Imagen de la isla de Tabarca

Vista de la isla amurallada de TabarcaAYUNTAMIENTO DE ALICANTE

La propuesta del sábado

El único pueblo de España completamente amurallado y rodeado de agua está en Alicante

El archipiélago fue declarado Reserva Marina en 1986, la primera del país, debido a su valor ecológico

Unas murallas frente al mar, tres antiguas puertas de acceso y un pequeño núcleo de casas a pocos kilómetros de la costa. Así es el particular paisaje de Tabarca, el único pueblo completamente amurallado de España que está rodeado al completo por el Mediterráneo. La isla, además, presume de ser la más pequeña del país con población permanente y reúne en apenas unas hectáreas historia, patrimonio y naturaleza.

Tabarca pertenece administrativamente a Alicante y se encuentra a unos ocho kilómetros de Santa Pola y a unos 22 kilómetros de la capital alicantina. En realidad, lo que conocemos como Tabarca es un pequeño archipiélago formado por la isla principal, Isla Plana, y varios islotes y escollos.

La parte habitada apenas supera las 30 hectáreas, una dimensión que ayuda a entender hasta qué punto resulta singular caminar por un pueblo histórico en el que, al abandonar sus murallas, no aparece una carretera que conduzca a otra localidad, sino directamente el mar.

Origen, historia y leyendas

La imagen actual de Tabarca tiene su origen en el siglo XVIII y en una historia mucho más compleja de lo que podría sugerir su aspecto de pequeño pueblo mediterráneo. Antes de convertirse en destino turístico, la isla fue concebida como una plaza fortificada destinada a proteger la costa y a dificultar las incursiones de corsarios.

Santa Pola (Alicante)

Entrada a las murallas de Tabarca.Getty Images

La gran transformación llegó durante el reinado de Carlos III. La Corona decidió fortificar y colonizar la entonces conocida como Isla Plana, en un proyecto dirigido por el ingeniero militar Fernando Méndez de Ras. Entre 1766 y 1775 se levantó una ciudad fortificada que combinaba funciones militares y civiles: murallas, baluartes, baterías, viviendas, cuarteles, almacenes, cisternas, iglesia y otras construcciones necesarias para crear una población estable en un territorio aislado.

Pero el nombre de Tabarca no procede de esta isla alicantina. Es un recuerdo de Tabarka, una antigua posesión de origen genovés situada frente a la costa de Túnez. Sus habitantes, dedicados principalmente a la pesca del coral, fueron sometidos y esclavizados después de la conquista de la isla en el siglo XVIII.

Carlos III consiguió su liberación entre 1768 y 1769 y aquellos cautivos fueron trasladados a Alicante antes de establecerse definitivamente en la Isla Plana. Desde entonces, el nuevo asentamiento pasó a llamarse Nueva Tabarca.

Caminar por Tabarca es, precisamente, una de las mejores maneras de comprender su carácter. El núcleo urbano se recorre en poco tiempo, pero cada calle recuerda que no nació como un pueblo turístico, sino como una ciudadela levantada para defender la costa y alojar a una comunidad de colonos. Las casas, las puertas de la muralla y la iglesia conviven con restaurantes, pequeñas tiendas y alojamientos, mientras que al otro lado de las fortificaciones comienza un paisaje mucho más abierto, marcado por el viento, la vegetación baja y el Mediterráneo.

Primera Reserva Marina de España

Y alrededor de todo ello está el mar, que es quizá el verdadero protagonista de Tabarca. Las aguas que rodean el archipiélago fueron declaradas Reserva Marina en 1986, la primera de España, debido a su valor ecológico. Praderas de posidonia y fondos rocosos contribuyen a la riqueza de un entorno que puede descubrirse practicando snorkel o simplemente recorriendo a pie la costa y sus calas.

Pradera de posidonia de Tabarca

Pradera de posidonia de TabarcaAyuntamiento de Alicante

La isla también ha alimentado durante siglos historias y leyendas. Su posición aislada y su pasado relacionado con corsarios hicieron que Tabarca quedara ligada a relatos de piratas, cautivos y tesoros escondidos. Uno de los lugares que más alimenta ese imaginario es la Cova del Llop Marí, una cavidad marina situada en la costa sur. La tradición popular cuenta que en ella vivió una pareja de enormes lobos marinos que habría atemorizado a los pescadores, una historia que forma parte del particular repertorio de leyendas transmitidas en la isla.

¿Cómo llegar?

Llegar hasta ella forma parte de la experiencia. La vía habitual es el barco y las dos principales opciones son Santa Pola y Alicante. Desde Santa Pola la travesía es especialmente corta, con servicios que actualmente publican recorridos de entre aproximadamente 12 y 25 minutos según el operador y la embarcación.

Desde Alicante el trayecto ronda una hora. Los horarios y frecuencias varían según la época del año y las condiciones del mar, por lo que conviene comprobarlos antes de organizar la visita.

Escapada de otoño diferente

Precisamente por eso, el otoño puede ser un momento especialmente atractivo para acercarse a Tabarca. La isla cambia cuando desaparece buena parte de la presión turística de los meses centrales del verano. Pasear por las murallas, entrar en la iglesia, recorrer las calles del antiguo recinto fortificado o caminar hacia el faro adquiere entonces un ritmo diferente.

Septiembre y octubre permiten además aprovechar todavía jornadas mediterráneas agradables sin el calor más intenso del verano. En noviembre, las condiciones son más variables y también lo son las conexiones marítimas. De hecho, en estos momentos se trabaja para garantizar un servicio regular durante todo el año, especialmente en los meses de menor demanda.

La visita otoñal permite descubrir así una Tabarca distinta a la de las fotografías de agosto. La isla de las murallas que se asoman al Mediterráneo, de las puertas que durante siglos controlaron quién entraba en la ciudadela, de las casas de los antiguos colonos genoveses y de las historias de cautivos y piratas.

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