No más preguntas, señoríaJosé Luis Torró

Rebeca, comodín de Sánchez, o la alcaldesa que no fue

Ha llegado la señora Torró a responsabilidades como las que nunca soñó cuando merendaba un bocadillo de Nocilla y se extasiaba escuchando a Felipe González, al que ahora detesta

La coincidencia de nuestros apellidos paternos ha llevado a algunos colegas y conocidos a preguntarme por posibles lazos familiares entre la nueva portavoz socialista, Rebeca Torró Soler, y el arriba firmante. Pues no, no somos parientes. Tendríamos que escudriñar en nuestros respectivos árboles genealógicos y perdernos por sus ramas hasta llegar a un punto de encuentro en el que hallar vínculos familiares. No voy a perder mi tiempo de jubilado en ese tipo de averiguaciones.

Rebeca Torró (Ontinyent, 1 de abril de 1981) es una política que ha llegado hasta donde la han encumbrado Ximo Puig y Pedro Sánchez, por una serie de circunstancias que merecerían un detallado estudio de analistas y expertos politólogos para examinar su carrera en el Partido Socialista. Estudio que excede a la pretensión de este paisano que vuelve a enfundarse el traje de luces (y sombras) después de un tiempo viendo pasar los cornúpetas desde la barrera.

Ha llegado la señora Torró a responsabilidades como las que nunca soñó cuando merendaba un bocadillo de Nocilla y se extasiaba escuchando a Felipe González, al que ahora detesta. La mayor ilusión que albergó durante sus primeros años como militante socialista fue ser alcaldesa de Ontinyent. Y estuvo a punto de serlo. Al menos esa fue la jugada que forzó Ximo Puig, con José Muñoz como mamporrero, cuando provocaron el «caso Alquería» y se produjo la peliculera detención del entonces alcalde de Ontinyent y presidente de la Diputación de Valencia, Jorge Rodríguez, y de otros cinco miembros de su equipo y colaboradores.

Jorge Rodríguez dimitió como presidente de la Diputación, pero se negó a hacerlo como alcalde porque ello hubiese aceptar la culpabilidad de unos hechos, que siempre negó y así lo ratificó la Justicia. La dirección del PSPV-PSOE pinchó en hueso y por más que trataron de retorcerle el brazo Jorge Rodríguez no dimitió, haciendo caso omiso a las ofertas de conseguirle un empleo «porque el partido no va a dejarte en la cuneta», con lo que Rebeca Torró, que veía abiertas las puertas del despacho de la Alcaldía se quedó con tres palmos de narices.

Imagen de Rebeca Torró

Imagen de Rebeca TorróEP

No dimitió Jorge ni tampoco la mayoría de su grupo de concejales, que prefirieron abandonar el PSPV-PSOE y no dejar al alcalde en la estacada ximista. Sólo Rebeca Torró y Jaime Peris mantuvieron su fidelidad socialista por la que han sido largamente gratificada con diversos cargos. Altos y cada más alto cargo. Sobre todo, los recaídos en Rebeca, tanto en el gobierno autonómico presidido por Ximo Puig, como luego en gobiernos de Pedro Sánchez -perdonada que había sido de su pecado como fervorosa susanista- y ya en los dos últimos años en la dirección de su partido, ahora rematada como bombera para apagar el fuego provocado por Montse Mínguez.

Retrocedamos a las municipales del 2019. La oposición de la dirección socialista a que Jorge Rodríguez encabezase la candidatura, ni siquiera como independiente, fue el detonante para que Jorge, que bien conocía el percal, se animase al alcalde a lanzar su propio partido que ya tenía registrado: La Vall Ens Uneix para concurrir a las elecciones. Una decisión ante la que Rebeca se amedrentó y renunció ser cabeza de lista socialista para aparecer en último lugar porque verificado que los votantes ontinyentins estaban con Jorge. Como así fue. Ens Uneix obtuvo diecisiete concejales de veintiuno, mientras que la candidatura socialista, encabezada además por una cunera, no consiguió ni uno.

Rebeca vio así frustrada su sueño de ser alcaldesa, pero sus valedores, Ximo Puig primero y después Pedro Sánchez, no la dejaron tirada. Nacho Segura daba cuenta en El Debate, edición del pasado sábado, de todos los enchufes y cargos, desde Hacienda, a Vivienda, Obras Publicas, Industria, de que su idolatrado Pedro le obligase a morder la envenenada manzana de la secretaria de organización del PSOE, triste herencia de una responsabilidad prostituida por sus predecesores José Luis Ábalos y Santos Cerdán.

Ser candidata al Congreso el 29-O le garantiza seguir disfrutando a sus 45 años de un sueldo público por mucho que Sánchez sea desalojado del poder. Dejará de ser su comodín o chica para todo, o no, pero que le quiten lo bailao. Pero nada ni nadie le compensará su frustración de no haber sido alcaldesa de Ontinyent. Que hubiese terminado siéndole de no haber traicionado a su amigo a Jorge Rodríguez.

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