Una persona en el barranco del Poyo, afectado por la DANA
Un agente admite ante la jueza que la CHJ no vigiló el barranco del Poyo el día de la dana de Valencia
Declara en Catarroja el primer trabajador del ente dependiente del Gobierno
Si una cosa había quedado probada desde el inicio de la instrucción de la dana es que Miguel Polo, presidente de la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ), se había limitado a permanecer en silencio durante el Cecopi del 29 de octubre, pese a que su organismo estaba en ese mismo instante registrando datos que hacían prever la catástrofe que iba a generar el barranco del Poyo. Este martes, 12 de mayo, ha declarado por primera vez un agente de la CHJ ante la jueza de la dana, admitiendo que ningún trabajador del ente dependiente del Gobierno vigiló aquella tarde el cauce que provocó tantas muertes.
La jueza se había negado a abrir la instrucción en cualquier apartado que fuera quitar el foco sobre la Generalitat Valenciana, pero la Audiencia de Valencia le obligó a tomar declaración a los agentes de la CHJ. Hasta Catarroja ha llegado este martes Salvador Laguna para abrir el turno de testificales y lo declarado en sala es la fiel demostración de que la información aquel día no fluyó ni entre la administración regional ni entre el resto de entes, porque si una cosa ha quedado aparentemente clara es que el papel de los trabajadores de la Confederación tampoco es que hubiera servido para mucho.
Laguna, que es jefe de la zona centro de la Policía de Aguas en la CHJ, ha declarado que el compañero que debería haber vigilado el barranco del Poyo aquel 29 de octubre de 2024 no pudo hacerlo porque ya no pudo salir de su vivienda por las lluvias, por lo que el seguimiento del cauce se hizo únicamente a través de los datos recogidos vía digital.
En base a ello Laguna ha detallado que su trabajo aquel día tampoco hubiera sido el control específico de los caudales in situ, porque según ha declarado «para eso ya están otros». El jefe de la zona centro de la Policía de Aguas ha señalado que su puesto está más destinado al control posterior de los cauces el «día después», para saber «cómo han quedado».
Así que la CHJ no tuvo a nadie sobre el terreno que generaría la tragedia, la información sólo fluyó a través de un grupo interno de WhatsApp y la comunicación se registraba únicamente a través de los sensores, que posteriormente quedaría arrasados por la ola mortífera.
Todo aquello tampoco se trasladó por parte de Polo al Cecopi, reunión en la que tuvieron constancia de las inundaciones en Paiporta por otros cauces antes de ser informados por el ente que gestiona y controla los cauces de río y barrancos.