Cola de vecinos de Orihuela Costa para firmar a favor de la independencia
La rebelión de las zonas macroturísticas en Alicante: Orihuela Costa diseña un plan para declarar su independencia
El movimiento vecinal tramita un expediente de segregación para fracturar el actual Ayuntamiento alicantino
En el litoral de la provincia de Alicante, donde el turismo ha transformado radicalmente la demografía y la economía a lo largo de las últimas décadas, se gesta un cisma político que amenaza con redibujar el mapa municipal español.
Orihuela, una histórica urbe de interior conocida a nivel nacional por su vasto patrimonio cultural y su extensa huerta, se enfrenta a una creciente rebelión en su franja costera. Allí, a casi treinta kilómetros del centro administrativo de la ciudad, el Partido para la Independencia de Orihuela Costa (PIOC) ha puesto en marcha una maquinaria burocrática y social para escindirse definitivamente y crear un Consistorio propio.
La estrategia de la formación política huye de la improvisación administrativa para centrarse en un asalto institucional a largo plazo. Conscientes de que los procesos de segregación territorial suelen chocar frontalmente con el rechazo normativo e institucional, los promotores de la escisión pretenden utilizar las propias reglas del sistema democrático a modo de caballo de Troya.
Su hoja de ruta pasa por aglutinar el número suficiente de concejales en los futuros comicios para forzar, desde el propio salón de plenos oriolano, una votación favorable a la ruptura; una maniobra que teóricamente reduciría los farragosos trámites autonómicos a un máximo de dos años.
Sin embargo, el principal escollo para este órdago secesionista reside en la acentuada apatía de su electorado potencial. Aunque la zona marítima experimenta un crecimiento vertiginoso que atrae a unos tres mil nuevos empadronados cada ejercicio -proyectando alcanzar los 60.000 habitantes en apenas una década-, la participación política es residual.
Imagen de archivo de Orihuela (Alicante)
En las últimas elecciones municipales, la abstención en los colegios de la costa superó el 51 por ciento. El altísimo volumen de residentes de origen extranjero que viven al margen de los cauces administrativos locales dejó a la plataforma sin representación institucional, pese a haber sido la papeleta más votada por los vecinos que sí acudieron a las urnas.
Para intentar revertir esta falta de músculo en los despachos, el colectivo ha pisado el acelerador en las calles apelando a efemérides comarcales históricas, como las exitosas emancipaciones de Pilar de la Horadada o Los Montesinos a finales del siglo pasado.
Actualmente, ultiman la redacción de un expediente técnico que registrarán en el último trimestre del año ante la Generalitat Valenciana y el propio Consistorio local.
Este documento, que ya cuenta con el aval de varios cientos de firmas recolectadas por internet bajo la ambiciosa meta de alcanzar los diez mil apoyos, busca justificar la viabilidad demográfica y económica del hipotético nuevo municipio.
El reflejo insular de Tabarca
El malestar periférico por la gestión de los ayuntamientos tiene un sorprendente eco a escasas millas, frente a la propia capital de la provincia. La isla de Tabarca, el núcleo poblado más pequeño del país, persigue un horizonte similar amparándose en la Ley de Régimen Local para constituirse como entidad local menor y escapar del control central de Alicante.
Imagen de la Isla de Tabarca
Cansados del severo aislamiento invernal y del colapso absoluto de servicios que provocan los desembarcos de hasta 5.000 turistas diarios en verano, más de la mitad del medio centenar de vecinos censados ya ha firmado a favor de asumir sus propias competencias y diseñar sus propios presupuestos, tomando como ejemplo los modelos de autogestión instaurados en la comarca alicantina de la Marina Alta.
Relato fundamentado en el agravio fiscal
De vuelta a las playas de la Vega Baja, el discurso que alimenta el deseo de ruptura se cimenta sobre un supuesto desequilibrio financiero inasumible. Los portavoces del movimiento aseguran que la masiva aportación en impuestos, derivada de su innegable potencia turística e inmobiliaria, se esfuma en la burocracia del interior, dejándolos huérfanos de infraestructuras educativas, sanitarias y culturales que den soporte a una población fija que ya supera las treinta mil personas.
Playa de Orihuela Costa
Para extender su influencia, han llegado a ofrecer alianzas a otras pedanías alejadas como La Murada o Torremendo, animándolas a exigir su propio grado de autonomía.
No obstante, más allá de la captación masiva de firmas y del descontento palpable respaldado por agrupaciones como Unidos por la Costa, la viabilidad de trocear el término municipal es sumamente compleja.
La pretensión de instaurar nuevas fronteras locales choca contra un severo blindaje normativo que exige consensos políticos mayoritarios e informes vinculantes de difícil encaje legal, lo que aleja la materialización de un proyecto que, por el momento, avanza empujado más por la indignación ciudadana que por certezas jurídicas.