Un momento de la celebración de la botadura de la primera fragata de la serie F-111EFE

Análisis de defensa

Identidad nacional, cultura estratégica y conciencia de defensa

Las Fuerzas Armadas españolas están plenamente integradas en nuestro modelo Constitucional y nuestros ejércitos se encuentran entre las instituciones mejor valoradas por los ciudadanos

España ha padecido por motivos históricos un déficit en su cultura de defensa respecto a las grandes democracias europeas. Esa carencia se ha traducido a su vez en un esfuerzo en Defensa mucho más limitado que el del resto de nuestros socios y aliados. El retraimiento de nuestro país en el siglo XX, que nos llevó a no participar en las dos grandes conflagraciones mundiales; el papel del Ejército como garante último del régimen de Franco tras la Guerra Civil y nuestra ausencia durante mucho tiempo de las estructuras europeas y la Alianza Atlántica provocaron una ausencia de cultura estratégica, cuando no un abierto antimilitarismo y desconfianza en determinados sectores de la sociedad española.

Afortunadamente, hoy esa anomalía histórica está en buena medida superada. España ha recuperado un papel activo en la comunidad internacional, es un socio importante de la Unión Europea y, más allá del actual debate sobre el porcentaje del PIB dedicado a Defensa, nuestro país es un socio activo de la OTAN que participa junto con nuestros aliados en numerosos ejercicios y operaciones internacionales por todo el mundo. Las Fuerzas Armadas españolas están plenamente integradas en nuestro modelo Constitucional y nuestros ejércitos se encuentran entre las instituciones mejor valoradas por los ciudadanos.

Hay, sin embargo, una paradoja respecto a la percepción pública de nuestra Defensa. Por un lado, los militares y las Fuerzas Armadas gozan de una excelente imagen y gran prestigio en la sociedad, las academias militares de oficiales captan los jóvenes más brillantes por su expediente académico y muchos ciudadanos se identifican cada vez más con los valores de las Fuerzas Armadas. Por otro, la sociedad sigue estando dividida respecto a aumentar las inversiones en nuestra defensa y son aún minoría los españoles que se muestran dispuestos a defender a España en caso necesario. En definitiva, hemos superado la fase de rechazo a lo militar, pero aún no hemos logrado un compromiso ciudadano con nuestra defensa.

La invasión de Ucrania en el año 2022, la guerra híbrida que Rusia libra en este momento en Europa, la quiebra del orden mundial construido después de la II Guerra Mundial y la proliferación de conflictos por todo el mundo nos exigen cambiar esta mentalidad colectiva y constituyen al mismo tiempo una oportunidad para terminar de consolidar una cultura de defensa en España que sea homologable al resto de nuestros principales socios y aliados y que logre una mayor implicación de los ciudadanos en su defensa. Para ello es necesario un ambicioso y decidido plan de acción para que podamos hacer frente a este desafío y aprovechar esa oportunidad. Y es vital que lo hagamos porque, como señaló Clausewitz hace ya más de un siglo, el apoyo de la sociedad es un pilar esencial para poder garantizar la defensa de un país.

Para fortalecer nuestra cultura de defensa lo principal es conocer y amar lo que se quiere defender. Según la encuesta del CIS de 2020: «Sentimiento de pertenencia a España», un 55 % de los españoles se declararon como «muy orgullosos» o «bastante orgullosos» de ser españoles, mientras que un 40 % se definieron como algo orgullosos o nada orgullosos. Esto refleja un sentimiento de identidad, pero con diferencias, especialmente en zonas con fuertes identidades regionales. Esta preeminencia de la identidad regional sobre la nacional se ponía de manifiesto en otra encuesta del Real Instituto Elcano de 2021 'Estudio sobre «Patriotismo y Sentimiento Nacional»' mostraba que el 47 % de los españoles se identifican principalmente con su región, mientras que solo un 35 % se sienten más identificados con España como nación. Este sentimiento varía ampliamente en función de la región, siendo más fuerte en comunidades autónomas como Madrid o Castilla y León y mucho más débil en Cataluña y País Vasco. En mi opinión, el primer paso para potenciar nuestra cultura de defensa es fortalecer nuestra conciencia nacional.

Espectacular imagen de un F-18 del Ejército del Aire y del Espacio en vueloEstado Mayor de la Defensa

Hay en segundo término una gran carencia en nuestro país de pensamiento estratégico. Esta falta de una cultura estratégica es la principal dificultad para desarrollar una política exterior, de seguridad y defensa a la altura de los desafíos a los que España se enfrenta en esta primera mitad del siglo XXI. El desinterés de nuestros líderes políticos por los asuntos estratégicos y por la política internacional en general hace que España no tenga bien definidos sus intereses nacionales y menos aún una estrategia para alcanzarlos. Pero esa falta de cultura estratégica se percibe también en nuestra comunidad académica, en los medios de comunicación, en el mundo empresarial y en muchos otros ámbitos.

Como consecuencia de todo ello, la conciencia de defensa en nuestros conciudadanos es aún débil. Los españoles, como la mayoría de los europeos, no parecen dispuestos a defender su país en ninguna circunstancia y están muy divididos sobre la necesidad de invertir más en defensa. Tras la guerra en Ucrania podemos percibir un cambio positivo respecto a la necesidad de invertir más recursos en nuestra defensa e incluso en la posibilidad de recibir una formación militar, pero falta aún una mayor implicación ciudadana en las cuestiones de Defensa. Por citar dos ejemplos, las universidades no siempre se ocupan lo suficiente de estas materias, y en ocasiones lo hacen con ciertos prejuicios. Por otro lado, en nuestras escuelas y colegios no se trasmiten los valores propios de la Defensa Nacional.

Nos queda aún un largo trecho que recorrer en materia de cultura de defensa. Para ello, lo primero es una política de comunicación trasparente que alerte a la sociedad sobre los riesgos y amenazas que emergen en el nuevo entorno estratégico. Hay que tratar a los españoles como ciudadanos responsables más que como menores asustadizos a los que es aconsejable ocultar la realidad. Es fundamental que los ejércitos se hagan además más visibles en nuestra sociedad, con una imagen real y no distorsionada de su naturaleza y misión y con una voz propia.

Es importante que los valores constitucionales de la Defensa Nacional lleguen a la escuela. No se trata de impartir nuevas asignaturas de formación del espíritu de defensa, pero sí que esos valores estén presentes de forma transversal en la educación de los más jóvenes. Las jornadas de puertas abiertas, las visitas a instalaciones militares, la presencia de las Fuerzas Armadas en ferias y exposiciones de todo tipo, la actividad en redes sociales, el diseño de contenidos de calidad específicos y la presencia en actos institucionales son herramientas que, entre otras muchas, deben utilizarse de manera más intensa y eficaz. Debemos ofrecer a los profesores de colegios e institutos una formación de calidad en materia de defensa y seguridad que sea adecuadamente reconocida. Es necesario además sistematizar todas esas acciones en un verdadero plan de Cultura de Defensa capaz de ganarse el corazón de los españoles y especialmente de los jóvenes.

Por otro lado, la potenciación de los reservistas no sólo contribuye a disponer de capacidades de apoyo y combate críticas en este nuevo entorno estratégico, sino que genera una imbricación de los ejércitos con la sociedad que antes se facilitaba en buena medida con la existencia del servicio militar obligatorio. Estos reservistas, provenientes de todos los ámbitos profesionales, son esenciales para la difusión de la Cultura de Defensa en el conjunto de la sociedad. Creo que en la coyuntura actual sería oportuno establecer un servicio militar voluntario que mediante incentivos económicos y sociales de todo tipo permita atraer un contingente amplio de jóvenes a nuestras Fuerzas Armadas como reservistas aptos para el combate e implicados en difundir la cultura de defensa entre sus compatriotas.

Descontaminación de vehículos en la primera fase del ejercicio «Grifo 25» de defensa NBQEjército de Tierra

En tercer lugar, sería necesario generar un ambicioso programa de investigación y desarrollo en materia de Defensa y Seguridad vinculado a nuestras universidades que permita generar una corriente intelectual que favorezca esa cultura estratégica y sea un componente esencial de nuestra propia Defensa Nacional. Hay que dar –y hay que vencer– una batalla cultural frente a un neopacifismo alentado por nuestros adversarios y enemigos externos que cobrará nuevo auge al calor de los conflictos actuales y que tendrá a nuestras Fuerzas Armadas como uno de sus objetivos. El papel de los medios de comunicación, de la sociedad civil y del conjunto de la Administración Pública será fundamental en esa batalla. La industria de defensa es también un actor relevante en la generación de una cultura de defensa nacional.

La sociedad española está dando muestras de una cada vez mayor cultura en materia de Defensa. Es más, valores propios de las Fuerzas Armadas como la disciplina, el sacrificio o el heroísmo son cada vez más apreciados por los ciudadanos. La crisis que ha afectado a otras instituciones no sólo no ha debilitado, sino que ha fortalecido la valoración social de los ejércitos. En este sentido, tenemos una buena base para que España pueda convertirse en un actor estratégico más relevante y que nuestras capacidades de defensa estén más equilibradas con el potencial social, económico, cultural y político de nuestro país.

El escenario estratégico que vivimos requiere un aumento de nuestras capacidades defensivas para hacer frente a nuevos riesgos y amenazas como el terrorismo, los ciberataques y aquellos derivados de los conflictos existentes en nuestro entorno. El futuro nos exige no sólo un aumento de nuestro esfuerzo en Defensa, sino también mayor transparencia y eficiencia en nuestro gasto y, sobre todo, una Cultura de Defensa fortalecida que nos permita disponer de los recursos necesarios y, llegado el caso, tener la determinación de utilizarlos en defensa de nuestro territorio, de nuestra soberanía, de nuestra independencia, de nuestra libertad y de nuestra seguridad, en este nuevo y convulso mundo en el que vivimos.