La estrategia de guerra híbrida que China utiliza en Taiwán supone una alerta directa para la Unión Europea
Informe del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) La guerra híbrida de China en Taiwán que ya amenaza al corazón de la UE
El Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) ha publicado su informe Panorama Estratégico 2026, en el que destacados expertos analizan cómo España y Europa afrontan un mundo multipolar en plena transición, desde las perspectivas de la seguridad, economía, tecnología y democracia. Al frente del Instituto se encuentra el General de Brigada Víctor Bados Nieto.
El informe dedica un capítulo elaborado por Inés Arco Escriche en el que aborda las implicaciones para la Unión Europea de la estrategia híbrida de China en Taiwán. La especialista advierte de que la intensificación de esa estrategia constituye una señal de alerta directa para la Unión Europea, al anticipar formas de coerción que pueden proyectarse sobre las democracias europeas. El texto sostiene que las tácticas desplegadas por Pekín —que combinan presión militar, desinformación, ciberataques, coerción económica y guerra legal— no se limitan al estrecho de Taiwán, sino que representan un modelo exportable con implicaciones crecientes para la seguridad y la resiliencia democrática en Europa.
Simulacro con fuego real en Taiwan ante la creciente tensión con China
La autora subraya que, aunque Bruselas ha centrado su atención en las amenazas procedentes de Rusia, el caso taiwanés demuestra que China está desarrollando capacidades híbridas cada vez más sofisticadas que pueden impactar también en el entorno europeo. Estas amenazas, según el análisis, afectan directamente al «corazón del proyecto democrático», al dirigirse contra la cohesión social, la confianza institucional y los sistemas de información.
El artículo recoge advertencias de instituciones europeas como el Servicio Europeo de Acción Exterior o la Agencia de la Unión Europea para la Ciberseguridad, que ya identifican operaciones de influencia y desinformación vinculadas a actores chinos. Aunque su presencia en Europa es aún menor que la rusa, el texto destaca que existen precedentes como la operación Paperwall, mediante la cual se desplegó una red global de medios falsos para difundir narrativas favorables a Pekín.
En este contexto, Taiwán se presenta como un espacio de experimentación donde China prueba y perfecciona herramientas que podrían replicarse en otros escenarios. El análisis plantea que observar lo que ocurre en la isla permite anticipar la evolución de estas amenazas y preparar respuestas más eficaces en Europa. La autora insiste en que no se trata solo de un conflicto regional, sino de un laboratorio estratégico con implicaciones globales.
El documento explica que la estrategia híbrida china persigue modificar el statu quo sin provocar un conflicto armado abierto. Para ello, combina acciones en múltiples dominios que operan por debajo del umbral de la guerra, «difuminando los límites entre la guerra y la paz». Esta lógica permite avanzar objetivos políticos de forma gradual, evitando desencadenar respuestas contundentes por parte de adversarios.
La artillería de Taiwán durante el simulacro de defensa
En el caso de Taiwán, estas tácticas se han intensificado de forma notable. El texto señala que en 2025 se registraron más de 2,3 millones de casos de desinformación en la isla, más de 2,63 millones de ciberataques diarios contra infraestructuras críticas y más de 4.000 incursiones aéreas en su zona de defensa. Estas cifras reflejan una presión constante que combina dimensiones militares y no militares con un claro componente coercitivo.
La autora sostiene que este enfoque se apoya en una base doctrinal específica. Aunque el concepto de conflicto híbrido fue incorporado tardíamente al pensamiento estratégico chino, existen tradiciones propias que lo sustentan. Por un lado, la influencia de Sunzi, que promueve la obtención de ventajas sin recurrir al combate directo. Por otro, la tradición maoísta de la «guerra popular», que integra herramientas políticas, sociales y propagandísticas.
La doctrina de las «tres guerras»
Estas ideas se formalizaron en la doctrina de las «tres guerras», que articula la guerra psicológica, mediática y legal. Según el texto, esta doctrina busca moldear percepciones, generar división interna y utilizar el derecho como instrumento estratégico. En los últimos años, este enfoque se ha ampliado con el concepto de «operaciones de dominio cognitivo», centrado en influir en el comportamiento de las sociedades mediante información y tecnología.
El análisis destaca que los avances en inteligencia artificial, redes sociales y big data han multiplicado la capacidad de estas operaciones, permitiendo campañas de desinformación más precisas y eficaces. Asimismo, el dominio cibernético se consolida como un pilar fundamental, con actividades que incluyen espionaje, sabotaje y ataques a infraestructuras críticas.
El texto identifica varios factores que explican la preferencia china por estas tácticas. Entre ellos, la rivalidad con Estados Unidos, la necesidad de evitar una escalada militar directa, la capacidad de coordinación del sistema político chino y el impacto de las nuevas tecnologías. Todo ello permite a Pekín avanzar sus intereses mediante acciones graduales y difíciles de atribuir.
En su comparación con Rusia, el documento señala que ambos países comparten una visión de la guerra contemporánea como un fenómeno híbrido, donde la información juega un papel central. Sin embargo, también identifica diferencias. Mientras Moscú prioriza la desestabilización y el caos, China busca controlar narrativas favorables y actúa de forma más gradual y calculada.
El caso de Taiwán ilustra la aplicación práctica de esta estrategia. En el ámbito militar, China ha incrementado las maniobras coercitivas, incluyendo ejercicios de cerco, incursiones aéreas y simulaciones de bloqueo. La visita de Nancy Pelosi en 2022 marcó un punto de inflexión, con maniobras que incluyeron el lanzamiento de misiles y la ruptura de líneas de contención previamente respetadas.
Buques de China navegan entre Japón y Taiwán
Estas operaciones se han ido normalizando, con ejercicios cada vez más complejos que integran fuerzas militares y paramilitares. Las maniobras de diciembre de 2025 supusieron un nuevo salto cualitativo, al simular el control de los principales puertos de la isla y demostrar la capacidad de aislarla completamente.
Sin embargo, la estrategia china no se limita al ámbito militar. En el plano legal, Pekín ha desarrollado instrumentos como la Ley Antisecesión de 2005, que establece las condiciones para el uso de la fuerza y actúa como elemento disuasorio. En el ámbito económico, combina incentivos para atraer a sectores clave de la sociedad taiwanesa con medidas coercitivas selectivas.
La efectiva respuesta taiwanesa
La desinformación constituye uno de los ejes centrales de esta estrategia. El texto señala que las campañas se han intensificado especialmente en periodos electorales, con el objetivo de influir en la opinión pública. Estas operaciones se centran en generar desconfianza hacia Estados Unidos, debilitar la credibilidad de las instituciones y aumentar la polarización interna.
A pesar de la intensidad de estas acciones, el análisis concluye que sus resultados son limitados. China ha logrado aumentar el aislamiento internacional de Taiwán y modificar parcialmente el equilibrio en el estrecho, pero no ha conseguido cambiar de forma significativa las preferencias de la población, que mayoritariamente opta por mantener el statu quo.
Imágenes de las maniobras militares de China alrededor de Taiwán
Este resultado se explica en gran medida por la respuesta taiwanesa. El texto destaca que la isla ha desarrollado un enfoque integral que combina medidas militares, legales y sociales. Entre ellas, el aumento del gasto en defensa, la adopción de legislación contra la desinformación y la promoción de la alfabetización mediática.
Además, la sociedad civil desempeña un papel fundamental, con organizaciones dedicadas a la verificación de datos y una creciente implicación en la preparación ante posibles crisis. Este enfoque de «toda la sociedad» se presenta como un elemento clave de resiliencia frente a las amenazas híbridas.
En relación con Europa, el artículo señala que la Unión Europea ha avanzado en la creación de mecanismos para hacer frente a estas amenazas, como el Hybrid Toolbox, la directiva NIS2 o la Ley de Servicios Digitales. No obstante, advierte de que estos esfuerzos deben reforzarse ante el crecimiento de las capacidades chinas.
El caso taiwanés ofrece, según la autora, importantes lecciones para Europa. Entre ellas, la necesidad de mejorar la coordinación institucional, reforzar la alfabetización mediática y fomentar la cooperación internacional frente a la desinformación. Asimismo, subraya la importancia de no aceptar estas amenazas como una «nueva normalidad».