Términos como artillería y trincheras se mezclan en la actualidad con otros como guerra híbrida, nube de combate, drones o soldados cyborg
Análisis militar El próximo conflicto: ¿trincheras versus nuevas tecnologías?
No nos cansaremos de repetir que el término guerra continúa muy presente en nuestra sociedad como mal endémico que es y que ha acompañado, y seguirá acompañando, a la humanidad inexorable e inevitablemente; es esta una terrible realidad.
Así, la guerra provocada por la invasión rusa de Ucrania ha traído a nuestra sociedad palabras que refieren al tipo de conflicto que se está desarrollando y los medios y sistemas que están siendo empleados en esa zona del este de Europa. Nos hemos encontrado con términos de siempre como el de artillería y trincheras, otros más recientes como misiles y guerra híbrida, y otros de nuevo cuño como el uso de medios no tripulados controlados de modo remoto, terrestres y principalmente aéreos, los drones, y la aparición de la zona gris creada como resultado del amplio empleo de estos medios en el campo de batalla.
Además, a medida que esta guerra se ha ido prolongando en el tiempo, hemos asistido, entre otros muchos, principalmente a dos debates en el entorno de los aliados occidentales. Por un lado, la exigencia de los Estados Unidos a los países occidentales de incrementar el Presupuesto de Defensa hasta, no solo alcanzar el 2 % en 2030, sino hacerlo ya e ir incrementándolo hasta el 5 % en ese horizonte temporal. Parece que alcanzar hasta un 3,5 % sería ahora aceptable.
Trump
Y, por otro lado, la decisión de los países europeos de impulsar de forma definitiva la industria europea de defensa. En este contexto, detengámonos por un momento para traer a colación una expresión que ha surgido desde las Fuerzas Armadas, clientes finales o principales de esa industria de armamento: la necesidad o deseo de mantener la superioridad tecnológica como requisito general y principal en el diseño de nuevos sistemas, armas y equipos. En esta excelencia tecnológica se abren paso conceptos tales como la irrupción de la tecnología 6G, los sistemas no tripulados terrestres, marítimos, aéreos y submarinos, su empleo en enjambre o de defensa frente a estos, o las comunicaciones a través de haces de luz entre otros muchos.
Sin embargo, ante este debate no podemos evitar plantearnos la siguiente pregunta: superioridad tecnológica sí, pero ¿sobre qué o sobre quién?, ¿en qué adversarios, contendientes o ambientes se está pensando? Tal vez en ninguno y en todos, a la vez en la idea de que la superioridad tecnológica permitirá afrontar, inicialmente, cualquier enfrentamiento con una ventaja decisiva. Llegados a este punto conviene hacer una breve reflexión sobre la pretendida superioridad tecnológica y si esta supondrá una teórica ventaja inicial en cualquier conflicto futuro.
Pongamos el foco de nuevo en la actual guerra de Ucrania. Inicialmente, los combates se desarrollaron siguiendo una cierta lógica táctica militar entre contendientes «clásicos», esto es, entre un atacante y un defensor que desembocó en una aparente estabilización de frentes resultando con ello el establecimiento de mallas de trincheras y concentraciones de artillería. Y es que la teórica posición de Ucrania como el contendiente agredido, e inicialmente más débil, le obligó, primero, a una encarnizada y heroica resistencia ante los avances rusos hasta llegar a contenerlos. Sí, imágenes que nos retrotrajeron a más de un siglo atrás, a los tiempos de la Gran Guerra.
Posteriormente, los ucranianos sorprenden a los rusos, al mundo, con un profuso empleo de medios no tripulados remotamente controlados, principalmente aéreos, los drones, artefacto sencillos, baratos y letales para convertirse en el mejor y mayor productor del mundo y a la vez, en la pesadilla de las fuerzas rusas hasta lograr, además de otras razones como su posible agotamiento logístico, detenerlos y prácticamente estabilizar los frentes.
Resulta notable comprobar así mismo, como la irrupción de los drones y su empleo en el frente, primero por los ucranianos y posteriormente por los rusos, ha cambiado de manera significativa el signo de las operaciones hasta llegar a conformar la denominada zona gris, una zona a ambos lados del frente y que los contendientes han abandonado, o en la que están materialmente enterrados en refugios y bunkers ante la permanente amenaza de estos letales elementos voladores y de la observación que proporcionan.
Al hilo de lo expuesto resulta interesante realizar un muy breve repaso sobre algunas guerras más o menos recientes en aras de establecer ciertos paralelismos, con lo que acabamos de exponer y extraer algunas conclusiones.
I Guerra de Chechenia
Entre 1994 y 1996, durante la I Guerra de Chechenia, los chechenos obligaron a las poderosas fuerzas rusas a combatir en los núcleos urbanos, buscando con ello minimizar la superioridad rusa y obligarles a combatir donde esta superioridad se convertía, paradójicamente, en debilidad. Evitar el combate urbano, el combatir en las poblaciones y a menudo entre la gente, ya lo mostró crudamente Stalingrado en 1942, es una de las principales premisas del combate actual, pero ya es conocido el error de reiterar fracasos. A ello debemos unir la predilección rusa por reducir a escombros las ciudades en las que defiende su oponente a pesar, como decimos, de las ventajas que proporciona al defensor. Rusia ¿ganó? Y si fuese así, ¿a qué precio? Chechenia volvería a levantarse en 1999 y no cesó de realizar actos subversivos en suelo ruso.
Irak y Afganistán
En Irak, la presencia de fuerzas aliadas y principalmente estadounidenses entre 2003 y 2011, comenzó como una campaña clásica de invasión de ese país hasta su práctica ocupación del país y el posterior derrocamiento del presidente Sadam Huseín. Sin embargo, poco después de la invasión inicial, la violencia contra las fuerzas de la coalición y entre los diversos grupos étnicos dio lugar a una guerra asimétrica con la insurgencia iraquí que destacó por un profuso empleo de los artefactos explosivos improvisados, del inglés los famosos y temibles IED – Improvise Explosive Device- que pusieron en jaque a las fuerzas de la coalición hasta 2011 momento en el que no se puede considerar a ningún bando vencedor pero con la coalición en retirada. También en Afganistán la aparición de los IED condicionó sobre manera los movimientos terrestres de las unidades de la coalición. Una vez más, el contendiente más débil eligió donde combatir y la forma y medios para hacerlo sorprendiendo al combatiente más poderoso.
Miembros del servicio británico del vuelo B, escuadrón 27, Regimiento de la Fuerza Aérea Real, se detienen en una carretera mientras llevan a cabo una misión de combate cerca del aeródromo de Kandahar, Afganistán, el 2 de enero de 2010
No podemos dejar de recordar el esfuerzo que realizaron entonces los países occidentales, España incluida, para responder a estas amenazas y dotarse de vehículos blindados y especialmente diseñados para resistir los impactos de estos artefactos y de las minas: el MRAP, Vehículo Protegido Resistente a las Minas.
Sur de Líbano
Una situación similar enfrentaron las IDF- Israel Defence Forces- en su enfrentamiento con Hezbolá en 2006. Entonces, y tras varios incidentes con resultado de bajas y prisioneros, estas iniciaron el asalto en el sur de Líbano para atacar las posiciones del grupo terrorista y recuperar a sus prisioneros. No esperaban entonces, además de una encarnizada resistencia, la sutil preparación de las posiciones en los entornos urbanos, sí, otra vez las ciudades, y el empleo combinado de equipos caza-carros emboscando a las unidades israelitas. Una vez más, el teóricamente más débil contendiente demostró que la manifiesta superioridad militar israelí no sería óbice para mermar su determinada voluntad de combatir y detener la ofensiva.
Gaza
Y sin ánimo de ser exhaustivos, qué decir del enfrentamiento en esa misma zona de Oriente Medio de las IDF con los terroristas de Hamás que durante años han horadado el subsuelo de Gaza para crear una indescifrable y muy sólida red de túneles donde han dispuesto de toda clase de las instalaciones necesarias para mantener los combates, además de haberles permitido mover unidades y aprovisionamientos sin ser observados ni hostigados por los israelíes. Por no citar el inesperado y sangriento asalto que realizaron en suelo israelí el 7 de octubre de 2023. Ya las fuerzas estadounidenses habían sufrido el profuso empleo que el Vietcong hizo de los túneles. Los Estados Unidos abandonarían Vietnam entre 1973 y 1975.
Túneles de Hamás en Gaza
Las referencias anteriores, solo un mínimo botón de muestra en la larga historia de guerras y conflictos, nos aportan algunas conclusiones interesantes. Así, el contendiente inicialmente más débil fue siempre capaz de diseñar nuevos artefactos y acompañarlos con nuevas formas de combatir esto es, diseñar tácticas, técnicas y procedimientos para compensar la supuesta superioridad tecnológica y potencial bélico de su adversario. Además, fueron capaces de llevar a su oponente a escenarios donde su supuesta superioridad se viese minimizada, normalmente los núcleos urbanos, resultando con ello un notable incremento de la capacidad de combate del potencial débil. Como acertadamente han señalado algunos autores, éstos han resultado ser enfrentamientos tipo «David frente a Goliat» cuyo desenlace ya nos enseñó la historia.
Mientras tanto, la industria de defensa, las empresas tecnológicas y los gobiernos, guiados en este caso por sus fuerzas armadas, se mantienen envueltas en un círculo de determinación de necesidades, de búsqueda de opciones y soluciones para, finalmente, producir las armas, sistemas y medios que aparentemente responden a las necesidades que dieron origen a este ciclo productivo. Pero como señalábamos al comienzo de estas líneas la anhelada superioridad tecnológica, el disponer de las mejores capacidades, deseo expreso, y legítimo, de las fuerzas armadas, ¿será suficiente para vencer en el próximo enfrentamiento, en la próxima guerra?
¿Se ha considerado el valor de la artillería, medios avanzados de obtención de inteligencia, telecomunicaciones y ciberseguridad, misiles y sistemas antiaéreos, robustas y ágiles cadenas de producción y logísticas?
Y todo ello acompañado por desmesuradas inversiones millonarias que ya se están inyectando en la industria de defensa en una suerte de nueva carrera de armamentos en la que ya pudiéramos encontrarnos más allá del notable impacto que esto tendrá en el tejido industrial nacional a corto y medio plazo. Así, ¿se ha considerado el valor de lo clásico, la artillería, medios avanzados de obtención de inteligencia, telecomunicaciones y ciberseguridad, misiles y sistemas antiaéreos, robustas y ágiles cadenas de producción y logísticas? O por otro lado ¿se ha apostado de forma ciega por la superioridad tecnológica sin considerar las lecciones del pasado reciente y del presente?
Es claro que no conocemos el rostro del próximo conflicto, de la próxima guerra, y sí, necesitamos desarrollar la tecnología para alcanzar la excelencia técnica, pero esto debería venir de la mano de impulsar la industria productora de los medios clásicos para conseguir la necesaria resiliencia y ser con ello capaces, además y a la vez, de responder de forma rápida y ágil a la aparición de nuevos medios y técnicas de combate que, sin lugar a dudas, el teórico débil volverá a desarrollar.
Sí, aparecerán nuevos David con otra cara, con «otra suerte de drones», con «otra suerte de IED», con otras técnicas de empleo de esos medios y tratarán de combatir de nuevo en las ciudades, en entramados indescifrables de túneles o en otros entornos, y diseñarán tácticas mortales inesperadas. Y seguirán disponiendo de algo que jamás dará la tecnología occidental, ni, ojo, posee la mentalidad occidental: una firme determinación de combatir y una férrea voluntad de vencer. Ambos elementos proporcionan una ventaja de valor incalculable, y por tanto no medible, en el campo de batalla. Esto ha sido y seguirá siendo siempre así.
Ojalá no estemos cayendo en el grave error de recibir, abrazar y encomendarnos a la superioridad tecnológica como un paradigma, como la tabla de salvación y solución a todo lo que pueda venir en el futuro campo de batalla y olvidemos el viejo principio: «be ready to expect the unexpected»; estad preparados para enfrentaros a lo inesperado.