Foto de familia del Curso de Defensa Nacional del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN), encabezado por el General Luis C. Torcal
Defensa española
Canarias y la frontera sur: una lección histórica que sigue vigente
Hay lugares donde la geografía deja de ser una abstracción académica y se convierte en evidencia.
Canarias es uno de ellos. Durante estos días en el archipiélago, en el marco de las sesiones del Curso de Defensa Nacional del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN), del que tengo el honor de ser alumno, resulta imposible no pensar en una constante que atraviesa cinco siglos de historia española: nuestra relación con África nunca ha sido accesoria.
España no ha tenido «frontera sur». Ha tenido, y tiene, una continuidad estratégica hacia el sur.
Una frontera que nunca desapareció
Tras la toma de Granada, la Monarquía Hispánica no dio por concluido el problema geopolítico que representaba el otro lado del Estrecho. Al contrario, lo trasladó. La ocupación de Melilla en 1497 y de varios presidios norteafricanos fue, ante todo, una decisión de seguridad.
El Mediterráneo occidental era un espacio de conflicto permanente. Bajo Felipe II, la conexión entre política interior y exterior se entendió con claridad: la cohesión interna era condición imprescindible para sostener una estrategia frente al Imperio Otomano y el corsarismo norteafricano. La rebelión de las Alpujarras y la posterior expulsión de los moriscos no pueden comprenderse al margen de ese contexto de amenaza sistémica.
Curso de Defensa Nacional del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN)
La lógica estratégica que los sustentaba era la siguiente: asegurar la retaguardia para poder sostener el frente.
Del imperio al equilibrio
Con el paso de los siglos, España abandonó la expansión ofensiva y consolidó posiciones. Ceuta y Melilla se convirtieron en anclas permanentes. Canarias, por su parte, se transformó en plataforma atlántica hacia América primero y hacia África después.
Tras la pérdida del imperio hispano-americano, África reapareció como espacio de interés estratégico. La Guerra de África en el siglo XIX, el establecimiento en el Sáhara Occidental y el Protectorado en Marruecos respondieron, más allá del simbolismo colonial, a una lógica evidente: evitar que otras potencias controlaran la costa frente a nuestras islas y el acceso al Estrecho.
El Protectorado en el Rif, con su coste humano y político, fue una prueba de que la frontera sur no es un concepto teórico. Es una realidad que, cuando se desestabiliza, afecta directamente a España.
Canarias hoy: más que un territorio, una posición
Cinco siglos después, la ecuación geográfica permanece. El Sahel vive una profunda fragilidad institucional. Redes criminales operan en corredores cada vez menos controlados. La competencia geopolítica en África occidental se intensifica.
En este escenario, Canarias se sitúa en un punto neurálgico: ruta atlántica, control marítimo, proyección estratégica. Lo que sucede a miles de kilómetros al sur termina teniendo consecuencias concretas en nuestras costas.
Inmigración irregular y desestabilización
Es necesario abordar un asunto que a menudo se simplifica en exceso. La inmigración ilegal se convierte en instrumento de presión cuando concurren determinados factores.
Las mafias transnacionales que organizan las rutas migratorias operan con lógica criminal. Aprovechan la ausencia de autoridad efectiva en amplias zonas del Sahel y generan flujos que desbordan capacidades locales. En algunos contextos europeos recientes hemos visto cómo la activación o relajación de estos flujos puede utilizarse como herramienta de presión política.
Eso es lo que en el ámbito estratégico se denomina amenaza híbrida: no una guerra convencional, sino el uso combinado de instrumentos demográficos, económicos o informativos para erosionar estabilidad.
El problema es la instrumentalización del fenómeno migratorio por redes criminales o por actores que ven en la presión migratoria una palanca de desestabilización, por lo que dejan hacer a las mafias.
Canarias, por su condición insular, absorbe ese impacto de forma inmediata.
Una responsabilidad que viene de lejos
La historia española muestra una constante sencilla: cuando el sur se desordena, el efecto no se queda al otro lado del mar.
Desde los corsarios del siglo XVI hasta las dinámicas actuales del Sahel, el Estrecho y el archipiélago canario han sido piezas esenciales de nuestra seguridad.
África no es una cuestión lejana ni coyuntural. Forma parte de nuestro entorno estratégico natural.
Gestionarlo con serenidad, firmeza y cooperación no es una consigna; es una exigencia que se repite desde hace siglos.
Canarias lo recuerda cada día.
Ricardo Chamorro
Diputado Nacional de VOX