TRIBUNA ABIERTAAlfredo Castelló

Lo justo es pagar lo justo

Subir impuestos es consustancial a la izquierda. Lo llevan en el ADN

Subir impuestos es consustancial a la izquierda. Lo llevan en el ADN. Como el escorpión de la fábula: pica a mitad del trayecto porque no puede evitarlo. Si gobiernan, suben impuestos; si están en la oposición, exigen subirlos. Siempre lo mismo. El último ejemplo lo vimos en Les Corts. Compromís y PSPV intentaron resucitar su vieja obsesión: la tasa turística. Y no se quedaron ahí. También plantearon elevar el impuesto de transmisiones patrimoniales hasta el 27% en algunos casos. Sí, nada menos que el 27%. Toda una declaración de intenciones.

Con este panorama, se entiende perfectamente que no soporten un gobierno del Partido Popular en la Generalitat. Mientras el equipo de Pérez Llorca baja impuestos y cumple su programa desde el primer día, ellos siguen anclados en la receta de siempre: más presión fiscal y menos libertad de los ciudadanos para decidir cómo contribuir a eso que llaman el Estado del bienestar. Ya lo decía Ronald Reagan: «El Estado no tiene dinero propio; todo lo que tiene se lo quita a alguien». Una lógica muy propia de la izquierda.

Demostrar que las bajadas impositivas son un alivio para la economía familiar y, al mismo tiempo, una fuente de mayores ingresos para la Administración es dinamita para su discurso. Un ácido que disuelve sus principios, corroe su relato, deja al descubierto sus contradicciones y les invalida el argumento. Les desarma, sobre todo, que desde el primer día elimináramos el impuesto de sucesiones y donaciones, con efectos retroactivos al mismo 28 de mayo de 2023. Toda una declaración de intenciones convertida en realidad desde el minuto uno. El ejemplo más claro del valor que para el PP tiene la palabra dada.

Así que, ciertamente, convendría tener cierta consideración por el «sufrimiento» que experimentan. Sufren porque los valencianos se han ahorrado cerca de 430 millones de euros en impuestos desde el inicio de la legislatura. Sufren porque se ha puesto fin al infierno fiscal que padecíamos. Y sufren, también, porque hoy somos la comunidad con mayor número de deducciones fiscales en el IRPF. Si vives en Castellón, Valencia o Alicante, gastos como el dentista, el oculista, audífonos, gimnasio o atención psicológica desgravan en tu declaración de la renta. También lo hacen los vinculados al cuidado de familiares con Alzheimer, daño cerebral adquirido o enfermedades raras o crónicas complejas. Incluso algo tan valenciano como la música ha entrado en las deducciones: la compra de instrumentos, las cuotas de enseñanza o las tasas de conservatorio también desgravan.

Mientras Pedro Sánchez castiga a los ciudadanos con más de 90 subidas de impuestos y cotizaciones, y bate récords de recaudación impulsado por el encarecimiento de los productos básicos, el Gobierno de Juanfran Pérez Llorca y del Partido Popular baja impuestos y alivia a esos mismos contribuyentes. Bajar tributos es acertar en las políticas públicas. También lo vemos en materia de vivienda. Hoy esta ha pasado de ser el problema número 16 al primero para los españoles, y una gestión eficaz no se sostiene solo en facilitar suelo y las condiciones de acceso, sino también en contener los precios aumentando la oferta. Lo hacemos con el Plan Vive y cerca de 5.000 viviendas protegidas ya en marcha, facilitando el acceso a la vivienda usada mediante la rebaja del impuesto de transmisiones patrimoniales para jóvenes, personas con discapacidad, familias numerosas o monoparentales y agricultores. Además, el tipo general bajará un 10% el próximo mes de junio.

Pero non nos llevemos a engaño; el modelo fiscal de la izquierda no es solo una cuestión de ingresos, sino de control. A mayor presión fiscal, menor autonomía del ciudadano y mayor dependencia del Estado. No se trata únicamente de recaudar más, sino de condicionar cómo viven, cómo ahorran y cómo toman decisiones las familias. Cuanto más interviene el Estado, más se reduce el margen de libertad individual y más se consolida un sistema en el que el ciudadano deja de ser protagonista para convertirse en dependiente.

Esa es la lógica de fondo: sustituir iniciativa por tutela y responsabilidad por dependencia. Como el escorpión de la fábula, es su ADN. Justo lo contrario al del PP, basado en menos impuestos y más alivio para las familias. Como resume la campaña de la Generalitat: «lo justo es pagar lo justo». En ello estamos.

Alfredo Castelló es vicepresidente de las Cortes Valencianas

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