La Estrategia de Tecnología e Innovación para la Defensa (ETID 2026) es el instrumento que orienta toda la política de I+D+i del Ministerio de Defensa
Industria de defensa España refuerza su autonomía estratégica con la nueva hoja de ruta en I+D militar
El Ministerio de Defensa ha definido sus prioridades tecnológicas con la nueva Estrategia de Tecnología e Innovación para la Defensa (ETID 2026), un documento que orientará la inversión en I+D+i en los próximos años. La iniciativa busca reforzar la superioridad tecnológica de las Fuerzas Armadas, impulsar la industria nacional y garantizar la autonomía estratégica en un entorno de amenazas cada vez más complejo.
La secretaria de Estado de Defensa, Amparo Valcarce, recibió la ETID 2026 de manos del director general de Estrategia e Innovación de la Industria de Defensa, Miguel Ivorra, en un encuentro celebrado en la sede del Ministerio.
Este documento se convierte en el instrumento rector que guiará todas las políticas de investigación, desarrollo e innovación del Departamento en los próximos años. Su objetivo es alinear los esfuerzos tecnológicos con las necesidades operativas reales de las Fuerzas Armadas, asegurando que la inversión se traduzca en capacidades concretas. El documento parte de la base de que, en los últimos años, el contexto estratégico internacional ha experimentado una evolución sustancial, «caracterizada por la creciente multipolaridad, el incremento de las tensiones geopolíticas y la emergencia de nuevas amenazas híbridas y tecnológicas. Esta transformación del entorno ha tenido un impacto directo en la concepción y desarrollo de las capacidades militares, exigiendo una revisión profunda de los enfoques tradicionales y una adaptación a los requerimientos de seguridad y defensa del siglo XXI», afirma la Estrategia.
Líneas de I+D+i y objetivos tecnológicos
Valcarce subraya que la estrategia responde a un entorno estratégico marcado por dos factores clave: la aceleración tecnológica y la creciente complejidad de las amenazas. En este contexto, la ETID 2026 pone el foco en tres elementos esenciales para el éxito de las operaciones militares modernas:
• Superioridad tecnológica.
• Integración multidominio.
• Resiliencia operativa.
La integración multidominio es, sin duda, uno de los elementos claves e implica la capacidad de operar de forma coordinada y simultánea en los entornos terrestre, marítimo, aéreo, ciberespacial y electromagnético, espacial y cognitivo. Esto significa que la compartimentación clásica entre dominios ha quedado obsoleta, por lo que es fundamental establecer una arquitectura de mando, control y decisión que permita la integración en tiempo real de sensores, datos, decisiones y efectos.
Estos conceptos reflejan la evolución de los conflictos actuales, donde la capacidad de operar de forma coordinada en tierra, mar, aire, espacio y ciberespacio resulta decisiva. Uno de los aspectos más relevantes de la nueva estrategia es su enfoque práctico. Según explicó Ivorra, el objetivo es garantizar que la innovación no se quede en el ámbito teórico, sino que se traduzca en capacidades reales desplegables.
La secretaria de Estado de Defensa, Amparo Valcarce, recibió la nueva Estrategia de Tecnología e Innovación para la Defensa (ETID 2026),
En este sentido, la Estrategia pone de relieve que en el ámbito europeo se están impulsando proyectos colaborativos para desarrollar plataformas y sistemas de armas de nueva generación en todos los dominios. Entre ellos destacan los sistemas de sistemas aéreos, que integran aeronaves tripuladas y no tripuladas en arquitecturas de combate colaborativo; los nuevos diseños de plataformas terrestres modulares, con exigentes requisitos de protección, integración de sistemas y movilidad, así como plataformas navales de nueva generación orientadas a la guerra en red, la interoperabilidad y la integración de sistemas no tripulados para operaciones en entornos litorales y oceánicos. Adicionalmente, se abordan sistemas europeos de comunicaciones seguras, esenciales para garantizar la conectividad resiliente en escenarios multidominio, y capacidades de defensa frente a amenazas hipersónicas, que incluyen sensores avanzados, interceptores y arquitecturas de alerta temprana.
Guía para la industria nacional
La ETID 2026 busca sincronizar la política tecnológica con la industrial, conectando todas las fases del proceso: investigación, desarrollo, producción, despliegue y sostenimiento. Este enfoque integral pretende evitar brechas entre el desarrollo tecnológico y su aplicación operativa, un problema recurrente en programas de defensa. La estrategia establece un marco para dirigir las inversiones hacia aquellas áreas con mayor impacto operativo. Esto permitirá optimizar el uso de recursos y evitar la dispersión de esfuerzos.
Análisis de las dimensiones que afectan a la Política de I+D+i
Además, la ETID 2026 servirá como guía para la industria nacional, que podrá alinear sus desarrollos con las necesidades del Ministerio de Defensa. De este modo, se refuerza la Base Industrial y Tecnológica de la Defensa (BITD), un elemento clave para la autonomía estratégica.
El modelo de innovación definido por la estrategia se apoya en tres ejes fundamentales:
1. Priorización tecnológica
Se concentrarán los recursos en áreas críticas para maximizar el impacto operativo.
2. Cooperación
Se fomentará la colaboración tanto a nivel nacional como internacional, entendida como un multiplicador de capacidades.
3. Mejora continua
Se optimizarán los procesos de gestión de la I+D+i para ganar eficiencia, agilidad y transparencia. Este enfoque busca modernizar no solo las capacidades tecnológicas, sino también la forma en que se desarrollan y gestionan.
La ETID 2026 también apuesta por aprovechar las sinergias entre el ámbito civil y militar mediante el desarrollo de tecnologías duales. Este enfoque permite reducir costes, acelerar la innovación y transferir avances entre sectores. La colaboración con empresas, centros tecnológicos y universidades será clave para construir un ecosistema innovador más competitivo y resiliente.
Soberanía tecnológica
No menos importante es la soberanía tecnológica, que se basa en la capacidad de controlar la cadena de valor y el ciclo de vida de las capacidades críticas. La estrategia establece que en términos tecnológicos, implica gestionar dependencias que pueden ser muy específicas, a nivel de componentes o materias primas, o de mayor dimensión, afectando a subsistemas o sistemas completos. En este sentido, subraya que los retos para ejercer este control son estructurales: «desde disponer de infraestructuras de fabricación avanzada hasta contar con la capacidad de sostener inversiones masivas en sistemas de alta complejidad. Además, esta soberanía tecnológica es dinámica, pues la falta de apoyo en la actualidad al desarrollo de tecnologías emergentes puede derivar en nuevas dependencias estratégicas en el futuro», alerta.