Vista de Ademuz, en Valencia

Vista de Ademuz, en ValenciaAlfredo Sánchez Garzón (CC)

El Rincón de Ademuz, la 'isla' valenciana entre Cuenca y Teruel

Los orígenes de la comarca se remontan a la etapa de la Reconquista

Pocas comarcas españolas se entienden mejor con un mapa delante que el Rincón de Ademuz. A simple vista, este territorio valenciano aparece separado del resto de su provincia y encajado entre Aragón y Castilla-La Mancha, como si alguien hubiera desplazado un fragmento de Valencia hacia el interior peninsular. Esa desconexión física, visible incluso para quien observa el mapa por primera vez, es la que le ha valido el apelativo de «isla» valenciana tierra adentro.

La explicación de esta rareza no está en la geografía, sino en la historia. A comienzos del siglo XIII, en plena expansión cristiana hacia el sur, el rey Pedro II de Aragón incorporó estas tierras tras sus campañas. Décadas después, su hijo Jaime I el Conquistador decidió que este enclave rindiera cuentas al Reino de Valencia mientras que el vecino Arcos de las Salinas quedaba adscrito a Aragón. Para un monarca que gobernaba múltiples territorios, aquella decisión administrativa no suponía mayor problema. Sin embargo, el reparto cuajó y atravesó los siglos sin modificarse. El resultado es esta anomalía cartográfica que todavía hoy sorprende a quien la observa por primera vez.

Pero si el Rincón se entiende por la historia, se disfruta sobre el terreno. Es una comarca serrana, elevada y quebrada, perteneciente al Sistema Ibérico. Sus montañas enlazan por el este con el macizo de Javalambre y por el oeste con los Montes Universales. Aquí el punto más bajo ronda los 700 metros y el más alto se eleva hasta el techo de la Comunidad Valenciana, el Alto de las Barracas, también conocido como Cerro Calderón, en el término de Puebla de San Miguel. La altitud marca el carácter del paisaje: grandes masas de pino albar, sabinas monumentales y un clima que poco tiene que ver con la imagen costera asociada a Valencia.

El agua vertebra el territorio. El Río Turia atraviesa la comarca de norte a sur y aquí recibe nombres como río Blanco o Guadalaviar. Su cauce divide el Rincón en dos mitades y ha modelado vegas fértiles donde prosperan nogales, frutales y huertas que ya llamaron la atención de ilustrados como Antonio José Cavanilles, quien describió estas tierras en el siglo XVIII con admiración por sus aguas limpias y su abundancia agrícola. Sus palabras, escritas hace casi tres siglos, siguen encajando con la realidad actual.

La capital comarcal, Ademuz, se encarama en la ladera de un monte y conserva rincones donde el tiempo parece haberse detenido, como la ermita de la Virgen de la Huerta, una de las joyas del románico valenciano. A su alrededor se reparten pequeñas localidades que mantienen un acusado sabor etnográfico: Torrebaja, puerta de entrada junto al Turia; Casas Altas y Casas Bajas, donde aún se reconocen antiguos molinos y hornos comunales; Vallanca, asomada a las hoces del río Bohilgues; y Castielfabib, dominada por las ruinas de su fortaleza y una iglesia que parece castillo.

Vista general del Rincón de Ademuz

Vista general del Rincón de AdemuzJorge García Romeu

Buena parte del valor ecológico del Rincón se concentra en el Parque Natural de la Puebla de San Miguel, que protege una de las mejores representaciones del bosque mediterráneo de interior en la Comunidad Valenciana y algunas de las sabinas más longevas del territorio, con ejemplares que superan ampliamente el milenio de vida.

La condición fronteriza del Rincón se percibe también en rutas que conducen hasta puntos simbólicos como la Cruz de los Tres Reinos, donde confluyen históricamente los territorios de Valencia, Aragón y Castilla. En pocos pasos se transita por paisajes de pinar, sabinar y barrancos excavados por ríos como el Ebrón o el Bohilgues, afluentes que enriquecen el mosaico natural de la comarca.

Tras la caminata, la mesa ofrece otro motivo para entender el carácter de esta tierra. Guisos contundentes, gachas de harina de maíz, arroces humildes y postres elaborados con la esperiega, la manzana autóctona, hablan de una cocina de montaña ligada a los productos del entorno y a una tradición que ha sabido conservarse.

Aislado en el mapa, pero profundamente conectado con su historia y su paisaje, el Rincón de Ademuz es una rareza geográfica que se convierte en destino para quien busca naturaleza, silencio y autenticidad. Una isla valenciana sin mar, rodeada de sierras, donde la frontera es solo una línea en el papel y el territorio se explica, sobre todo, caminándolo.

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