos grandes vías que estructuraban la colonia: el cardo, que atravesaba la ciudad de norte a sur, y el decumano, que lo hacía de este a oeste. En el cruce de ambas se concentraban los templos, los edificios oficiales y los espacios donde se tomaban las decisiones más importantes.
Aquel primer núcleo urbano tenía además una particularidad geográfica que hoy resulta difícil de imaginar. Durante siglos el río Turia no discurría por el cauce actual, sino que se dividía en varios brazos al llegar al centro de la ciudad. Uno de ellos rodeaba esta zona y creaba una especie de lengua de tierra entre corrientes de agua. De ese modo, el lugar donde se levantaba el foro romano quedaba prácticamente aislado, como si fuera una pequeña isla dentro de la propia Valencia.
Con el paso del tiempo el río fue cambiando su curso, ese brazo secundario se fue secando y el terreno acabó integrándose definitivamente en el trazado urbano. Sin embargo, el lugar nunca perdió su importancia. Tras la caída del Imperio romano continuó siendo un punto central de la ciudad. En época visigoda se levantaron aquí los primeros templos cristianos y más tarde, durante la dominación musulmana, el solar fue ocupado por la gran mezquita de Balansiya, que funcionaba no solo como centro religioso, sino también como espacio social y político.
El año 1238 marcó un nuevo capítulo en su historia. Cuando Jaime I conquistó Valencia, ordenó consagrar la antigua mezquita como catedral cristiana. A partir de ese momento el entorno se transformó en uno de los espacios más simbólicos de la ciudad, donde se concentraban tanto el poder religioso como el político. Con el tiempo surgiría también la Basílica de la Virgen de los Desamparados, construida en el siglo XVII como muestra de agradecimiento popular tras una epidemia de peste, y que acabaría dando nombre a la plaza.
Milagros y San Vicente Ferrer
Durante siglos, este lugar ha sido escenario de acontecimientos que marcaron la vida valenciana. Aquí predicó San Vicente Ferrer en el siglo XV ante multitudes que acudían a escuchar sus sermones, convertidos en auténticos acontecimientos religiosos. También fue escenario de solemnes ceremonias públicas, proclamaciones y procesiones, pero igualmente de episodios más sombríos, como los autos de fe organizados por la Inquisición, en los que se leían públicamente las condenas a los acusados de herejía.
La tradición popular también ha llenado la plaza de relatos milagrosos vinculados a la Virgen de los Desamparados. Desde la Edad Media se cuentan historias de enfermos que recuperaban la salud tras rezar ante la imagen de la patrona o de rogativas que coincidieron con el final de epidemias que castigaban a la ciudad. Una de las leyendas más repetidas habla de un condenado a muerte que pidió rezar antes de su ejecución y cuyas cadenas cayeron al suelo de forma inexplicable mientras se arrodillaba ante la Virgen, interpretándose como una señal de su protección.
Traslado de la Virgen de los Desamparados en Valencia.
Pero si algo demuestra que la plaza sigue siendo el verdadero corazón de Valencia es su intensa vida actual. Cada jueves, a las puertas de la catedral, se reúne el Tribunal de las Aguas, una institución con más de mil años de historia que resuelve de forma oral los conflictos relacionados con el riego de la huerta valenciana. Sus sentencias, pronunciadas en plena calle, mantienen viva una de las tradiciones jurídicas más antiguas de Europa.
El momento en el que la plaza alcanza su mayor esplendor llega cada mes de marzo durante las Fallas. Entonces miles de falleros y falleras desfilan hasta este punto para participar en la Ofrenda a la Virgen de los Desamparados. Con claveles de todos los colores van formando un gigantesco manto floral que cubre la estructura instalada frente a la basílica. Durante horas, el corazón histórico de la ciudad se llena de música, emoción y un mar de flores que convierte el lugar en una de las imágenes más reconocibles de Valencia.