tribuna abiertanando pastor

Diana Morant y el eclipse de la decencia

Para que luego nos vengan con aquello de que «ser socialista es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho»

Act. 15 ago. 2026 - 10:47

Hay fotografías que explican un Gobierno mejor que cien discursos. La de Diana Morant con tres ministros más, luciendo gafas de eclipse y posando tras una factura desorbitada es una de ellas. El pasado 12 de agosto, Morant ejerció de anfitriona en el Observatorio de Yebes y reunió allí a Fernando Grande-Marlaska, Óscar López y Ángel Víctor Torres para seguir el eclipse total de Sol. Hasta ahí, nada que objetar: la ciencia merece ser divulgada, y más ante un fenómeno de esta magnitud. El problema aparece cuando uno deja de mirar al cielo y empieza a mirar la factura: 72.358 euros para un acto que, bajo el paraguas de la ciencia, acabó pareciéndose demasiado a una ‘party estival’ para amiguetes a cuenta de la caja pública.

Y ya que la ocasión era estelar, el sarao también tenía que estar a la altura. Catering, bebidas, aperitivos, transporte, mobiliario, iluminación, sonido, climatización, seguridad y música en directo. Todo un despliegue para que el eclipse no pillara a nadie sin su correspondiente dosis de confort. Todo muy científico, sí. Y todo, cómo no, con cargo al bolsillo de los ciudadanos. Porque para contemplar cómo la Luna se interpone entre el Sol y la Tierra quizá no hacía falta montar una verbena ministerial. Bastaban unas gafas de cartulina.

La ministra de Ciencia, Innovación y Universidades, Diana Morant, durante el seguimiento oficial del Eclipse total de Sol, en el Observatorio de Yebes, a 12 de agosto de 2026, en Yebes, Guadalajara, Castilla-La Mancha (España). Este es el primer eclipse total de Sol visible desde la península Ibérica en más de un siglo. La franja de totalidad cruza España de oeste a este y pasa por numerosas capitales de provincia, desde donde se podrá vislumbrar el primer fenómeno del denominado ‘trío de eclipses’, pues el 2 de agosto de 2027, otro eclipse total cruzará España, y el 26 de enero de 2028 se producirá un eclipse anular.

Alberto Ortega / Europa Press
12/8/2026

La ministra de Ciencia, Innovación y Universidades, Diana Morant, durante el seguimiento oficial del Eclipse total de Sol, en el Observatorio de Yebes, a 12 de agosto de 2026, en Yebes, Guadalajara, Castilla-La Mancha (España). Este es el primer eclipse total de Sol visible desde la península Ibérica en más de un siglo. La franja de totalidad cruza España de oeste a este y pasa por numerosas capitales de provincia, desde donde se podrá vislumbrar el primer fenómeno del denominado ‘trío de eclipses’, pues el 2 de agosto de 2027, otro eclipse total cruzará España, y el 26 de enero de 2028 se producirá un eclipse anular. Alberto Ortega / Europa Press 12/8/2026Europa Press

De no ser por el despilfarro de dinero público que hay detrás, el asunto podría despacharse como una frivolidad más del Gobierno manirroto: un acto excesivo, ostentoso y hasta hortera, más propio de una verbena de verano que de una jornada de divulgación científica. Porque, seamos serios, ¿desde cuándo necesita la ciencia casetas de feria, cócteles, música en directo —con La Habitación Roja, uno de los grupos que más escucha Pedro Sánchez— y semejante despliegue para explicar un eclipse? La ciencia necesita rigor, conocimiento y divulgación; no un sarao con vocación de festival para lucimiento personal de unos pocos.

Pero no debemos confundirnos: no se trata de discutir si los ministros tienen derecho a asistir a un eclipse, que lo tienen. Lo que no tienen es derecho a tratar el presupuesto público como si fuera una tarjeta de crédito sin límite y sin preguntarse si ese gasto era necesario y razonable. Nada, por cierto, que nos debería sorprender ya vista la querencia sanchista por apropiarse de lo que es de todos y poner la Administración al servicio de intereses particulares. Ahí están los casos de Ábalos, Cerdán, Zapatero y del propio presidente del Gobierno, cuestionado por el uso de recursos públicos para sus desplazamientos y vacaciones familiares (incluida la política) en La Mareta, por recurrir al Falcon para asistir a conciertos o por otras controvertidas utilizaciones de medios del Estado como las lanchas de la Guardia Civil que poco tienen que ver con las obligaciones ordinarias de un gobernante.

El patrón ya es demasiado reconocible: lo que pertenece a todos acaba convertido en privilegio de unos pocos. Y Diana Morant parece haber aprendido muy bien la lección. Mucho discurso sobre progreso y futuro; pero cuando llega la hora de explicar por qué una jornada para contemplar un eclipse necesita semejante despliegue, la respuesta se vuelve bastante más oscura, lo mismo que cuando se desvía medio millón de euros del CNIO que debieran haber ido a la investigación del cáncer…ni media palabra. Un silencio que se vuelve en verborrea cuando se trata de defender a su padre político, el de las joyas de «ir por casa».

Concluiremos que una party VIP no va a arruinar las cuentas del Estado ni que el problema sean cuatro ministros mirando al cielo. El problema es lo que hay detrás: una forma de entender el poder en la que el privilegio siempre encuentra una justificación, el gasto siempre encuentra una excusa y la factura siempre acaba pagándola otro. Para que luego nos vengan con aquello de que «ser socialista es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho». Quizá aquí esté el verdadero eclipse. No el que produjo la Luna al interponerse entre el Sol y la Tierra. Sino el de la decencia.

Nando Pastor es portavoz del Grupo Parlamentario Popular en las Cortes Valencianas

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