17 de agosto de 2022

Protesta contra la OTAN en Madrid en 1984

Protesta contra la OTAN en Madrid en 1984EFE

Aniversario de la bomba atómica de Hiroshima

Proyecto Islero: cuando España pudo tener la bomba atómica

Durante casi dos décadas, España tuvo sobre la mesa un proyecto que le hacía soñar con un arsenal nuclear

Veintiún años después de que el mundo se horrorizara con la explosión de la bomba atómica sobre Hiroshima tal día como hoy de 1945, España y más en concreto la pequeña pedanía de Palomares estuvo a punto de convertirse en un nuevo Hiroshima o Nagasaki. Pero también España pudo convertirse en un nuevo Enola Gay, el bombardero B-29 que lanzó la bomba atómica sobre la ciudad japonesa. Porque España tuvo sobre la mesa durante décadas la construcción de un arsenal de bombas atómicas.
Fue en el año 1963 cuando el capitán general y vicepresidente del Gobierno, Agustín Muñoz Grandes, encargó al ingeniero y general de división del Ejército del Aire, Guillermo Velarde, que desarrollara en un informe secreto la construcción teórica de una bomba atómica, por un lado, y la planificación de un reactor nuclear y la planta de extracción del plutonio de ese reactor nuclear.
En lo más duro de la Guerra Fría, no hay que olvidar que la Crisis de los Misiles de Cuba tuvo lugar en octubre del 62, Franco barajaba convertirse en una potencia nuclear. Por un lado, para tener algo que decir dentro de un mundo completamente polarizado por el telón de acero. Y, por otro lado, para disuadir a Marruecos, que había obtenido su independencia siete años antes, de lo que pudiera pretender sobre Ceuta y Melilla.

Cara y difícil de ocultar

«Las bombas basadas en la fisión del uranio fueron inicialmente descartadas, pues el método de difusión gaseosa mediante centrifugadoras, utilizado para el enriquecimiento del uranio a gran escala, era extremadamente complejo. El procedimiento suponía una gran dificultad técnica en la fabricación de las membranas de las centrifugadoras, un enorme consumo de energía eléctrica y, sobre todo, la dificultad para justificar y encubrir una instalación para llevar a cabo esta actividad. Un artefacto nuclear basado en el plutonio como material fisible era más viable, pues su obtención podría hacerse de forma más discreta. También, se requería una planta de reprocesado del combustible consumido en un reactor como el de Vandellós I», que en aquel entonces estaba en construcción, explica el teniente coronel Miguel Campos Robles en su artículo España y las armas nucleares en el número 31 de la revista Global Strategy Report de 2021.
Unos años después se produjo el famoso accidente de Palomares, en el que un avión americano perdió cuatro bombas nucleares. Hasta allí acudió Velarde que, entre lo poco que dejaron los soldados americanos que se apresuraron a limpiar la zona para evitar el espionaje, logró descubrir el método termonuclear.
Sin embargo, en una reunión con Franco, este reconoció a Velarde que «He considerado las ventajas que tendría para España poder disponer de un pequeño arsenal de armas nucleares, pero estoy convencido de que, antes o después, sería prácticamente imposible mantenerlo en secreto. España no podría soportar otras sanciones económicas, razón por la que he decidido posponer el desarrollo de este proyecto», explicaba el teniente coronel Miguel Campos Robles.

Informes de la CIA

Pero en ese «posponer» no se incluía paralizar el proyecto. E Islero continuó sobre la mesa. Pero claro, tanto tiempo de arriba para abajo con la ilusión de construir una bomba atómica, el proyecto fue detectado por Estados Unidos. Un informe de la CIA de 1974 explicaba que España podía disponer de armamento nuclear en siete o diez años. Los vestigios que le llevaban a esa conclusión eran «sus reservas naturales de uranio, a su ambicioso programa de fabricación de centrales nucleares, a la intención de construir una planta de reprocesado del combustible nuclear y a su negativa a firmar el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares», según Miguel Campos.
Con la llegada de la Democracia, las relaciones con Estados Unidos se fueron estrechando y también los tratados de amistad que, además de beneficiar a ambas partes en un país recién despertado a la Democracia, esta amistad disuadía a España de mantener su proyecto hasta que en octubre de 1981 el Congreso de los Diputados aprobaba la propuesta de ingreso de España en la OTAN, lo que llevaba a aceptar el principio de no proliferación nuclear. Y ahí acabó el sueño español de tener una bomba atómica propia.
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