El combate multidominio se encuentra en el eje de la Visión del Ejército del Aire y del Espacio
Visión del Ejército del Aire y del Espacio El Ejército del Aire y del Espacio diseña una estrategia para el combate multidominio y la nube de combate
La visión del Ejército del Aire y del Espacio presentada por el Jefe del Estado Mayor del Ejército del Aire y del Espacio (JEMA), general del Aire Francisco Braco Carbó, establece una serie de principios operativos para el combate multidominio que buscan adaptar la Fuerza Aeroespacial a un entorno estratégico marcado por amenazas cada vez más sofisticadas, rápidas y simultáneas. La nueva estrategia diseñada por el Ejército del Aire y del Espacio parte de una premisa clara: los conflictos recientes han transformado profundamente la forma de hacer la guerra y obligan a evolucionar tanto las capacidades como la doctrina militar para mantener una ventaja operativa frente a cualquier adversario.
En este contexto, se afirma que «el escenario estratégico, junto con las lecciones identificadas de los conflictos recientes, impone la necesidad de disponer de capacidades creíbles de disuasión y respuesta frente a amenazas emergentes». Entre esas amenazas destacan los sistemas aéreos no tripulados, los misiles balísticos e hipersónicos, las amenazas espaciales y el armamento de precisión de largo alcance, todos ellos capaces de alterar el equilibrio estratégico en muy poco tiempo.
El jefe de Estado Mayor del Ejército del Aire y del Espacio (JEMA), general del aire Francisco Braco Carbó, presenta la Visión del Ejército del Aire
Para responder a estos desafíos, el documento considera esencial alcanzar la superioridad en el espectro electromagnético y reforzar la integración de sensores avanzados. Estas capacidades permiten detectar, identificar y seguir amenazas con mayor rapidez, proporcionando una ventaja decisiva en el proceso de toma de decisiones. Sin embargo, la superioridad tecnológica no es suficiente por sí sola. También resulta imprescindible controlar el entorno de la información y garantizar que los sistemas de Mando y Control permanezcan protegidos frente a ataques o interferencias.
En este sentido, el texto subraya literalmente que es necesario «proteger eficazmente los sistemas de Mando y Control y salvaguardar la integridad del ciclo de decisión frente a interferencias, manipulaciones o degradaciones del espectro electromagnético y de la dimensión cognitiva». La dimensión cognitiva adquiere así una importancia creciente, ya que la desinformación, la manipulación de la percepción y las operaciones de influencia forman parte de los conflictos modernos.
La creciente digitalización del campo de batalla convierte las comunicaciones seguras y resilientes en un requisito estructural. El documento señala que «garantizar comunicaciones suficientes y resilientes, conducir operaciones electromagnéticas eficaces —incluida la guerra electrónica— e integrar plenamente la comunicación estratégica en la conducción de las operaciones deja de ser una opción para convertirse en una exigencia estructural». Esto supone integrar en una misma estrategia la guerra electrónica, las comunicaciones militares y la comunicación estratégica como elementos inseparables del combate multidominio.
Uno de los conceptos más relevantes es el desarrollo de la denominada «nube de combate», una arquitectura digital que conecta sensores, centros de mando y sistemas de armas en una red distribuida capaz de compartir información en tiempo real. Gracias a esta integración, el ciclo de decisión puede acelerarse significativamente y aumentar la eficacia de las operaciones conjuntas. Según el documento, esta «integración progresiva de sensores, centros de Mando y Control y efectores en una arquitectura interconectada y distribuida configura lo que se conoce como ‘nube de combate’, un entorno operativo que multiplica la eficacia en operaciones multidominio».
La capa baja y la gran altitud
El espacio ocupa igualmente un lugar central dentro de la nueva estrategia. La visión reconoce que este ámbito ha dejado de ser un simple facilitador de capacidades para convertirse en un verdadero dominio de combate con influencia directa sobre todas las operaciones militares. Por ello, se considera imprescindible desarrollar capacidades que aseguren el uso de los recursos espaciales propios y, al mismo tiempo, permitan limitar o degradar las capacidades espaciales del adversario cuando sea necesario.
Paralelamente, el poder aeroespacial amplía su campo de actuación hacia dos ámbitos que hasta hace pocos años apenas tenían protagonismo: la capa baja y la gran altitud. Ambos extremos del espectro operativo adquieren ahora una importancia estratégica para la defensa nacional.
Lanzamiento del SpainSat NG I
En la capa baja, la eclosión de drones, municiones merodeadoras y plataformas autónomas obliga a desarrollar nuevas capacidades de vigilancia e interceptación. El documento destaca que «el crecimiento exponencial de drones, municiones merodeadoras y plataformas autónomas obliga a las Fuerzas Armadas a vigilar, identificar y actuar en altitudes donde antes la amenaza era limitada». Para responder a este fenómeno será necesario incorporar nuevos sensores, sistemas de armas específicos, procedimientos adaptados y una estrecha coordinación con otras instituciones del Estado.
En el extremo opuesto aparecen las Operaciones Aéreas de Gran Altitud (HAO), cuyo desarrollo se acelera de forma constante. Aunque siguen perteneciendo al dominio aéreo, requieren plataformas, tecnologías y procedimientos propios que permitan operar durante largos periodos a cotas muy elevadas. Estas operaciones ofrecen nuevas posibilidades de vigilancia, persistencia y cobertura sobre amplias zonas de operaciones, incrementando notablemente las capacidades de inteligencia y reconocimiento.
Adaptarse y anticiparse ha dejado de ser una opción para convertirse en una necesidad fundamental para garantizar la seguridad y defensa de nuestra sociedadJefe de Estado Mayor del Ejército del Aire y del Espacio (JEMA)
La evolución tecnológica obliga además a conectar de forma coherente las operaciones realizadas en baja cota, media altitud, gran altitud y el entorno espacial, integrando todos esos niveles en una misma arquitectura operacional para garantizar una actuación coordinada.
Otro de los pilares del documento es el reconocimiento del ciberespacio como un dominio operativo permanente y decisivo. El texto señala que en este entorno se determina buena parte de la eficacia de las operaciones militares modernas, ya que cualquier ataque contra redes, sistemas o infraestructuras digitales puede afectar directamente a la capacidad de combate.
Simulación del funcionamiento de un sistema de combate interconectado a la nube de combate
Por ello, la prioridad consiste en preservar la libertad de acción propia mientras se limita la capacidad de actuación del adversario, siempre dentro del marco legal vigente. Además, el documento introduce una idea novedosa al afirmar que la ciberdefensa deja de ser responsabilidad exclusiva de especialistas. En palabras del texto, «todos los aviadores desempeñan un papel activo en la defensa de la Fuerza, ya que cada sistema, red y proceso digital contribuye de manera directa a la eficacia y seguridad de las operaciones».
Finalmente, la visión concluye que la plena integración multidominio y el desarrollo de la nube de combate constituyen elementos claves para garantizar el éxito de las futuras operaciones. El objetivo último es que la transformación tecnológica fortalezca la capacidad del Ejército del Aire y del Espacio para anticiparse a las amenazas y mantener la iniciativa estratégica. Como resume el documento, «evolucionar hacia este horizonte operativo, sustentado en la plena integración multidominio y en la consolidación de la nube de combate como arquitectura vertebradora de las operaciones, constituye una condición imprescindible», asegurando que la modernización permita «decidir con libertad y anticipación en el futuro».