Cartel de al celebración del Velatori d'Albaet

Cartel de al celebración del Velatori d'AlbaetAssociació Cultural lde l'Horta

La tradición valenciana para honrar a los niños fallecidos que regresa este 31 de octubre

La antigua ceremonia de la huerta de Valencia mezclaba música, fe y despedida

La noche del 31 de octubre, mientras en muchos lugares las calles se llenan de disfraces, calabazas y niños que llaman a las puertas al grito de «truco o trato», en la terreta también existen costumbres propias para recordar a los difuntos y mantener viva la memoria de quienes nos precedieron. Más allá de Halloween, la cultura valenciana conserva rituales ligados a la víspera de Todos los Santos y a la antigua Nit de les animetes, tradiciones que durante generaciones formaron parte de la vida de los pueblos y de la huerta.

Una de las más singulares es el Velatori de l’Albaet, una ceremonia que se celebraba cuando fallecía un niño pequeño y que volverá a recrearse este próximo sábado 31 de octubre en Benimaclet. La iniciativa pretende recuperar una costumbre prácticamente desaparecida y acercar al público una parte del patrimonio cultural valenciano que refleja cómo las generaciones anteriores afrontaban la muerte, el duelo y la pérdida desde sus creencias religiosas y sus formas de vida comunitaria.

Origen del ritual

El término albaet, también conocido como albat, hacía referencia a un niño fallecido a una edad temprana, habitualmente antes de cumplir los siete años. En la mentalidad religiosa tradicional, se consideraba que estos pequeños, al no haber cometido pecados, iban directamente al cielo y se convertían en ángeles. Esta creencia daba al ritual un significado particular, aunque no eliminaba el dolor de los padres y familiares por la pérdida de un hijo.

El velatorio tenía unas características diferentes a las de los funerales de adultos. El pequeño solía vestirse de blanco, color asociado a la pureza, y podía llevar una corona de flores. El espacio donde se velaba el cuerpo se adornaba con flores blancas, imágenes religiosas y cirios, mientras que el féretro también era habitualmente blanco. Todos estos elementos expresaban la inocencia que la tradición atribuía al niño fallecido y la esperanza de su llegada al cielo.

Pero el Velatori de l'Albaet no se limitaba a las oraciones y los rezos. Una de sus particularidades era la presencia de música y danzas populares, que convertían la ceremonia en una manifestación colectiva en la que participaban familiares, vecinos y personas de localidades cercanas. La comunidad se reunía para acompañar a la familia y compartir el duelo, dentro de una concepción de la muerte marcada por la fe y la esperanza religiosa.

Entre las expresiones más características se encontraba la dansa del vetlatori, también conocida como danza del mortitxol o danza de l’albaet. Los bailadores interpretaban distintas estrofas al ritmo de instrumentos como la guitarra y la bandurria, aunque también podían utilizarse el acordeón o el clarinete, dependiendo de las costumbres de cada lugar. Las letras combinaban referencias al fallecimiento del pequeño, el dolor de sus padres y la creencia de que el niño se había convertido en un angelito.

En algunas localidades, la velada se acompañaba también de dulces y alimentos tradicionales que se compartían entre los asistentes. La música, el baile y la convivencia formaban parte de un ritual que hoy puede resultar difícil de comprender desde una perspectiva contemporánea, pero que respondía a una manera concreta de interpretar la muerte y de ofrecer consuelo a quienes sufrían la pérdida.

Esta tradición estuvo presente en diferentes comarcas de Castellón, Valencia y Alicante, incluida l’Horta de València, así como en otros territorios del interior. Sus manifestaciones variaban de un pueblo a otro, con diferencias en las canciones, los instrumentos y la forma de desarrollar la ceremonia. Con el paso del tiempo, los cambios sociales y culturales hicieron que esta costumbre fuera desapareciendo hasta quedar prácticamente relegada a la memoria de las generaciones mayores y a los estudios sobre el folclore valenciano.

Ahora, la Asociación Cultural la Huerta de Valencia quiere devolverla al presente mediante una recreación teatral que permita conocer su significado y reivindicar su valor como patrimonio inmaterial. La entidad, dedicada a recuperar y difundir las tradiciones, el folclore y las formas de vida de la huerta valenciana, ya organizó una representación el año pasado y volverá a hacerlo este otoño tras la acogida de aquella primera convocatoria.

El acto tendrá lugar este sábado 31 de octubre, a partir de las 20.00 horas, en la Alqueria de Zarzo/Bonora, situada en el barrio valenciano de Benimaclet. La entrada será libre y gratuita.

El escenario elegido guarda también una estrecha relación con el objetivo de la iniciativa. La alquería es un edificio tradicional restaurado y conservado por la propia asociación, que trabaja para mantener vivo el patrimonio arquitectónico y cultural de l’Horta. Sus espacios permitirán recrear el ambiente de las antiguas ceremonias y acercar al público una tradición vinculada a las costumbres rurales valencianas.

La propuesta coincide con la noche de Halloween, pero plantea una mirada diferente sobre estas fechas. En lugar de centrarse en los disfraces y las celebraciones importadas, la asociación invita a descubrir cómo se vivían antiguamente los rituales relacionados con la muerte y el recuerdo de los seres queridos en tierras valencianas.

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