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«En una institución de inspiración católica, el estudio de las Humanidades es una obligación estructural»
Enrique Anrubia es el coordinador y uno de los impulsores del nuevo grado de Historia y Pensamiento de la Universidad CEU Cardenal Herrera
Enrique Anrubia es director del departamento de Humanidades de la Universidad CEU Cardenal Herrera. Profesor Titular de Filosofía y Antropología, cuenta con varias estancias de investigación en las universidades de Boston, Oporto y Notre Dame, y es, asimismo, autor de once libros. Ha sido el coordinador y uno de los impulsores del nuevo grado de Historia y Pensamiento, una apuesta por formar a los estudiantes en Historia, Filosofía y los problemas culturales contemporáneos y que arranca en la universidad el curso que viene.
La CEU-UCH oferta este año un nuevo grado en Historia y Pensamiento. ¿Tiene sentido apostar por estudios humanísticos en una sociedad tan tecnológica?
Depende de a quién se dirija esa pregunta. En una institución de inspiración católica, el estudio de las Humanidades es una obligación estructural. En todas las disciplinas, también las más tecnológicas, se exige una comprensión de lo humano dentro de la propia actividad. Estudiar o construir tecnología sin saber para quién y con qué sentido último se está haciendo, sería como quien mecánicamente levanta la pierna, mueve una pelota, pero no sabe lo que significa meter un gol y menos aún ganar un partido. Sería absurdo o cuanto menos casi ridículo. Siempre digo al respecto que cuando Steve Jobs dijo aquello –que en verdad no era suyo- de que creaba una tecnología para hacer un mundo mejor, todo el mundo se interesó por su tecnología, pero nadie le preguntó por lo que entendía por «mundo mejor». En el CEU no desvinculamos una pregunta de otra.
¿Qué les diría a unos padres que ven que su hijo quiere estudiar un grado así?
Entiendo que unos padres tengan cierta duda cuando su hija les dice que quiere estudiar Letras. Todos los padres buscan una buena profesión para su hijo, piensan en su futuro y su estabilidad. Pero si le dijéramos a esos padres que tendrían que elegir entre la felicidad de su hijo o ser programador informático, creo que la respuesta no haría falta ni mencionarla. El caso es que esto es un grado que va más sobre el estudio de «eso mejor» antes que de la «pura tecnología». Pero como hemos dicho, no se puede ni se deben separar ambas cuestiones. La sociedad necesita de ambos tipos de personas: los tecnólogos y los que intentan entender ese mundo tecnológico.
¿Y al posible futuro alumno? ¿Qué le diría a un joven que se lo está pensando o que no tiene claro si estudiar un grado de este tipo?
En primer lugar, que la respuesta es entera y exclusivamente suya, no la puede permutar o cambiársela a otro. A este respecto es muy interesante entender que nunca elegimos a ciegas. Quizás no sepamos lo que queramos, pero sabemos los lugares y las experiencias que hemos disfrutado, y eso es siempre un síntoma. En ese sentido, todos reconocemos a aquel profesor del instituto que tanto nos gustaba oírle, o aquella lectura que tanto disfrutamos. Le diría que mirase esas experiencias con honestidad y sencillez.
Además, los grados de Humanidades tienen algo muy específico: puede uno no ser un gran estudiante en el Instituto y, sin embargo, convertirse en un apasionado del estudio ya desde el primer año de carrera. Las Humanidades tienen algo, no sé el qué, que hacen crecer a quienes las estudian y que yo diría que otros grados no lo tienen tan visible.
¿Qué sería ese algo indefinido que menciona?
Diría que es casi, aunque no del todo, justo lo contrario de lo que se suele decir. Se oye que hay que trabajar en las cosas que a uno le apasionan, como si uno tuviera una pasión y luego la aplicara a sus estudios. Creo que, en las Humanidades, más bien, te descubren la pasión por algo que no sabías que tenías. Lo digo con una anécdota personal: recuerdo que, de estudiante en la universidad, cada vez que recibía una asignatura que me gustaba, me decía: me quiero dedicar a esto. Y luego venía otra asignatura interesantísima y volvía a decirme: me quiero dedicar a esto… y a esto otro, y a esto otro. Obviamente no me sucedió con todas las asignaturas, pero creo que la pasión de una alimentaba la pasión por la siguiente. Las Humanidades me hacían crecer.
Las Universidades ofertan cada vez más grados especializados, ¿no queda esta apuesta fuera del horizonte de muchos estudiantes?
Creo que «muchos» o «pocos» no sería la respuesta. En todos los procesos sociales hay siempre una sobreinflación de profesiones en algún momento. Todos recordarnos la crisis del 2007 donde se vaciaron los grados de arquitectura que tres años antes estaban llenos. Creo que la pregunta es si son necesarios. ¿Son las Humanidades necesarias? Y, sobre todo, tenemos la obligación de decir de qué forma concreta lo son para no quedarnos en mero, como se dice hoy en día, postureo. Además, esto nos lleva directamente a un segundo asunto. Que haya médicos o arquitectos está bien, pero todos sabemos que no es suficiente: hacen falta buenos médicos y buenos arquitectos. El hecho de ser médico no te convierte en un buen médico. Y eso pasa en todo oficio. Por eso, la respuesta sería: ni muchos, ni pocos humanistas, sino necesarios y además buenos. El tema de la especialización tiene otros matices.
¿A qué matices se refiere?
En primer lugar, especialista es el que se dedica a «lo especial», y especial puede ser tomado en dos sentidos: como algo excepcional o desacostumbrado, o como algo pequeño o parcial respecto del conjunto. Ambas ideas tienen su valor. Pero las Humanidades son tan excepcionales como detallistas. Lo especializado suele entenderse como lo funcional de modo unidimensional, casi como una broca del cinco para perforar madera, pero podemos decir sin pervertir el sentido de «especializado» que también significa la tarea de aquel que saca lo excepcional del detalle o el matiz. En ese sentido nada hay más especializado y lleno de matices que las Humanidades, pues miles de libros intentan afinar una sola idea o explicar un hecho histórico.
Se habla mucho del pensamiento crítico, la Escuela de Frankfurt desarrolló el concepto de ciencias críticas. ¿Qué queremos decir con pensamiento crítico?
Precisamente es similar a lo que he comentado antes. Criticar es afinar al detalle, discernir con sabiduría. Para «saber criticar» primero hay que «saber». Y saber es algo que requiere mucho tiempo y dedicación. La función crítica del pensamiento es una función necesaria pero segunda.
¿Pero necesitamos ser críticos con la realidad que vivimos?
Absolutamente. De hecho, la filosofía es un poco eso, una ciencia inconformista con la vida. Pero no solo o no tanto porque es una ciencia que critica lo que se vive, sino porque sabe que siempre hay algo más profundo que se ha dejado por decir. Me explico, criticar no es decir lo opuesto sin más, sino decir que lo que se ha dicho sobre un asunto no es suficiente para explicarlo porque faltan por decir muchas más cosas o se han omitido otras. Criticar es adentrarse en la realidad, y no despegarse de ella. Por eso, por ejemplo, yo no puedo tener pensamiento crítico si deliberadamente omito la cuestión de Dios o de la muerte, y si dentro de esos temas no busco el detalle profundo. Lo demás sería como quien hace juegos malabares, pero realmente no quiere pensar. Sócrates lo vio claro, y Kant dijo que no se puede pensar si uno no se atreve primero. Hay que atreverse a entrar al detalle.
Volviendo al grado de Historia y pensamiento. Parece una vuelta a los estudios de Filosofía y Letras. ¿Hay que volver a los orígenes de la Universidad, a los estudios universales?
Obviamente no se puede volver al pasado, y tampoco tengo claro que fuera deseable si se pudiese. Pero no se puede vivir el presente sin pasado, es imposible. Al respecto de la universidad y la cuestión que usted me pregunta, me gusta recordar aquella frase de Tolkien: «aquel que rompe algo para averiguar qué es, ha abandonado el camino de la sabiduría». No se trata de hacer renacer el pasado, pero creer que nuestra generación es la que sabe de verdad entender el mundo y las anteriores no, es una cuestión de una vanidad intelectual enorme y una tesis que además se exige justificar. Nuestro mundo no es el mundo del siglo XIV, y tampoco el de hace cien años, pero pensar que nuestra universidad nada le debe a aquella es un error de soberbia intelectual que además las siguientes generaciones, si les educamos en ese error, también lo tendrán con nosotros.
Estudiantes que leen menos, más dominados por la tecnología, ¿cómo acogen sus estudiantes las materias humanísticas?
Contrariamente a lo que ingenuamente se cree, les encantan las asignaturas de Humanidades. No estamos ante una crisis del estudiantado, los jóvenes son receptivos si se les hace una propuesta intelectualmente seria e interesante. Han cambiado mucho, leen menos, les cuesta entender el pensamiento abstracto, escriben peor, etc., pero la crisis no es suya, la verdadera crisis es del profesorado. La responsabilidad primera de la educación no es del estudiante sino del profesor, igual que lo es de los padres respecto de los hijos. Además, se nos olvida que la educación no es una fórmula matemática. La gente habla de tener «más educación», pero yo diría aquello que le dijo una novia a su novio cuando el zagal le dijo «te quiero mucho», y ella le respondió: «pues quiéreme menos y quiéreme mejor». La educación ha de ser de calidad, con una propuesta de vida, con contenido y no meras ideas huecas o tópicos. En lo que respecta a su pregunta, lo que necesitamos es un profesorado de calidad.
¿Qué diferencia hay entre el grado de Historia y Pensamiento y un grado de Humanidades?
Realmente no le puedo decir sobre los grados de Humanidades pues es un grado muy dispar en el conjunto de la universidad española. En el caso de Historia y Pensamiento se ha armado con tres pilares muy bien definidos: la Historia, la Filosofía y los problemas culturales contemporáneos. Y todo ello secuencialmente. Hay que reseñar que además es un grado único y totalmente novedoso en España. No me cabe la menor duda de que quien lo curse saldrá con una gran formación.