Bajada de la procesión del Miércoles Santo por el barrio de la Santa Cruz de Alicante

Bajada de la procesión del Miércoles Santo por el barrio de la Santa Cruz de AlicanteAyuntamiento de Alicante

El vértigo de la devoción: la procesión de la Santa Cruz desafía al abismo en las calles de Alicante este Miércoles Santo

Las celebraciones alicantinas alcanzan su punto álgido con el descenso de los cuatro tronos por las intrincadas escalinatas del casco histórico, un alarde de pericia física y tradición vecinal que contrasta con la sobriedad de 'La Marinera'

Lejos de las amplias avenidas y las extensas carreras oficiales de otras capitales, Alicante reserva para el ecuador de su Semana Santa una estampa sobrecogedora. En el entramado urbano más añejo de la ciudad, la fe se abre paso entre desniveles imposibles y balcones que rozan la madera de los tronos. Es la procesión de la Hermandad Penitencial de Santa Cruz, un ejercicio de resistencia y destreza donde cada maniobra de los costaleros supone un pulso directo a la gravedad.

A las siete de la tarde, la ermita que corona el barrio, a las faldas del Castillo de Santa Bárbara, marca el inicio del itinerario. A hombros de los vecinos, inician su descenso cuatro pasos: la Virgen de los Dolores, el Descendimiento, el Cautivo y el venerado Cristo de la Fe, popularmente conocido entre los alicantinos como 'El Gitano'.

El cortejo avanza encajonado por calles de trazado sinuoso. Vías como San Antonio y las empinadas escalinatas de San Rafael exigen a los portadores bajar los tronos a pulso, en una tensión que enmudece a los asistentes congregados a escasos centímetros de las imágenes. Solo el quejío de una saeta rompe el silencio antes de desembocar en la plaza del Carmen, desde donde la procesión busca el respiro del llano por La Rambla hacia la Concatedral de San Nicolás. Allí, al filo de las diez de la noche, tiene lugar el encuentro entre la Madre y el Hijo frente a la patrona.

De un madero al fervor internacional

Para entender el arraigo de este desfile, pilar de una Semana Santa declarada de Interés Turístico Nacional, hay que remontarse a su reconstrucción histórica. Tras perder su patrimonio imaginero en los disturbios de 1931, la hermandad resurgió en la posguerra de 1945. Aquel año, los vecinos desafiaron la lluvia portando una cruz desnuda cubierta por un sudario.

Bajada de la procesión del Cristo por el barrio de la Cruz de Alicante

Bajada de la procesión del Cristo por el barrio de la Cruz de AlicanteAyuntamiento de Alicante

Apenas doce meses después, los trabajadores del puerto cargaron por primera vez el monumental Descendimiento, obra del imaginero Antonio Castillo Lastrucci, sentando las bases de una tradición que hoy mantiene intacto su carácter vecinal, donde el relevo en los varales pasa de generación en generación.

El ascenso de madrugada

Si el declive impresiona a los miles de espectadores que abarrotan el recorrido, la madrugada exige a los costaleros el esfuerzo definitivo. Pasada la medianoche, las tallas deben regresar a su santuario. En este tramo de subida, con las fuerzas mermadas y bajo la penumbra del barrio, los portadores encaran las rampas a la carrera al ritmo de los tambores, en una demostración de resistencia física que pone a prueba la pericia de las cuadrillas.

Esta jornada de contrastes se completa en el centro de Alicante con otra cita ineludible. Desde el Convento de las Reverendas Madres Agustinas, realiza su estación de penitencia la Cofradía Sacramental del Cristo del Divino Amor y Nuestra Señora de la Soledad. Esta última talla, apodada 'La Marinera' y datada en 1710, ostenta el título de ser la imagen más antigua de las celebraciones pasionales alicantinas, aportando la nota de sobriedad clásica a un Miércoles Santo de auténtico vértigo.

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